El racismo brota con el coronavirus

El otro día paseaba por la Puerta del Sol y un enorme círculo de personas, la mayoría de origen  chino, se manifestaban en silencio y con un cartel cada una de ellas en el que se podía leer “No soy un virus”. Me quedé reflexionando y sin lugar a dudas, hizo que escribiese sobre esto.

Lo que sabemos la mayoría del  coronavirus es lo que nos llega por los distintos medios. Un sinfín de titulares aparecen desde que el coronavirus hizo presencia de su maldad. El médico chino Li Wenliang, que a finales de diciembre pasado alertó sobre la aparición del nuevo coronavirus, murió este jueves de esta enfermedad tras terminar infectándose, o las declaraciones del doctor Pedro Cavadas quien afirmaba que el Gobierno Chino intentaba tapar datos sobre el coronavirus, siendo muchas más las víctimas que se lleva consigo este virus. La cifra de muertos ya asciende a 813 y más de 31.000 afectados.

Algunos de estos titulares los hemos podemos escuchar o leer. Pero lo que sobre todo se sabe es que este virus procede de China, concretamente de Wuhan, la extensa capital de la provincia Hube, donde viven más de 11 millones de personas. Es aquí, donde comienza el calvario del europeo. Quizás hablemos en propiedad, del europeo inculto.

Cualquier tipo de epidemia que pueda llegar a  convertirse en pandemia suele sacar lo peor de nosotros, y con la excusa del miedo o la desconfianza, dejamos muestras de un racismo, que en casos como este saca siempre lo peor de nosotros.

Nos creemos que todo aquel que sea chino puede portar este virus, y para eso cuando ya vemos a alguien con mascarilla lo coronamos como “un auténtico portador maligno”. Este miedo, incluso ha llevado a vaciar la mayoría de restaurantes asiáticos de nuestro país.

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Fuente: larazon.es

Todo esto en una vorágine de  racismo y acoso vivido por la población china con insultos en las redes sociales, carteles en restaurantes prohibiendo la entrada a estos, y comentarios discriminatorios en los transportes públicos. Por no hablar del video que se hizo viral hace unos días de una pequeña a la que insultaban solo por tener los ojos más rasgados que tú o yo.

Entrar en sentido común, y en empatía. Esa que a veces tanta falta nos hace. No son un virus, ni ellos ni nadie. Porque nadie manda en los virus y en las enfermedades, y que queréis que os diga pero cuando esto sucede en una casa se lleva con el máximo cariño, preocupación pero sobre todo con apoyo. Quizás deberíamos ver que no estamos solos. Quizás deberíamos de dejar de mirar nuestro propio ombligo.

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