Carta de un nieto anclado en el pasado

“Dime, ¿te sientes mejor? Dime, ¿es ligero como una burbuja eso de dejar sin más tu cuerpo ahí, igual que una prenda estropeada que ya no puedes ponerte? (…) ¿Qué haremos ahora que siempre es de noche para ti? ¿Qué significa la vida sin ti? ¿Qué te sucede a ti allá arriba? ¿Nada? ¿El vacío? ¿La noche, cosas del cielo, el consuelo?”

La alargada sombra del amor (2005), Mathias Malzieu.

No esperaba escribir esto. A decir verdad, para nada esperaba escribir algo así, desde luego no hoy, no este año. Aún estoy recuperándome del shock que me produce no volver a verte. No esperaba que este fuera a ser mi regalo de cumpleaños. Hasta hace apenas unas horas en este 31 de marzo estaba hablando por Internet con mis amigos, intentando celebrar una “fiesta” como podíamos dentro de esta cuarentena. No podía imaginar que, poco después, iba a decirme papá que te habías dormido.

Mañana saldrás en las noticias, pero no dirán tu nombre, como tampoco dirán el nombre de tantos otros que, como tú, se han ido esta noche. Serás tan solo un número en un contador que cada día nos cuesta más mirar. Pero tú no eres ningún número, porque yo te conocí; igual que toda la población de tu pequeña Mengíbar o de la Almuñecar de la que siempre decíamos que eras el rey. Ahora, su mar dejará a un lado el agua salada para que sean las lágrimas de todos los que te echaremos de menos las que mojen la playa. Nunca, en toda mi vida, he conocido ni conoceré a alguien que vaya a dejar tantos huecos como tú lo harás, porque sé que nunca conoceré a ningún ser humano tan agradable, gracioso y cariñoso como tú (aunque, a veces, cascarrabias). Te echaremos tanto de menos que será una locura durante días no pensar en ti sin que el alma se nos parta como un cristal. Crack, crack, crack… Las pisadas de cientos de corazones rotos que lloran porque te has ido resonaran por los paseos de Granada y los campos de olivos de Jaén, y esa será la más triste sonata que ningún maestro ha compuesto.

Quería escribir sobre la ira, como lo hice sobre la nostalgia y el amor, pero todo esto ha cambiado mis planes. Y es que no puedo hablar de la ira cuando estoy tan triste, pero tampoco lo haré de la tristeza, porque de hacerlo no podría ser capaz de escribir nada de nada. No obstante, algo dentro de mí me ha gritado que a las 3 de la mañana me levantara de la cama y cogiese el ordenador. Quería escribirte, como hace unos meses escribí sobre tu padre. No sé si llegarán a ponerle tu nombre a una calle, como lo hicieron con el suyo. Ni siquiera puedo asegurar cuanto tiempo pasará hasta que pueda volver a verte. Pero, aunque no llegué a conocerle, sé que estaría muy orgulloso de ti. Como él, llegaste a este mundo con la misión de hacer feliz a muchos, y ningún dios que exista o haya existido va a ser jamás capaz de negarme eso. Debe ser cosa de familia, supongo.

And there will come a time, you’ll see, with no more tears.

And love will not break your heart, but dismiss your fears.

After the Storm, por Mumnford and Sons

Me gustaría decirte una última cosa antes de despedirte del todo, en realidad. Ojalá hubiera podido hablar contigo, porque era el regalo que más deseaba hoy. Por desgracia, no podías. Tengo miedo de que te hayas podido sentir solo, como sé que tantos otros deben haberse sentido. Pero nunca estuviste solo. Ninguno hemos pasado ni un segundo sin querer verte, y te pido que se lo digas a todos con los que te encuentres allí arriba o dónde narices sea que terminemos. Espero que sepáis que nadie quería esto, y que todos lo sentimos muchísimo. Y cuando digo todos, no solo me refiero a los que os hemos perdido, sino a todos esos que luchan día tras día por todos los que más lo necesitan. Y si te pido que lo transmitas tú es porque, por desgracia, sé que yo aquí no puedo. ¿Pero allí nada de eso importa, verdad? La política, las culpas, y el egoísmo. Al menos, espero que no. Porque tú no te mereces un sitio así. No mereces un sitio en que, cuando se supone que más debemos estar unidos; y cuando los que se enfrentan a este horror (sean sanitarios o el Presidente del Gobierno) más necesitan nuestro apoyo y comprensión, solo sepáis tiraros piedras. Porque pese a que aquí siempre habrá aquellos que hayan perdido todo rastro de decencia y humanidad, y solo sepan llenar sus bocas con discursos de odio, la muerte nos iguala a todos. Todos, independientemente de quienes seamos o que pensemos, deberíamos entender que nadie quería esto. Todos, en el fondo, formamos parte de una misma especie. Y todos podemos cometer errores, sobre todo en una situación tan difícil como esta. Y todos deberíamos tener la oportunidad de enmendarlos, porque ninguno tenemos la culpa de lo que pasa. Nadie es el asesino de nadie.

Sé que tú lo entenderás, porque tú eras muy bueno. Sé que lo entenderás, y conseguirás que otros lo entiendan, porque tú eras así. Sé que todos te querrán, igual que todos te queremos aquí, porque tú eras así. Tú eras tú, abuelo. Único y magnífico.

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