Opinión

El eterno contorno

“Cuaderno de bitácora:

Han pasado ya dos semanas desde que avistamos tierra. Los hombres empezaban a echar de menos el mar. Era una sed que no podían saciar. Esta noche lo han celebrado por todo lo alto. Los gritos de júbilo se escuchan por toda la ciudad, y llegan hasta la playa. A partir de mañana, esa alegría volverá a ser una pausa discordante al vaivén de las olas. Pero esta noche pueden permitirse disfrutar; por una vez pueden olvidarse de la niebla. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo.

Aquí sentado, con la arena pegándose en mi piel, siento el cosquilleo de la espuma del mar cuando acaricia mis pies. Miro al horizonte; y en el infinito, encuentro una sombra oculta entre la bruma. No siempre ha estado ahí, pero ha decidido quedarse. Apareció poco después de que partiésemos. A veces, su contorno se desdibuja. Unas, es la imagen de un viejo hogar; otras, la hermosa figura de una mujer. Sé que no soy el único que se ha dado cuenta. He visto a algunos hombres perder la mirada en un punto donde no hay nada. Sus pensamientos se dispersan, abandonan sus cuerpos y viajan más allá del mar.

Es una sombra que me persigue cada día. Un recuerdo eterno que no se marcha. Me asalta mientras duermo y me desvelo. Pero no son pesadillas. Las pesadillas dan miedo; aterran por igual al niño y al hombre. Lo que siento en el pecho; me oprime y desgasta mi ánimo. Me da miedo, y me envalentona. Me llena de esperanza, pero también se alimenta de ella. Estoy vacío y lleno al mismo tiempo. Actúo por instinto, sin pensar, porque lo único en lo que pienso es en aquello que no puedo alcanzar; aquello que está más allá del mar. Y entonces es cuando me pregunto: ¿cuánto se quedará? ¿cuándo podrá ese contorno dibujar lo que busca mi corazón?”

La nostalgia es el sentimiento de pena por la lejanía, ausencia, privación o pérdida de alguien o algo querido. Esta pequeña historia se me ocurrió mientras tenía en mente otro artículo muy distinto; pero entendí que, antes de hablar de amor, debía entender otros sentimientos. El marinero se presentó como la más clara e indistinta forma de expresión de la melancolía. Pocos son los viajeros que no miran atrás una vez su viaje ha comenzado; y, sin embargo, es la nostalgia lo que los hace continuar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Proverbios y Cantares, Antonio Machado

Quizá nunca hayáis mirado al mar en busca de una respuesta. Yo sí lo he hecho, y no recibí ninguna. Hay pocas cosas en el mundo puramente salvajes, y los océanos son una de ellas. Fuerzas incontrolables; tan vastas que ni la lejana mirada del hombre puede abarcar. El mar es el reflejo de ese cielo que tanto ansiamos conquistar, pero olvidamos lo que desconocemos del primero. Si buscas respuestas, jamás las encontrarás allí (salvo si eres biólogo marino, supongo). El océano te envolverá y te hará sentir minúsculo, pero no se tragará tu corazón.

Nuestro marinero es consciente de esa realidad. Sabe que lo que busca no está en el mar, sino mucho más allá. En otro continente, otro país y otra ciudad. La nostalgia lo envuelve, como a todos los demás. Lo oprime hasta el punto de no hacerle disfrutar. El fantasma de lo que ansía recuperar le persigue a través de niebla y mar. Lo sigue allá donde va. Da igual lo lejos que quiera escapar, lo mucho que huya o pretenda olvidar. A veces queremos olvidar algo porque nos duele dejarlo atrás; y es entonces cuando lo que dejamos atrás es nuestra humanidad.

Precisamente es esa humanidad la que a mí tanto me fascina. Quizá sea que me estoy haciendo mayor, o porque soy uno más entre un millón; pero siento que nuestra nueva Humanidad quiere dejar atrás su humanidad. Intentamos racionalizar hasta lo que por su significado es de todo menos racional; aquello que nos hace al mismo tiempo animales y hombres. Buscamos abandonar a Dionisos, como diría Nietzsche, solo por contentar a Apolo; porque olvidamos que a veces la razón de algo radica en que es irracional. Echar de menos a algo o a alguien nos pone tristes. Cada cosa que hacemos esta marcada por lo que no tenemos. Vemos la sombra persiguiéndonos siempre; el eterno contorno que baila en la niebla. Intentamos, desesperados, dejar de mirar, y entonces nos damos cuenta de que no es la sombra la que nos persigue; sino que somos nosotros los vamos tras ella. Corremos a cazarla, como Peter Pan, porque es parte de lo que somos. Estar tristes no es un pecado, ni tampoco echar de menos algo o a alguien. Muchas veces, la cuestión no está en superarlo, sino en no olvidarlo.

El marinero solo es metáfora de un corazón con voluntad-de-ser-más. No quiere olvidar lo que está a más de 6000 kilómetros. Cuando te invade la nostalgia por algo, tiempo y espacio son variables tan finitas como lo es el propio hombre. Tú no eres quien decide cuánto o cómo debes sentirlo. Si lo que buscas es olvidarlo o racionalizarlo, el mar acabará engulléndote como hace con los barcos que no pueden flotar más. Quizá la solución esté en abrazar la sin-razón y la humanidad. A lo mejor la solución sea, por una vez en la Historia de la Humanidad, abrazar lo que nos hace humanos.

13/10/2019


La música es otra de las miles de formas de sentir nostalgia. No siempre necesitamos una silueta acechante, a veces solo el acorde concreto de una determinada canción. Algo en el repertorio tengo que podría hacer aún más nostálgico a nuestro marinero.

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