No basta con sobrevivir, hay que vivir

Nuestro instinto de supervivencia hace que, cuando llegan tiempos difíciles, hagamos lo necesario por sobrevivir. Pero más allá de esa visión primate y cortoplacista hay un instinto más aterrador: la necesidad de vivir. Cuando la supervivencia está asegurada surge la incógnita de qué hacer con tu vida. Limitados y confinados, debido a la situación, a muchos se les cae la casa encima. Cuatro paredes nunca fueron tan desesperantes. El paso de una existencia tan acelerada y hedonista a una vida lenta y cautiva provoca el surgimiento de patologías psicológicas que muchos desconocían poseer. El problema no viene de ahora, sino de antes. Pero en estos momentos lo importante no es la causa, sino la solución: vivir sin poder vivir y, para ello, acudir a la ficción.

 

Se ha vuelto vital aquello que nadie valoraba

Puedo verla. Esa ligera sonrisa que tímidamente se dibuja en el rosto de cada persona que me pregunta “¿qué estudias?” y escucha como respuesta “comunicación audiovisual”. Ahora, aburrido -por no hacer nada- o estresado -por hacer demasiadas cosas- y desesperado por no poder salir, te pasas el día pegado a una pantalla viendo informativos, programas, series o películas. Lo que te echen. Da igual. ¿Qué sería del confinamiento si no tuviésemos todas esas series y películas que disfrutar? ¿Y los programas de comedia? ¿La información del telediario? Habría más muertos por estar dentro de casa que fuera.

Y parece que poca gente se ha dado cuenta, pero ha llegado la hora de mirar a nuestro alrededor y poner en valor a la prensa, la radio, la televisión y el cine. Porque sí, los sanitarios, las fuerzas de seguridad del Estado y demás profesionales son importantísimos para combatir esta pandemia, pero no son los únicos. Ellos te ayudan a sobrevivir, pero son los medios los que te ayudan a vivir. La prensa se encuentra más crítica que nunca, apoyando a los ciudadanos y reprimiendo a las élites gubernamentales por sus continuas negligencias que cuestan miles de muertes cada semana. La radio continúa imperante, acompañando a millones de personas en sus casas a pesar de la desangrante hemorragia que sufre. La televisión es la mimada de los medios, pero también la favorita de los hogares. Continúa informando y entreteniendo a niños y mayores, día sí y día también. Las OTT (plataformas de contenido digital) se convierten en el refugio de muchos. Cargadas de series y películas, abastecen con miles de horas de entretenimiento de todo tipo.

Ya lo era de por sí anteriormente, pero ahora se ha vuelto vital -de forma literal- el trabajo de los periodistas y los profesionales audiovisuales. Puede que no se haga de forma explícita, porque no somos nada agradecidos, pero todos y cada uno de nosotros agradecemos de forma implícita el trabajo hecho y por hacer de estos profesionales al consumir sus contenidos. Desde el periodista que trabaja para que estés informado hasta el técnico de televisión que continúa haciendo con el mismo o más esmero su trabajo, pasando por todos los profesionales que han colaborado para que tengamos series y películas maravillosas de las que disfrutar desde el sofá de nuestra casa.

 

El poder de la ficción

Se encontraba de forma habitual en nuestra rutina diaria, pero ahora ha pasado a ser un elemento fundamental. La ficción se ha apoderado de nuestras vidas completamente. No importa si estamos solos o acompañados, si tenemos trabajo remoto o clases a distancia, el hecho de estar confinados en nuestras casas nos induce a evocar aquello que añoramos, a inhibirnos de nuestro hogar en nuestro propio salón y a soñar con los ojos abiertos. Todo a través de la ficción.

Nadie soporta su propia vida, nunca. Cuando las cosas van bien, disfrutamos de la ficción, y cuando las cosas van mal, nos refugiamos en ella. La literatura y el cine consiguen hacernos sentir personas poderosas, inteligentes y meticulosas, valientes, especiales e incomprendidas, a la vez que sentimos dolor por amores ficticios, horror por asesinatos que nunca ocurrieron y estupor por sucesos que jamás viviremos. Empatizamos con personajes e historias similares y/u opuestos a nosotros, nos convertimos en alguien que no somos y que haría cosas que jamás haremos. Por eso es tan adictiva la ficción, llegándose a convertir en medicina para los malos momentos y droga para los buenos, porque vivimos vidas y experiencias que, por suerte o por desgracia, jamás viviremos.

 

15 millones

“Es de bien nacido ser agradecido” decía el refranero español. Y casi por cultura somos todo lo contrario, hienas que buscan la nimiedad para elaborar un argumentario vacío pero creíble. En todos los sentidos y aspectos.

Poco han tardado en saltar las alarmas al conocerse que el Gobierno de España otorgará 15 millones de euros en ayudas a las televisiones privadas. Hasta ahí leyeron muchos, para que más. Y los que usaron el raciocinio para elaborar un pensamiento fueron muchos menos. Resulta que, debido a la gravedad de la situación, existe la posibilidad de que haya un apagón televisivo en algunas de las zonas más deprimidas de España. Actualmente la cobertura televisiva es del 96% del panorama nacional y, para que así siga siéndolo durante los próximos 6 meses, el Gobierno ha otorgado una ayuda a todos los canales privados para que puedan financiar los costes que supone llevar la cobertura TDT a toda la población española. Una maldad sin precedentes.

Muchos comenzaron a realizar conjeturas sobre si el dinero sería para los grandes grupos de televisión -Atresmedia y Mediaset-, pero resulta ser todo lo contrario. La intención es ayudar a los grupos más pequeños para que puedan seguir emitiendo sus canales en abierto en todos los hogares: desde dibujos animados para niños (Disney Channel, controlada por Vocento en España), canales de documentales (DMAX, controlada por Unidad Editorial) o de ficción (Paramount Channel, de Vocento) entre muchos otros. De hecho, Atresmedia y Mediaset tan solo se llevarán 3 millones de euros cada uno. Un valor insignificante si, como algunos dicen, el Gobierno quisiese compensar las pérdidas de las corporaciones por la huida de los anunciantes. Tan solo el hecho de prohibir la publicidad de las casas de apuestas en la televisión reportará pérdidas de hasta 7 millones de euros al mes, así que resulta estúpido pensar que el Gobierno está del lado de la televisión. Tan solo se está asegurando un servicio básico.

Y es que, como de costumbre, olvidamos. No somos conscientes de la suerte que tenemos, para nada. Hay gente que, por edad u otras circunstancias, no tiene internet en casa. Eso da pie a que los únicos medios que le conectan con el mundo y les alejan de ellos son la radio y la televisión. También hay que tener en cuenta que mucha de esa gente mayor que no tiene internet vive sola. En España hay 4.000.000 de personas que están solas, desamparadas. La única voz humana que escuchan son la de la radio y la televisión. Si les quitamos eso, les quitamos todo. Por eso conviene ver las decisiones desde otros puntos de vista. Puede que a ti te parezca absurdo, pero también puede que a otros les parezca indispensable. Cuestión de perspectiva quizás. O de empatía. Es lo que tiene vivir en sociedad.

 

 

 

 

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