Opinión

¿Y esa falda tan corta?

Los micromachismos están muy presentes en nuestra sociedad. Son sutiles acciones que atentan contra la autonomía femenina y recalcan el poder de dominio masculino en lo cotidiano. Los micromachismos se pueden dar en cualquier entorno y son actitudes con tal grado de normalización que muchas veces no los identificamos.

A lo largo del tiempo han sido muy recurrentes estas expresiones cuyas connotaciones, usualmente burlescas, hemos interiorizado. En este punto, me he tomado la libertad de clasificar algunos micromachismos y está en vuestra mano interpretar y reflexionar.

Con “c” de campeona y cocinera

¿Guardáis vuestros juguetes de la infancia? Siempre he tenido la sensación de que nuestros viejos juguetes nos marcaron. En cierto modo fueron importantes para nuestro aprendizaje. Fue, con ellos, cuando comenzamos a desarrollar gustos por la música, el deporte, las ciencias, los animales… ¿Asociáis estos campos con un género determinado? Yo tampoco. Pero, aun así, encontramos a niños jugando con coches y niñas en una cocina en la mayoría de páginas de los catálogos de juguetes. Imponiendo así unos determinados roles de género. Dejemos de decidir por ellos.

Una vez pasada esa edad, en la que elegimos si ser astronautas,escritores o cocineros, disfrutamos con otras actividades. Nos reunimos con nuestros amigos y vamos a bailar de vez en cuando a algún local. Pero, como era de esperar, surgen sorpresas. Las mujeres pagamos menos por la entrada de algunas discotecas que nuestros amigos. Sin razón alguna ella paga la mitad que él. Que no os engañen. No es ningún favor ni ventaja. Se trata de una práctica sexista que cosifica a la mujer y pretende atraer al público femenino a su local. En la actualidad todo tiene algún precio, por ello “si algo es gratis el producto eres tú”.

Dentro del ámbito laboral existen profesiones que atribuimos sistemáticamente a las mujeres, como si se tratara de una ofensa para un hombre realizarlas. Tenéis suerte si nunca “te han dejado de niñera” o de “señora de la limpieza”. Pero, incluso dentro del mismo entorno profesional existen diferencias. No es misterio que nombramos a los hombres por sus apellidos mientras que a las mujeres por su nombre de pila. Y es así que con motivo de las próximas elecciones oiremos hablar continuamente de Susana y Soraya y de sus compañeros Sánchez, Iglesias, Rivera y Casado.

Estos ejemplos nos demuestran que los micromachismos están muy presentes y demasiado normalizados.

A quien corresponda:

No me conoces y yo a ti tampoco. No soy guapa ni bonita para ti. No soy un cielo si me ves en la calle. No me llames nena pero tampoco utilices “nenaza” para insultar a tus amigos. Sombra aquí, sombra allá… me maquillo ¿y?, no por ello soy más femenina, no me digas cómo soy y menos como debería ser. Me encanta la moda, la ropa y verme bien. ¿Te cuento un secreto? No es para provocarte y, por cierto, no me mires así, porque te repito, no me conoces.

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