Actualidad Política

Positivo en censura

El coronavirus y la libertad de prensa

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 19 de la Declaración Universal de los DDHH

La crisis del coronavirus se ha convertido en muchos casos en un arma contra la libertad. Lo hemos visto en distintas partes del mundo desde el inicio de la pandemia: China, Estados Unidos e incluso España han protagonizado algunos de los muchos intentos de ocultar información sobre la enfermedad y sus consecuencias para la salud pública. Quizá por la situación de excepcionalidad o simplemente por abuso de la autoridad, la censura ha aparecido como solución al riesgo político de la verdad. ¿Dónde ha quedado la libertad de expresión tras la declaración de este estado de alarma mundial? ¿Acaso nuestras democracias están también en cuarentena?

Resulta curioso que la COVID-19, esa enfermedad que ha sacado a luz la censura, la discriminación, la detención arbitraria y las violaciones de derechos humanos; comparta número con uno de los pilares básicos de la Declaración de las Naciones Unidas. Son esas líneas del Artículo 19 las que están siendo reescritas una y otra vez por ciertos regímenes que no han podido resistir estos momentos de confusión para imponer el control sobre los medios e intensificar la censura estatal. “El hecho de que parte de esta información no esté a disposición de todo el mundo incrementa el riesgo de sufrir daños a causa del coronavirus y retrasa una respuesta efectiva”, afirma el director regional de Amnistía Internacional, Nicholas Bequelin.

David Huang en The New York Times

Desde que comenzó la crisis se han alertado numerosos ataques y violaciones contra los medios alrededor del planeta. La censura más temprana tuvo lugar en Wuhan, el punto 0 del coronavirus, cuando a finales de diciembre las autoridades locales silenciaron a varios médicos que compartieron sus temores sobre pacientes con síntomas, alegando que “difundían rumores”. En la ciudad había ya siete pacientes afectados por un virus desconocido que recordaba al SARS de 2002. “En cuarentena en el departamento de emergencias”, escribió uno de ellos, Li Wenliang, en un grupo de chat el 30 de diciembre. Pocos días después la policía china le hizo firmar un documento que afirmaba que sus palabras constituían un “comportamiento ilegal”.

Durante las primeras semanas, el gobierno chino prefirió mantener en secreto lo que estaba ocurriendo antes que arriesgarse a la alarma pública. Se acallaron las declaraciones de algunos medios como el Beijing Youth Daily y Caijing. Alrededor de once millones de residentes de la ciudad no supieron hasta días después que debían protegerse.

La enfermedad no tardó en expandirse y con ella también lo hicieron los líderes que han visto la pandemia como una llave a su favor. El Gobierno del ultraderechista Viktor Orbán, en Hungría, ha aprobado una ley que prolonga el estado de alarma de manera indefinida para gobernar por decreto sin un límite temporal y sin ningún control. En Rusia, Putin ha aprovechado el confinamiento para posponer una consulta ciudadana sobre la reforma de la Constitución, que contiene una enmienda que le permite perpetuarse en el poder potencialmente hasta 2036. Eslovenia, cuyo presidente estuvo en prisión por corrupción, también ha impedido a algunos periodistas preguntar y criticar las actuaciones del gobierno, incluso se ha autorizado a la policía a entrar en los domicilio sin necesidad de una orden judicial. Y no podemos olvidar los ataques del presidente estadounidense Donald Trump durante ruedas de prensa en la que se cuestionaban las actuaciones de su gobierno.

En España, más de 500 periodistas han firmado una carta abierta, “La libertad de pedir”, rechazando el formato de ruedas de prensa que La Moncloa ha introducido estas semanas. “Ya hemos visto cómo Pedro Sánchez ha dicho que la ley mordaza se va a poder aplicar en cuanto a respeto a la autoridad de los agentes del orden. No es algo puntual, lo estamos viendo por todos lados”, afirma el director de programas de la organización Artículo 19, David Díaz.

A raíz de estas situaciones de vulnerabilidad contra la libertad de prensa, sin embargo, han surgido decenas de iniciativas. Reporteros Sin Fronteras ha lanzado una plataforma en línea para evaluar el impacto de la pandemia en el periodismo y denunciar la práctica de la desinformación deliberada en todo el mundo. También Index ha publicado un mapa que se actualiza con las últimas noticias de atentados contra la libertad de expresión y sus diferentes grados.

“La salud humana no depende exclusivamente del acceso inmediato a atención médica, sino también del acceso a información precisa sobre la naturaleza de las amenazas y sobre los medios para protegerse a uno mismo, a nuestra familia, y a nuestra comunidad.”, escribían en marzo los órganos vigilantes de la libertad de los medios de comunicación de las Naciones Unidas. “El derecho fundamental e inderogable a la vida está en juego, y los gobiernos están obligados a asegurar su protección.”, reiteraban.

En tiempos de situaciones sin precedentes como la crisis que estamos viviendo, los gobiernos autoritarios atisban una oportunidad de revertir algunas libertades personales. La comunicación ha sido siempre una de las más accesibles: es más fácil suprimir esas verdades incómodas que afrontar la vergüenza política que suponen. Sin embargo, las evidencias hablan por sí solas. Y es hora de defenderse.

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