Cultura

La batalla más extraña de la Segunda Guerra Mundial

La única batalla en la que estadounidenses, alemanes y franceses combatieron como aliados

Hoy cumple 75 años una de las batallas más peculiares de la Segunda Guerra Mundial, el 4 de mayo de 1945 amanecía un día soleado en Itter, un pequeño pueblo situado en el Tirol austriaco. Dominando el pueblo se encuentra el lugar donde se van a desarrollar los hechos, el castillo medieval de Itter convertido en prisión por los nazis de 1943 hasta su liberación en 1945. Esta prisión formaba parte del famoso campo de concentración de Dachau situado a las afueras de Munich.

Esa mañana de mayo donde el Tercer Reich se hundía imparablemente, los prisioneros se dieron cuenta de que la prisión había quedado completamente vacía, tanto el comandante como los guardias de las SS habían huido la noche anterior. Los prisioneros, a la espera de que llegasen los aliados para su rescate, se armaron con lo que encontraron. Tras encontrar unos pocos fusiles que habían sido abandonados decidieron parapetarse a la espera de sus ansiados salvadores.

La suerte estaba de su parte, dos días antes Zvonimir Čučković, miembro de la resistencia Yugoslava, abandonó el castillo en busca de los aliados para que liberaran la prisión de la que hasta hace poco él formaba parte. Es de imaginar que el recorrido no tuvo que ser nada fácil en una Austria sumida en el caos total, con una feroz resistencia por parte de las SS que no querían aceptar lo evidente. Y es que hace tres días con el suicidio de Hitler en su búnker y la toma de Berlín por el ejército rojo habían perdido la guerra. Para un partisano todo era más fácil y con algo de fortuna encontró a la 103º división de infantería estadounidense, la cual se situaba a las afueras de Innsbruck.

En esos compases aparece en escena el mayor Josef Gangl junto a otros nueve soldados de la Wermacht que se entregan a los aliados, todos ellos comparten ser profundamente anti-nazis a pesar de haber estado combatiendo con ellos durante toda la guerra. Es importante señalar los numerosos casos existentes dentro de la Wermacht, la mayoría de ellos conservadores alemanes. Los cuales nunca vieron con buenos ojos a Hitler y solo le siguieron por el profundo sentimiento militar y de pertenencia que sentían con su patria. Se debe recordar que en esa época era delito traicionar a la patria, de hecho en la Alemania de la posguerra muchos generales alemanes que se habían revelado contra Hitler acumulaban cuentas pendientes con la justicia. Tanto escándalo fue este que el gobierno de la RFA tuvo que decretar al Tercer Reich como un estado injusto y por lo tanto, citando textualmente al ex-fiscal general de Hasse, Fritz Bauer “Un Estado de injusticia como el Tercer Reich es en ningún caso susceptible de traición a la patria”.

Volvemos al castillo de Itter esa mañana del 4 de mayo, dónde los prisioneros (en su mayoría franceses) ven a un pequeño grupo acercarse por la carretera que lleva al castillo. El grupo mencionado lo dirige el teniente Lee, bajo sus mandos están catorce soldados estadounidenses con un tanque Sherman, un todoterreno militar alemán llamado Volkswagen Kübelwagen y un camión que transportaba a los diez alemanes que se habían unido previamente a los estadounidenses. Estos son recibidos por los prisioneros franceses que a pesar de agradecer el rescate quedaron un poco decepcionados con la pequeña comitiva. Y no iban desencaminados porque en la madrugada del 5 de mayo de 1945 unos ciento cincuenta soldados de las Waffen SS (posiblemente las tropas más fanáticas de todo el ejército nazi) se disponen a tomar el castillo. Los defensores que se esperaban un ataque habían colocado previamente el tanque Sherman en la entrada principal del castillo, mientras el resto se colocaban en posiciones defensivas. En ese momento el Teniente Lee ordenó a los prisioneros que se escondieran hasta que el ataque terminara, estos se negaron y permanecieron luchando codo con codo con los defensores del castillo.

Josef Gangl y Jack Lee. Vía Historiasdelahistoria.com

El percal era el siguiente, estadounidenses, franceses y alemanes que no superaban la centena defendiendo un castillo medieval  de unos ciento cincuenta soldados de las Waffen SS bajo el mando de Georg Bochmann. La batalla pintaba bien para los aliados, aunque desde el primer minuto que el teniente Lee vio aparecer a los atacantes decidió correctamente pedir refuerzos. La defensa del castillo llego a estar en peligro cuando los nazis derribaron con artillería de 88mm el tanque Sherman, por suerte sin ningún herido o muerto para los defensores, debido a que todos los ocupantes abandonaron el tanque antes del fatal desenlace. No tardaron mucho en llegar los refuerzos que el teniente Lee había pedido, en este caso la 104º división de infantería logró llegar a tiempo y derrotar a los atacantes, los cuales la gran mayoría fueron hechos prisioneros.

La liberación había concluido.

Fachada del castillo, dañada por los disparos del cañon de 88 mm
Fachada del castillo, dañada por los disparos del cañón de 88mm utilizado en el fallido asalto nazi. Vía Ordendelabatalla.org

No se tuvieron que lamentar muchas bajas en los defensores, solo hubo una, la del mayor de la Wermacht Josef Gangl, el cual murió de un disparo de francotirador mientras intentaba poner a salvo a un prisionero francés. Gangl recibió la cruz de servicios distinguidos post morten, actualmente una calle de la cercana ciudad de Wörgl lleva su nombre.

Esta batalla es considerada como la más extraña del conflicto, en la que hombres anónimos y de distintas nacionalidades se juntaron para vencer los restos de un acabado ejército nazi que se iban repartiendo por todo el antiguo y derrotado Tercer Reich que un día un grupo de dementes habían decidido llevarlo a la “gloria” sin saber que lo llevarían al más profundo abismo.

A veces escribo sobre política e historia. En Twitter: @NicoFernandezMa (https://twitter.com/NicoFernandezMa)

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