Sanidad pública como remedio al COVID 19

La sanidad pública, mermada y a la espera de nuevas medidas, se enfrenta al mayor reto de los últimos años

Fuente: cadenaser.com / EFE

Esta nueva pandemia global está poniendo a prueba a todos los estados del mundo. Sometidos a una gran presión, cada país debe responder rápidamente a esta amenaza, teniendo en cuenta no sólo datos de enfermedades previas o de cómo han actuado en China para reducir su impacto, sino también analizando las fortalezas y debilidades de cada país en concreto.

Este es un momento histórico, con medidas excepcionales nunca antes vistas; el cierre de fronteras de la UE por primera vez en su historia, el estado de alarma decretado en toda España o la cuarentena en Wuhan por parte del gobierno chino. Son tiempos en los que están aplicando medidas duras y contundentes, que pueden no contentar a parte de la población, pero que deben garantizar resultados positivos.

En el caso de España, el estado de alarma fue decretado para frenar esa famosa curva, la curva de contagios. Esta medida no tiene como principal objetivo reducir el número de infectados a largo plazo, ni evitar contagios en general. Si bien esto son consecuencias de las medidas aplicadas, lo que se busca en primer lugar es no saturar ni colapsar un sistema sanitario que, pese a ser uno de los mejores del mundo, no está pasando por su mejor momento.

Los recortes en I+D y sanidad, motivados por la crisis económica del 2008 y principalmente aplicados por el Ejecutivo de Mariano Rajoy, pueden suponer ahora un grave problema para la sociedad española. Por ejemplo, Madrid tiene 33 hospitales públicos y 50 privados, según el catálogo nacional de hospitales. Desde 2010 hasta 2018 la población ha aumentado en casi medio millón de habitantes, pero la sanidad de la región ha perdido alrededor de 3.300 profesionales sanitarios si atendemos a los datos del Servicio Madrileño de Salud.

Fuente: Servicio Madrileño de Salud (recogido por lamarea.com)

Médicos, enfermeros, y todo el personal sanitario demandan más medios, y en definitiva una mayor inversión. Estos trabajadores están haciendo todo lo posible por frenar el avance del virus, pero han dejado claro que no deberían estar doblando turnos o trabajando con pocas protecciones. Se necesitan camas, más personal cualificado, mayores medidas de protección, material para prevenir contagios, etc.

Por el momento, y a la espera de nuevas medidas, el ministro Salvador Illa anunció hace escasos días que el gobierno iba a poner a disposición de las comunidades el control de los hospitales privados. El modelo de negocio de la sanidad privada no les permite una lucha eficaz contra el coronavirus, por lo que vimos cómo en los primeros casos los hospitales privados derivaban a los pacientes a hospitales públicos tras confirmar los contagios. Esto se debe a la imposibilidad del sector privado de tratar a un paciente con este nuevo virus manteniendo a su vez la viabilidad económica.

La sociedad española sabe de sobra el tesoro que supone tener una sanidad pública y unos profesionales de estas características, y por ello salen cada noche al balcón a aplaudir su esfuerzo. Pero, ¿es esto suficiente? Quizá hubiese sido más efectivo haber apoyado en su momento a la marea blanca que salió hace años a las calles a manifestarse por una sanidad pública de calidad. De todos modos, de nada sirven los reproches en estos momentos, simplemente hay que tener en cuenta para futuras ocasiones cómo funciona cada modelo. Y la sanidad pública está demostrando, por el momento, ser el mejor remedio contra el coronavirus.

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