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Coronavirus: entre la realidad y la histeria hiperbólica

Este 2020 no podría haber empezado peor en términos sanitarios: la expansión mundial del coronavirus es una realidad, una evidencia implacable contra la que los Estados de todo el mundo se están empleando para socavarla y encauzar una solución dentro de los protocolos y criterios epidemiológicos de actuación sanitaria. Pero la enfermedad no es el dichoso coronavirus, es la histeria colectiva que se crea a raíz de su propagación por todo el globo.

La noticia idónea más explotada: miedo y psicosis

Resulta que nos encontramos frente a la noticia perfecta – una seria amenaza de pandemia declarada oficiosamente por la OMS. Hace días esta institución tributaria de la ONU elevó el nivel de riesgo de expansión global del coronavirus causante del COVID-19 de “alto” a “muy alto” tras detectarse el primer caso en el África Subsahariana, la última región del planeta donde por ahora no se habían dado casos. La noticia como tal resulta jugosa por varios motivos. En primer lugar, el sensacionalismo y el tratamiento mediático de la noticia han incentivado la psicosis colectiva, el miedo al extranjero, la superstición sanitaria de la mascarilla, el correspondiente asedio a las farmacias, etc. En segundo lugar, la amenaza real de un escenario semi apocalíptico nos traslada a una realidad que crea sugestión y miedo. Estos meses estamos observando que las noticias sobre la epidemia copan todas las cabeceras y los informativos de radio y TV, abarcando piezas periodísticas de considerable duración

La xenofobia está circulando por nuestro territorio, pese a que ya el virus se ha asentado y actualmente en España las cifras hablan por sí solas: en el momento de la redacción de este artículo hablamos de 266 infectados y 3 muertos. Lejos quedan los números estremecedores de China – 80.714 infectados y 3045 muertos – y del caso italiano que nos queda bastante cerca – 3927 infectados y 148 muertos. A viernes 6 de marzo a las 10:00 a.m. hay en total en el mundo más de 97.000 casos de contagio y la cifra de fallecimientos asciende a más de 3365. La escasa peligrosidad para la vida se demuestra en los 54.995 curados que han recibido el alta.  Hay temor al asiático y al italiano, razón entre otras de la suspensión cautelar de numerosos eventos públicos por motivos de precaución. La sociedad ha generado un rechazo hacia la comunidad asiática por ser el origen étnico de la epidemia. Un motivo irracional, que no se sustenta en ninguna raíz lógica.

El mapa de expansión de la epidemia coronavirus se actualiza en tiempo real a medida que las agencias de salud globales confirman más casos. Fuente: CNN España

Podemos observar, por otra parte, cómo la letalidad del propio coronavirus es ínfimamente baja en relación con otras enfermedades infecciosas del mismo calado. Esta cifra que oscila alrededor del 2% podría disminuir con la existencia de casos asintomáticos o con síntomas muy leves que no se han diagnosticado. De hecho, un estudio en Corea del Sur – donde más test diagnósticos se han realizado en relación con la población – avala la tesis de una letalidad más baja: en el caso surcoreano una ratio de mortalidad del 0,6 %. Podría aumentar si el virus muta (por el momento esto no se ha observado). En todo caso, la tasa de mortalidad es menor que la del SARS (10%) y mayor que la de la gripe estacional, una comparación muy manida en estos tiempos (que se sitúa por debajo del 0,01%). Según un análisis de los 72.342 casos diagnosticados en China a fecha del 11 de febrero, la enfermedad es leve para el 81% de los pacientes, un 14% presenta síntomas más graves, y un 4-5% entra en estado crítico.

Pero, realmente estamos lo suficientemente informados. La respuesta es obvia: no. Lo cual se sustenta en la desinformación patente manifestada a través de bulos, fake news y remedios alternativos a la disciplina científica médica. El papel que deben jugar los mass media es delicado. Por un lado, deben atender objetivamente a la realidad de la expansión del virus, pero sin caer en el amarillismo tan suculento como inoportuno. Por otro lado, el deber de estos se ubica en la explicación sencilla a la par que integral de un fenómeno acerca del cual aún queda mucho por investigar en el campo de la ciencia, que pone todos sus empeños – lo cual, por supuesto, incluye a las multinacionales farmacéuticas enfocadas en el ánimo de lucro – en patentar una vacuna que aniquile a este maligno virus.

Al margen de lo relatado, las cuestiones pertinentes sobre este padecimiento que hay que preguntarse son qué es, cómo surgió, cómo se transmite y diagnostica, cuáles son sus síntomas y su peligrosidad y cuál es su tratamiento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) dependiente del Ministerio de Sanidad de España nos ilustran al respecto.

