Opinión Política

Ya nadie habla de Hong Kong

Con pandemias, confinamientos y movimientos antirracistas de por medio, ya nadie habla de Hong Kong. Poco más de un año después parece ser que aquellas millones de personas que alzaban su voz en las calles en busca de libertad, ya no deben ser escuchadas. No copan telediarios, portadas, ni son tema de conversación. Pero, sin embargo, esos gritos siguen estando ahí y esas voces, detrás de una mascarilla, deben seguir siendo oídas y no silenciadas y oprimidas por la “doctrina del miedo”.


En junio de 2019, medio mundo pareció sorprendido por la cantidad de manifestaciones que se sucedían por las calles de la ciudad costera del Sureste de China. Unas movilizaciones populares, que no fueron las primeras ni serán las últimas, ya que siempre se tratan de intentar dejar a más de 7 millones de personas sin libertad de expresión ni derechos democráticos. Hong Kong, como todos sabemos (muchos por el sabio Google), fue una antigua colonia británica, que actualmente es denominada oficialmente como una Región Administrativa Especial de la República Popular China. Este título quiere decir que el territorio que compone Hong Kong, goza de un nivel de autonomía superior a la del resto del país, y, debido a ello, puede organizarse en un modelo legislativo y político similar al de occidente. Este curioso choque político en lo que constituye un país soberano formado en un Estado unipartidista gobernado por el Partido Comunista, ha traído muchos quebraderos de cabeza a los ciudadanos de Hong Kong e intentos de muestra de totalitarismo inquebrantable de China.

Firma de la Declaración Conjunta Sino-Británica en 1997. Fuente: SCMP


El origen de este modelo: “un país, dos sistemas”, se remonta a 1997, año en el que se firmó la Declaración Conjunta Sino-Británica, que seguía la idea de Deng Xiaoping, el entonces presidente de la República Popular China, para la unificación de Macao (la otra Región Administrativa Especial de la República Popular China) y Hong Kong. Con aquella firma, China se constituía como un solo país en el que podían coexistir sistemas económicos y políticos diferentes en determinadas zonas. De esta manera, se creaba la anteposición y utopía de la existencia de un sistema capitalista dentro de un Estado constituido en un sistema socialista, dando lugar a la democracia casi occidental de Hong Kong.
Como se puede uno imaginar, un territorio democrático constituido en un Estado de derecho, y caracterizado por la libertad económica, iba a tener continuos choques con un mando dirigido por un estado totalitarista, con un modelo de mercado socialista, y comunista.

Y ha sido así, porque desde entonces, se ha intentado imponer, de manera enmascarada y sin éxito, leyes que enmarquen en un modelo político similar al de China Occidental a Hong Kong. Lo de “un país, dos sistemas” llegó a sonar “creíble” los primeros años, pero desde entonces cada intento de cambio, y digamos “disminución democrática”, ha conllevado su pertinente respuesta por parte de la ciudadanía. Véase las protestas cada 1 de julio desde 2003, y las movilizaciones ciudadanas de 2014 y 2019. Esta última, la de junio del año pasado, estuvo caracterizada, como todos sabemos, por las asiduas manifestaciones y la violenta represión de la policía hacia los manifestantes, que tristemente pueden recordar a Tiananmen, Tíbet o los uigures, en una versión menos beligerante y actual.

La policía lanzando gases lacrimógenos a los manifestantes en julio de 2019. Fuente: CNN en Español


Un año después de las tan escuchadas, retransmitidas, apoyadas y criticadas, manifestaciones de 2019. Nadie más habla ya de Hong Kong. Y es comprensible que la gente desvíe su atención a otros temas como el COVID-19 o el #BlackLivesMatter, pero nunca será comprensible que el mundo se olvide de la gente que lucha por sus derechos y libertades. Más aún, cuándo en mayo de este año, China volvió a la ofensiva con una Ley de Seguridad Nacional que pretendía acabar con: “la traición, la sedición y la subversión” al régimen chino en Hong Kong.


Lo de Hong Kong, es una lucha y una democracia, que poco o nada interesa a otros países por el miedo que tienen a China, que una vez más no quiere quedar de “débil” ante el mundo y trata de imponer sus ideales a un territorio tradicionalmente democrático como este. Ya nadie habla de Hong Kong.

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