Albert Rivera, líder de la performance

Rivera sosteniendo a Lucas, uno de los protagonistas de su dadaísta campaña política

El ahora expresidente de Ciudadanos tenía todo a su favor para ser quien guiase España hacia la concordia. Nacido en Barcelona, al igual que su partido político, era fiel conocedor del conflicto independentista y, abanderado de una dudosa ideología centrista, pudo, en las elecciones generales de abril hacerse con una vicepresidencia que acabaría con la tradicional bipolarización de la política española entre derecha e izquierda.

Ante la favorable situación para Ciudadanos y la división del bloque derechista, incrementaron sus ansias de poder, siempre, según él, “en favor de España”, y decidió competir con Casado y Abascal por el liderazgo conservador. La reina del ajedrez, con amplia libertad de movimientos y trascendental en el juego; se convirtió así, en un mero caballo de carreras que, tras una campaña electoral convertida en una performance que rozaba lo ridículo y lo inverosímil, buscando el marketing más banal y distrayendo así de cualquier propuesta con un mínimo de seriedad, se dirigía aceleradamente hacia el inevitable fracaso reflejado en las últimas elecciones con la pérdida de 47 escaños, menguando así las posibilidades de la promesa de la política española hasta hacer de la dimisión su única vía de escape.

Rivera en el debate electoral previo a los pasados comicios

Rivera, hasta hoy único presidente de Ciudadanos, orgulloso de “haber servido a España”, ha pasado de ocupar, incluso antes de su dimisión, portadas políticas de los medios más trascendentales, a hacerlo de la aciaga prensa rosa. Ha liderado a su partido a una situación incierta y lo ha envuelto en un clima de desconfianza al haber reducido la política inconscientemente a un simple juego de estrategia donde él, Ciudadanos y España han sido los más perjudicados.

Aún habiendo pasado casi un mes desde los últimos comicios, se mantiene esta incertidumbre, no solo en el seno de Ciudadanos, sino en la totalidad del panorama político español. Albert, uno de los mayores responsables de este bloqueo, consciente de sus errores y humilde al reconocerlos, intenta olvidar su malogrado final en la política arropado por su círculo sentimental; sentimentalismo que ahora, ajeno al poder, quizá sepa manejar de manera más efectiva.

Rivera con su actual pareja, la cantante Malú

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