¿Qué es el llamado SARS-Cov2?

El nuevo coronavirus, primero llamado 2019-nCoV y ahora rebautizado con el nombre SARS-CoV2 (el virus) y COVID-19 (la enfermedad), pertenece a la familia de los coronavirus, llamados así por una especie de picos en la superficie del virus que se asemejan a una corona. La gran mayoría de los descritos se han aislado de aves o mamíferos, especialmente murciélagos.

El SARS-CoV2 se llama así porque tiene una secuencia genética muy parecida a la del SARS, otro coronavirus que apareció por primera (y única vez) en el 2002 y causó una pandemia con más de 8.000 personas infectadas y 800 muertes. Otro coronavirus que causa enfermedad grave en humanos es el MERS-CoV, que se identificó por primera vez en el 2012 en el medio oriente y está asociado con camellos. En dicho tipo de coronavirus se contagiaron 2499 casos, deduciéndose una mortalidad de 34%.

Los primeros casos humanos se asocian con un mercado de animales silvestres en la ciudad de Wuhan. El contacto cercano entre animales – incluido el humano – que normalmente no conviven en la naturaleza puede favorecer que un virus adquiera la capacidad de saltar de un huésped a otro transmitirse en seguida entre personas. En el caso del nuevo coronavirus, análisis recientes sugieren que podría haber saltado de murciélagos a folidotos (pangolines), y de ahí a los humanos. 

¿Cómo se transmite el nuevo coronavirus?

La vía principal de transmisión del conocido popularmente como coronavirus de Wuhan es por vía aérea, a través de pequeñas gotas que se producen cuando una persona infectada tose o estornuda. También se transmite al tocarse ojos, nariz o boca tras tocar superficies contaminadas. Evidencia reciente sugiere que, a diferencia del SARS, que se transmite solo cuando la persona presentaba síntomas, este nuevo coronavirus se puede transmitir incluso antes de la aparición de síntomas. Si esto se confirma, será más difícil controlar la transmisión de este coronavirus.

El SARS-CoV2 ha demostrado que puede transmitirse de una persona a otra con bastante facilidad. De momento, la OMS estima que la tasa de contagio del virus es de 1,4 a 2,5, aunque otras estimaciones hablan de un rango entre 2 y 3. Lo cual es sinónimo de que cada persona infectada puede a su vez contagiar entre 2 y 3 personas, aunque se ha visto que pueden haber ‘supercontagiadores’, capaces de contagiar hasta a 16 personas.

Un aspecto importante es si realmente estamos ante una epidemia o no. Para eso se calcula matemáticamente un coeficiente, que se denomina Ro, número (básico) de reproducción. Este número contiene la información de cuántos susceptibles son contagiados de la enfermedad en promedio por un solo infectado. Por ejemplo, si Ro es igual a 3, significa que un infectado es capaz de producir tres nuevos infectados, y cada uno de ellos, a su vez, podrá infectar a otros tres, y así sucesivamente. Cuanto mayor sea ese número, más transmisible será esa enfermedad. Para que aparezca un brote epidémico, Ro debe ser mayor que 1. Si Ro es inferior a 1, no hay epidemia, la enfermedad no se propaga y no supondrá un problema para la población.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad?

El SARS-Cov2 se encuentra principalmente en las vías respiratorias. Por ello, las pruebas de diagnóstico actuales, que consisten en amplificar secuencias génicas del virus, requieren hacer un frotis – una extensión de una muestra de fluido corporal (humano o animal) sobre un portaobjetos para su análisis clínico – de nariz, garganta o faringe para detectar la infección.

Otro tipo de diagnóstico que se está desarrollando es una prueba que detecte anticuerpos contra el virus. En este caso, una muestra de sangre sería suficiente. Esta prueba tendría la ventaja de detectar no sola a los individuos con infección activa, pero también a aquellos que estuvieron expuestos al virus anteriormente.  

¿Cuáles son los síntomas de COVID19?

Los síntomas principales son fiebre, tos y dificultad para respirar. Sin embargo, en un pequeño porcentaje de pacientes, los primeros síntomas pueden ser diarrea o nausea. La OMS ha estimado que el periodo de incubación (entre la infección y la aparición de síntomas) está entre dos y catorce días, aunque se trata de un rango bastante amplio que todavía no se ha demostrado.

¿Es peligroso?

