Opinión

Desplumados

Decimos que un hombre o una mujer tiene pluma cuando se expresa de forma contraria a su rol de género tradicional. Por ello, muchas veces hablamos de hombres “afeminados” y mujeres “masculinas”. Sin embargo, pese a la cantidad de veces que escuchamos insultos como “marimacho”, “machorra” o “marica loca” muy pocos estudios tratan la pluma como algo más allá de lo coloquial. Es algo que no se tiene en cuenta porque lo principal es la lucha por los derechos, pero los prejuicios sobre la pluma o la plumofobia también son causas principales de discriminación. Y no solo eso, la creciente hipermasculinidad dentro del colectivo gay, ha constituido una ruptura con los miembros más “afeminados”. Perfiles de redes sociales y apps de citas como “abstenerse locas y plumas” o “solo machos” representan un ataque contra la libertad de alguien para identificarse con su sexo sentido, independientemente de su personalidad o comportamiento.

Tener pluma ha significado desde el primer momento la “salida del armario”de un colectivo que se encontraba oprimido en su sociedad, y aunque muchos lo olviden, ha permitido su visibilidad y posterior reconocimiento de los derechos del colectivo. La imagen que pudieran dar no siempre fue positiva, la pluma constituía una visión más “moderna” de lo que un hombre y una mujer podían ser en una sociedad muy tipificada. Por mucho que pueda ignorarse la relación entre la pluma y la cuestión de género, están íntimamente relacionadas. La pluma tanto masculina como femenina no es una visión burlesca de la feminidad o de la masculinidad, consiste en una ruptura con la perspectiva clásica de hombre y mujer, permitiendo el progreso en la libre identificación de género.

La plumofobia, por ende, es el miedo o la aversión hacia la pluma tanto de una mujer como de un hombre. Este tipo discriminación hacia los homosexuales en cuanto a la idea preconcebida que se tiene de su comportamiento, no solo es una conducta homófoba sino también impone reglas de género. La causa más evidente de discriminación en este caso es la inversión de lo roles de género tradicionales. Mucha gente critica que los homosexuales no actúen con “normalidad”, es decir, según los roles de género de toda la vida. Que a muchos homosexuales se les critique por su forma de comportarse, ya sea llamada “masculina” o “femenina” ¿Indica una molestia hacia la homosexualidad en sí o la adopción de roles que no les corresponde? y si eso fuera así ¿No estaríamos perpetuando una perspectiva de género, que aparte de limitar nuestra comportamiento, posiciona históricamente a un género por encima de otro? Lo que nos lleva a pensar ¿es tratada la pluma masculina o femenina de la misma manera en la sociedad?

Ilustración, Zafaraz

Pensar que lo que nos hace hombres o mujeres es la masculinidad y la feminidad es defender solo una costumbre que nos viene dada. La pluma es una expresión que sirvió para romper ese esquema de género y tratar de liberalizarlo. Que exista la posibilidad de ampliar la capacidad de nuestro comportamiento abre ventanas hacia la reordenación social y el conocimiento sobre el género persona. No obstante, concebir la pluma como masculina o femenina también es un error hoy en día. La estructura social está cambiando y los géneros dejan de distinguirse con el objetivo de unificarse. Es difícil considerar actualmente, que la pluma se identifique con lo masculino o lo femenino, pero sí parece ser un símbolo de unificación social.

Asesinos de palomas, Antonio Asensi

Por desgracia, lo más sorprendente es que existe un movimiento contrario, que en vez de unificar los géneros trata de hacer una hipérbole de la masculinidad o la feminidad para distinguirlos. Ello no significa que la identificación masculina de un rasgo como la barba,el músculo o el vello en el cuerpo vaya a sentirse como masculina o “propia de los hombres” porque esto sirve a la moda del momento. Pero sí indica que existe un movimiento anti-pluma que reivindica una masculinidad que va en contra de una pluma concebida como femenina, según los roles de género tradicionales.

Aquello que da lugar a comentarios como; “Ah eres gay… no se te nota nada” o “Afeminados = asco”encierra una falsa tolerancia hacia la homosexulidad y encubre una estructura de género casposa que no se adapta a la realidad diversa de nuestro siglo. Es posible que la pluma haya dejado de servir como un símbolo de identidad para los homosexuales o medio de ruptura con respecto al modelo tradicional de género. Pero aún así, sigue siendo importante defender la libre expresión de uno mismo y su identificación con el género que desee, dando lugar a una más abierta en cuanto al género y orientación sexual se refiere.

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