Opinión

La razón del retorno

Hay siempre un poco de demencia en el amor; pero también un poco de razón en la demencia.

 

Así habló Zaratustra, Fiedrich Nietzsche (1883)

Llevo meses dándole vuelta a este artículo e incluso ahora mientras lo escribo soy incapaz de saber dónde terminará. He consumido más filosofía en este tiempo de lo que lo había hecho nunca; y aun así ni siquiera he leído la mitad de lo que me gustaría. Al principio, fue una vía de escape. Buscaba en todos esos textos una razón que me explicase por qué sentía dentro lo que sentía. Viajé de Nietzsche hasta Japón; repasé y descubrí ideas de todo tipo, para así de alguna forma encontrarme a mi mismo. Al final, entendí que yo nunca me fui. Seguía aquí; perdido y torcido, llevado por un río de emociones y cayendo por sus cascadas con un rumbo fijo: el que dictaba mi corazón.

Cada vez que pienso en Nietzsche, lo veo como el primer escritor de libros de auto-ayuda de la Historia. El eterno retorno es, de entre todas sus aportaciones, la que más me fascina. El alemán insta a abrazar la vida porque, cuando termine, volverá a repetirse exactamente igual. Si vivimos el momento, no porque no va a volver, sino precisamente porque lo hará eternamente, disfrutaremos de cada segundo de nuestra existencia sin importar qué. Es por eso que, en el fondo, si nos preguntamos qué es lo que más feliz nos hace durante nuestra vida, solo existe una respuesta posible.

Y es que algunos persiguen el amor sin entenderlo. Buscan calor en el pecho, cuando el amor no es un sentimiento de calor. El amor es el fuego en sí mismo. Es la llama que aviva el alma de los perdidos, incapaces de encontrar de este mundo el sentido. Amar significa actuar de forma ciega e irrefrenable hacia algo que nos hace ser más de lo que somos. Aunque nos rompa por momentos, es una apuesta a futuro; un salto de fe sin retorno, pero que busca el retorno.

Desde hace un tiempo, veo que una parte de las mentes pensantes de este planeta instrumentalizan el amor. Buscan una lógica, cuando el amor es de todo menos lógica. Lo ven como algo casi científico, como si se pudiera medir lo que abarca con la precisión de un cirujano. Pero el amor no es tan frío como las matemáticas. El amor no se mide, ni se limita; no está encajado en ningún eje cartesiano. Buscar una razón por la que hacemos lo que hacemos por alguien a quien queremos no puede llevarnos a ningún otro sitio que no sea un pozo sin fondo. El mero hecho de amar nos mueve por nuestra propia naturaleza a luchar y hacer sin querer nada a cambio; porque buscar una recompensa no es amor, sino un favor.

Cómo conocí a vuestra madre: Ted Mosby sobre el amor.

Hay veces en que nuestro gozo se convierte en un mal cíclico. ¿Alguna vez has sentido eso? ¿El momento en que crees que lo que amas con todo tu ser no deberías amarlo? Un corazón y una mente en continua batalla es una de las peores cosas a las que se puede enfrentar el ser humano. Yo sé que existo, no porque pienso o dudo, sino porque amo. Amo, ergo sum. Esa, y no otra, es la maldición del hombre frente a la bestia. Entender que el amor y la razón no serán jamás una misma cosa es la gran (y desesperante) revelación de todas nuestras vidas; pues, de serlo, se trataría de la razón de nuestro eterno retorno. Es por eso que duele tanto perderla, porque jamás esperas que llegue el momento en que, sin más, se volatilice. Ya no es fuego, ni brasas, sino una voluta de humo que se escapa entre los huecos de tus dedos.

Lo más frustrante del amor es que todo el mundo espera que te comportes de manera razonable. Si luchamos por algo por lo que nadie lucha es porque, si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará. Se perderá como polvo en el desierto. Un mundo sin amor es un mundo sin fuego; un mundo vacío y sin sentido en el que el hombre ha perdido toda su humanidad. Es un lugar en el que nada merece la pena, ni siquiera retornar, ni la vida misma. No hay gloria, ni deseo, sino un destino auto-destructivo que nos conduce a la nada más absoluta. Y, bueno, yo quiero regresar, ¿y tú?

“Cualquiera puede amar algo por algún motivo. Eso es tan fácil como meterse un penique en el bolsillo. Pero amar algo a pesar de algo es otra cosa. Conocer los defectos y amarlos también. Eso es inusual, puro y perfecto.”

El temor de un hombre sabio, Patrick Rothfuss (2011)
Cleopatra, The Lumineers.

Lugarteniente de la movida en general en El Generacional, Discordia Magazine y La Ciclotimia.

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