El virus puede causar desde síntomas leves hasta una enfermedad respiratoria severa (como, por ejemplo, la neumonía) y la muerte. La gran mayoría de los fallecimientos han ocurrido en personas mayores de 65 años y que ya tenían alguna otra enfermedad o condición crónica. En cambio, la población infantil parece ser poco susceptible a la enfermedad, aunque aún no se sabe la influencia real del virus en enfermos en edad infantil. A pesar de que no conozcamos su peligrosidad en edades tempranas en la serie de un estudio chino con una muestra de más de 45.000 casos a colación del COVID-19 asevera que no hay ningún fallecido menor de 9 años.

¿Cómo se trata y cuáles son las medidas de prevención?

Por el momento no hay vacuna o tratamiento específicos para COVID-19. El personal científico ya está trabajando en ello, pero en el mejor de los casos, la vacuna no estaría disponible antes de varios meses o incluso años, a pesar de que los científicos chinos estén poniendo toda la carne en el asador para conseguir la inmunización previa vacuna.

Por ello, la estrategia para hacer frente a este nuevo virus pasa actualmente por evitar el contagio a través de criterios de prevención y tratar los síntomas en caso de desarrollar enfermedad. Las medidas básicas de precaución para evitar infecciones son: lavarse las manos con frecuencia, toser o estornudar en la flexura del codo y utilizar pañuelos de papel desechables.

La clásica incertidumbre económica

En otro orden de asuntos, la pandemia se hace extensible como no podría ser de otra forma a la economía. Los mercados mundiales y las bolsas se están permeando de la incertidumbre, el peor enemigo del libre juego de la oferta y la demanda. La inseguridad se está contagiando tanto a los inversores como a los compradores y vendedores de bienes y servicios a lo largo del mundo. El sector turístico está sufriendo una ligera crisis agravada por el COVID-19. Y es normal, la gente no quiere viajar a un lugar donde el riesgo de padecer esta enfermedad es probable. Lo que tampoco es de sentido común es la psicosis obsesiva que se apodera de la sociedad y tiene repercusiones tales como robos de mascarillas y desinfectantes y un desabastecimiento generalizado. Este plano, sin duda, es el más peligroso. En España, y esperemos que no, tal vez llegará un momento con el alza de los casos en el que el toque de queda, el cierre de colegios y universidades, la histeria generalizada y las calles inhóspitas serán el pan de cada día.

Una voz que infunde calma ante el problema

Sin embargo, entre el caos emerge la figura de Fernando Simón, director del Centro de Alertas y Emergencia Sanitarias. Su cara se ha convertido en familiar para millones de españoles. Cada día, desde hace varias semanas, aparece en rueda de prensa para informar al detalle y con una tranquilidad que calma al más aprensivo, de los avances del coronavirus en nuestro país. Pero no es la primera vez que este epidemiólogo de 59 años da la cara por una enfermedad que asusta por el desconocimiento creciente que existe sobre ello, ya que, en 2014, Fernando fue el portavoz del comité especial sobre el Ébola en España.

Su sencillez a la hora de expresarse, sin artificios ni palabras incomprensibles para el público, su aspecto de ser “buena gente” y la absoluta facilidad para tranquilizar ante una amenaza en forma de virus que tiene en vilo a la población, le han convertido en la voz de la medicina hoy en nuestro país. Algunos dicen que es un hombre metódico, muy disciplinado y que en cinco minutos puede convencerte gracias a su sabiduría a caballo entre el lenguaje pedagógico y el pleno conocimiento y la gestión de este tipo de crisis. Por ello, su papel está siendo muy relevante dado su carácter tranquilizador.

El mejor remedio: la calma

Ante la amenaza de esta epidemia, resulta oportuno una llamada al sosiego y a la altura de miras. No podemos permitir que un virus de alcance como el COVID-19 pero sin una peligrosidad extrema aparente intente dominar nuestras vidas y relaciones personales. La gestión sanitaria, por lo menos en España, menos en el caso de Italia y China, es loable. Ello es debido al buen manejo de la crisis sanitaria y a unos protocolos adaptativos correctos. Pero no está todo ganado y aún queda mucho por hacer para ganar la batalla a dicho virus, labor que corresponderá a los gestores de la política nacional sanitaria y a los profesionales de la salud.

La mejor vacuna contra el miedo es la información, cuanto más informada esté la población acerca de la naturaleza, las precauciones y los peligros del coronavirus seremos capaces de afrontar una crisis sanitaria de alcance de forma efectiva, proactiva y profesional. Lo cual es responsabilidad de los medios, que con mucha precaución y contraste de la información tienen el papel de transmitir bien la actualidad y la realidad del COVID-19 para que no se expanda otro virus más peligroso si cabe: la histeria hiperbólica.

Estudiante de Ciencia Política + Periodismo en la URJC. Política, Opinión y Actualidad

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