¿De quién son los hijos?

Si es usted de los que sigue las últimas modas le sonará el pin parental, sólo tiene que moverse a su kiosco más cercano y verá como la mayoría de periódicos hablan de él, refresque su twitter o instagram y se manifestará, se encuentra incluso en pequeños debates entre grupos de amigos y familiares.

Fue la ministra Celaá la que comenzó el gran debate que está recorriendo España con sus palabras: “los hijos no pertenecen a los padres”.

Y la pregunta, es;  ¿A quién pertenecen entonces?

Los simpatizantes de Vox alarmantes y altamente frustrados sujetan tras una breve reflexión que la ministra Celaá está afianzando que “los niños pertenecen al estado”, y en este resumen que le acabo de hacer, nace el famoso “pin parental”

“El pin parental” sería una herramienta para que los padres pudieran vetar contenidos en las aulas o como Vox atestigua “los padres saben mucho mejor que los profesores lo que es conveniente para sus hijos”.

Sin embargo, para Podemos y PSOE “el pin parental socava el derecho de los alumnos a la educación y censura la actuación de los centros docentes y su profesorado”.

Y entre estas contradicciones de nuestra clase política dirigente, se ha encendido en un ambiente lleno de Fake News, el debate de  quién debe gestionar la educación de los niños, ¿sus padres o el estado?

Permítame recordar la típica costumbre española de “empezar la casa por el tejado”.

Oiga, pero parece que nos están tomando el pelo con los debates y preocupaciones políticas en el contexto que nos situamos. Es una falta de respeto para todos los ciudadanos oír hablar de educación en España y escuchar “pin parental” o charlas y talleres sobre identidad de género, feminismo o la diversidad LGTBI.

¿No es más preocupante que España sea uno de los países europeos que menos invierten en educación y su nefasto resultado quede marcado en los rankings utilizados para medir la calidad educativa?

Lo que me sulfura no es el pin parental o como se llame, sino más bien un sistema educativo que no es capaz de forjar en los españoles una segunda lengua, una calidad ortográfica, entender lo que leemos, por no hablar de algo tan básico como hablar en público.

Educar no es fabricar adultos según un modelo, sino liberar en cada hombre lo que le impide ser él mismo, permitirle realizarse según su genio singular. 

(Oliver Reboul) 

Entonces no nos distraigamos de nuestras necesidades básicas como son el conocimiento, y a partir de él ya desarrollaremos una buena moral, y es que cuando queremos que un individuo piense como nosotros, lo primero es hacerlo pensar y entonces… ya no piensa como nosotros queremos, porque lo acabamos de liberar de la doctrina de la sociedad y ahora sí, le estamos permitiendo sacar su genio singular.

Pero sin estas bases y cimientos fundamentales tan necesarios, ¿cómo pretendemos que el tejado se sostenga?

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