José Emilio Pacheco: «Te equivocas (lo digo sin dolor y sin desprecio a nada): mis versos vivirán más que tu belleza»

No me preguntes cómo pasa el tiempo fue escrito entre 1964 y 1968

«Quisiera ser un pésimo poeta para sentirme satisfecho con lo que escribo y vivir lejos de tu dedito admonitorio, autocrítica», escribe José Emilio Pacheco, bajo el heterónimo de Julián Hernández en uno de los poemarios más aplaudidos de la época de los sesenta por su contundencia poética descomunal. Siempre que recuerdo a Emilio se me viene a la cabeza este libro. No sé por qué, pero a la vez sí lo sé. ¿Quién se acuerda aún de él? ¿Cuántos hacen referencia a su poesía desde que nos dejó en 2014? Seguramente serán pocos, o mejor dicho, muy pocos. Uno de los poetas más completos y laureados por la sutil forma que tenía a la hora de utilizar la palabra. No solamente escritor, sino también traductor, narrador y ensayista.

Si nos paramos en cada una de las páginas de este libro y visualizamos vocablo a vocablo la riqueza de sus poemas llegamos a una diversidad de conclusiones. Los poemas de No me preguntes cómo pasa el tiempo dieron paso a una renovación poética dentro de la literatura mexicana. El hecho de cuestionarse lo insustancial que puede llegar a ser la vida cotidiana, la política, la anticrítica —como se apreció en la primera línea del artículo—, la desolación y el simple hecho de inventarse heterónimos como Julián Hernández o Fernando Tejada convirtieron a Emilio Pacheco en un autor muy particular.

Se trata de uno de esos libros que cualquier adepto de la poesía o de la literatura debe leer, entender y sentir. El libro vocifera, narra, maldice y ficticia. Dibuja pinceladas de amor en el aire y pinceladas de desamor en el suelo. Cada página es un grito con el único objetivo de exaltar ese poderío revolucionario que contiene la poesía. Emilio es un consumado de la lengua, domina el verso como le da la gana: maldiciéndolo, quejándose, consiguiendo que conceptos como el amor y el desamor sean tan insignificantes al lado de cualquier poema.

«Antes de que seas vieja ya me habrás olvidado.

Y si por confusión sueltas mi nombre

a tu lado una joven dirá:

­ ¿Quién era ese?»

Experto en el verso libre y en la construcción de epigramas:

«¿Qué harás todos los días

desde que no te veo?»

En definitiva, la figura de José Emilio Pacheco (México, 1939) marcó un antes y un después dentro de la poética mexicana. No me preguntes cómo pasa el tiempo fue escrito entre 1964 y 1968. Esto es, entre los veinticinco y veintinueve años de su autor. Otras obras que cabe destacar: Las batallas en el desierto, El viento distante, La sangre de Medusa, pero sin duda la obra más reconocida es El principio del placer con la que recibió el premio Xavier Villaurrutia en 1973 en el campo de la narrativa. Su obra poética obtuvo en Colombia el premio José Asunción Silva para el mejor libro de poemas en lengua española aparecido entre 1990 y 1995 se trataba de una antología poética titulada El silencio de la luna (1994).

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