Opinión Política

Testigos de la homogeneidad

Bien es sabido que, habitualmente, de la colectivización a la uniformidad sectaria hay un paso. También en lo que a los partidos políticos se refiere. Así pues, asiduamente, escuchamos expresiones como ‘’polarización social’’ o ‘’extremismo ideológico’’, las cuales se encuadran en el contexto de crispación comunitaria del que estamos siendo partícipes. Es por ello que, por ejemplo, en el ámbito de las redes sociales, se ha tomado con tanta solemnidad aquello de ‘’la mejor defensa es un buen ataque’’ que hemos terminado por postergar la idea del debate fértil y enriquecedor para abocarnos hacia el pernicioso mundo del agravio.

Viñeta sobre el sectarismo y la intolerancia en política | Fuente: Puebla (ABC)

De esta manera, a ello nos han conducido, mayoritariamente, las estrategias internas adoptadas por los principales grupos parlamentarios de nuestro país. Por un lado, encontramos a aquellos que han adoptado la potestad de erigirse como valedores de la presente moral, dictando qué es y qué no es éticamente acertado, mientras que, por otro, se han postulado los patrocinadores de ‘’la crítica por la crítica’’, depauperando por completo el arte de la reforma, la maestría del entendimiento y la integridad y el linaje del debate.

Así, la ciudadanía ha optado, progresivamente, por amparar este tipo de pericias políticas, como si pareciera que hayamos comenzado a comprar cualquier discurso con tal de agraviar a nuestros ‘’adversarios’’ ideológicos, sin depurar aquello que defendemos a través de nuestro propio filtro y criterio moral. Esto, sencillamente, es peligroso, pues podemos vernos importunados por el riesgo de caer en la instrumentalización política del sujeto, perdiendo por completo nuestra libertad ideológica individual.

Es frecuente, por tanto, advertir cómo ciertos grupos han comenzado a instaurar en sus diatribas una especie de blanqueamiento de regímenes no democráticos o, incluso, bandas terroristas, lo que, en un principio, sería impensable para un sector claramente mayoritario de la población, pero que, sin embargo, ha calado hondo en gran parte del votante español. De esta manera, se hace patente el asentamiento de la mencionada polarización político-social.

Control ideológico | Fuente: José Melero Campos (Cope)

Por otra parte, esta situación se ha visto, a su vez, deteriorada por la política de homogeneidad que parece haberse instalado (a lo largo de nuestra historia) en el funcionamiento interno de los partidos políticos.

De este modo y, precisamente por ello, hemos de ser capaces de tolerar la disconformidad incluso en el núcleo de un mismo partido, pues cuando la idiosincrasia política queda relegada en favor de la uniformidad en el discurso, podemos certificar que nuestra forma de entender y hacer política ha quebrado. La ‘’necesaria’’ homogeneidad dentro de los grupos es síntoma de una gravísima carencia de cultura política. En palabras de Cayetana Álvarez de Toledo: ‘’La discrepancia no es sinónimo de deslealtad, la libertad no es indisciplina y el pensamiento propio nunca es un ataque a la autoridad. Esta idea esconde una visión resignada de los partidos políticos, como si estos estuvieran condenados a ser camarillas cerradas.’’ Por esta razón, podría señalarse que el sectarismo ideológico es la lacra política del siglo XXI. 

Consuetudinariamente, podríamos, además, indicar que entre los principales líderes políticos existe cierta tendencia a rodearse de aquellos más afines ideológicamente, dejando poco espacio a la crítica constructiva de los que, aunque pertenecientes a la misma formación, discrepan con la forma en la que es dirigido el rumbo de la agrupación.

Es, por tanto, precisamente la inclinación a relegar a los críticos lo que, mayoritariamente, empobrece nuestra forma de concebir la política, pues la lealtad y el criterio propio son perfectamente compatibles. Así, es necesario señalar la importancia de comprender que ni los colectivos, ni los partidos políticos son homogéneos y, a su vez, de exteriorizar libremente la discrepancia con nuestros afines, pues es la manera más eficaz de naturalizarla. 

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