Cultura Opinión

El Odeón del esperpento

El pasado lunes, la 1 de TVE se vistió de gala para presentar en prime-time la gala de los premios Odeón. La primera edición de unos galardones que pretenden convertirse en unos premios Goya, pero en el ámbito musical. No se trata de un acontecimiento inédito establecer unos premios musicales en España ya que los Odeón se basan, a fin de cuentas, en una refundación de los extinguidos premios Amigo y ¡ay amigo, quién te ha visto y quién te ve!

Los artistas más destacados del panorama musical y tú como espectador desde tu televisión, pudiste detectar una ceremonia tediosa, vulgar y con una falta de planificación visible. Los problemas de sonido eran más que evidentes, en su máxima expresión se vio en las actuaciones intercaladas en la entrega de los premios. El pobre de Quequé, quién tendrá el “honor” de ser el primer presentador de la historia de estos premios (veremos si era último y lógicamente el único), tirando de oficio lanzando inagotables chascarrillos como el de la lectura de versos reggaetoneros y sus comparaciones con el rock o incluso de los evidentes problemas técnicos. Sin embargo, el bueno de Quequé, tras anunciar la actuación de Alejando Sanz, (ganador del mejor álbum) fue cazado con el micro abierto deseando que este esperpento se acabara , otro síntoma más que evidente del incomodo momento en el que estaba el presentador.

Los premios, hay que decir que fueron bastante repartidos porque ningún artista ganó más de uno. A diferencia de las compañías discográficas internacionales cuya presencia podemos decir que fue absoluta, semejante a cuándo alguien hace el típico gag de producido por mí, dirigido por mí, editado por mí, guionizado por mí y protagonizado por mí simbolizando así su egoísmo. A esto se resumió los premios Odeón, no te cuenta nada que no sepas, una gala en la que tres multinacionales (Sony, Warner y Universal) se premiaron a ellos mismos y a sus “mediáticos productos”. A la autoproclamada gran gala de la música no acudió la gran estrella internacional española del momento, Rosalía, con la mente enfocada en los Grammy, tampoco dos grandes exponentes como Serrat y Sabina. Estos dos casualmente estaban de gira conjunta y totalmente apartados de la mediática ceremonia. Mi único destello de la accidentada noche fue la figura de José Luis Perales, el grandísimo cantante y compositor de más de medio millar de canciones, dedicó “a mis grandes amigos, los músicos”, su premio honorífico a su dilatada trayectoria.

José Luis Perales recibe Odeón honorífico. A los lados, los artistas Luis Cobos y Edurne aplauden al cantante.
Fuente: RTVE

Está más que claro que esta refundación no va por buen camino, el Teatro Real de Madrid fue testigo de un acontecimiento opaco y carente de seriedad. La gala no estuvo a la altura del escenario donde se inauguraba. A los hijos de los desaparecidos premios Amigo (por culpa de la crisis económica que asolaba España) van a sufrir el mismo destino si los organizadores no hacen autocrítica de esta decepcionante primera edición. Me sumo también a las reivindicaciones de un mayor apoyo a la música grabada como tarea para el nuevo gobierno, siempre y cuando, el año que viene los organizadores hagan su acometido y se dignen a conformar unos premios musicales españoles a la altura de lo que merecemos.

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