Diario de un recuerdo

Me miro en el espejo una y otra vez sin saber qué hacer. Hoy va a ser el día, lo llevo pensando toda la noche. Abro el grifo, me mojo la cara para despejarme y le digo a mi reflejo:

– Vamos Blanca, joder, es solo un chico, no te va a morder.

Me pongo la ropa que preparé anoche, una falda preciosa y un jersey, y me recojo el pelo en una coleta rápida, me vuelvo a mirar en el espejo, no me considero guapa, pero tampoco es un problema. Cojo mi bolso, guardo dentro el portátil y el termo de café. Miro el reloj, las 7:00. No me da tiempo a llegar al tren ni de broma, guardo mi diario y salgo corriendo hacia la estación.

No quiero perder el tren, llevo esperando este momento mucho tiempo. En octubre empecé a coincidir con un chico muy guapo, nos hemos mirado alguna vez, bueno en realidad me ha pillado mirándole alguna vez. Siempre que le veo se me revuelve algo por dentro. Se que él también me mira, alguna vez le he visto por el reflejo de la ventana, pero soy tan tímida que no me atrevo a decirle nada. Hoy por fin, me he levantado con la decisión de hablarle, tengo que dejar de ser tan tímida y ser un poco más valiente, con la vergüenza no voy a llegar a ningún sitio. Creo que se llama Javi, se lo escuché decir a un amigo suyo una mañana en el tren.

Llego exhausta a la estación debido a la carrera, entro corriendo y valido la tarjeta en los tornos.

– ¡Mierda, mierda! –grito al ver que el tren se va en mi cara. Se acabó mi gran oportunidad.

Me dirijo al andén de al lado de donde sale un tren en 5 minutos. Entro en el tren, me siento al lado de la ventana y coloco el bolso en el asiento de enfrente. Con el tren en marcha, saco mi termo del bolso y me bebo el café mientras veo como se difuminan las casas a la vez que vamos abandonando la estación con un suave traqueteo. Al terminar el café, vuelvo a guardar el termo y saco mi diario dispuesta es escribir una nueva página sobre mi aburrida vida.


Jueves 11 de marzo de 2004

Vaya idiota, he perdido el tren y hoy no le veré. Un día que pintaba bien, ha empezado fatal. 


Absorta en la escritura no me percato de que el tren se ha parado y un chico que se acaba de subir se está acercando a mí.

– Disculpa, ¿está ocupado? – me pregunta el desconocido.

Sin apartar la vista del diario, le digo que no con la cabeza muerta de vergüenza y quito el bolso para que pueda sentarse. Miro de reojo para ver quién es y casi se me cae el diario de la sorpresa. No me lo podía creer, era él, también había perdido el tren anterior. ¿Estaremos predestinados? A veces digo unas tonterías, ¿predestinados, él y yo? Ni en tus mejores sueños Blanca.

Estaba guapísimo, con su traje azul marino de todos los días y el flequillo engominado. Estaba mirando por la ventana, no podía parar de mirarle, justo cuando voy a continuar con mi diario le veo bostezar empañando la ventana con el vaho del bostezo. En ese instante gira la cabeza y nuestros ojos se encuentran. “Mierda, mierda, mierda”. Aparto corriendo la cabeza y noto como las mejillas se me empiezan a poner coloradas. “Venga Blanca sé valiente” me digo. Levanto la cabeza, le miro y le digo:

– Hola Ja-Ja-Javi – le digo tartamudeando. Qué vergüenza, dios, me quiero morir.

– ¿Cómo sabes mi nombre? – me dice sonriendo.

– Se-se lo escuché decir a un amigo tuyo el otro día. – le contesto muerta de la vergüenza.

– Qué cuaderno tan bonito, me encantan las golondrinas de la portada. – dice señalado mi diario.

– Es mi diario. A mí también me gustan las golondrinas, me lo compré por el poema de Becker – le dije mostrando el diario.

¿Por qué le estoy contando todo esto? Cuando me pongo nerviosa empiezo a decir cosas sin sentido y no hay quien me pare.

– ¿A sí que Bécquer? Muy buen gusto eh…

– Blanca, me llamo blanca.

– Encantado Blanca. – me dice sonriendo.

Nos quedamos un buen rato mirando, me quería perder en su mirada, tenía unos ojos marrón claro, preciosos, de vez en cuando le daba el reflejo del sol y le salían destellos color miel. Estuvimos hablando la mayor parte del trayecto. Era un chico súper agradable, me contó muchas cosas sobre su vida, como que trabajaba en una oficina cerca de Nuevos Ministerios o que hoy había perdido el tren porque se le habían pegado las sábanas.

Sin darnos cuenta dejamos atrás la estación de Entrevías, el tiempo se me había pasado volando, no podía estar más feliz. Un día que había empezado horrible, que había perdido el tren, que muy probablemente llegue tarde a trabajar, pero haber conocido por fin a Javi hizo que este día fuese un poco más especial.

En uno de los túneles antes de llegar a Atocha, Javi se pone de pie y me da la mano para ayudar a levantarme. Nos dirigimos a las puertas y justo cuando la oscuridad del túnel baña el vagón escucho una explosión y una terrible sacudida me lanza hacia atrás con mucha fuerza. No veo nada y un pitido se me mete en la cabeza, es tan fuerte que no escucho nada más. No siento las piernas, ¿qué está pasando? Me cuesta respirar. Siento un dolor agudo en la cabeza, me palpo con la mano y noto el pelo mojado y pringoso, intuyo que es sangre, los ojos se me llenan de lágrimas, ¿por qué a mí? Con la poca voz que me queda intento llamar a Javi mientras tanteo con las manos por el suelo, no puedo más, me duele todo, no puedo ni mantener los ojos abiertos, no pienso con claridad, no entiendo qué ha podido pasar, estaba saliendo todo tan bien… Entonces unas manos agarran las mías, es él. Me dice algo que no logro entender, intento decirle que le quiero, pero no soy capaz de pronunciar palabra. De repente se apaga la luz, todo se vuelve oscuro a mi alrededor. Con los ojos llenos de lágrimas le beso las manos y le regalo el último soplo de mi corazón.

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Volverán las oscuras golondrinas – Gustavo Adolfo Bécquer-

Relato inspirado en la canción Jueves de La Oreja de Van Gogh.

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