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Sélpide: “Epitaph’ surge como una promesa de ser capaz de salir de una época horrible”

Sélpide (@selpidegrams) es una polifacética veinteañera residente en Madrid amante de la música y la literatura. Durante el confinamiento, decidió dejar atrás sus miedos e inseguridades para volcar todos sus sentimientos en una maravillosa conjugación de sus dos artes favoritos. El resultado es la sencilla y melancólica “epitaph”, su primer single autoproducido que salió a la luz el pasado 11 de septiembre.

Pregunta: Hace poco te cambiaste el nombre de tus redes sociales ¿algún motivo en especial para esta decisión?

Respuesta: Antes me llamaba @nutriagram porque mis amigos llevaban años llamándome Nutria. La anécdota de como empezó todo es bastante graciosa. Un día, mientras iba a clase de inglés, una amiga se puso a dibujar una nutria en la agenda y escribió “hola me llamo Nutria” por mi nombre, Nuria. Mis amigas del colegio lo vieron y les pareció muy gracioso por lo que comenzaron a llamarme de esa forma, así que yo me puse Nutria en todas las redes. Con el tiempo y a medida que mi cuenta crecía, comenzó a ser extraño que gente que no me conocía en persona comenzara a llamarme también así cuando era algo que se reservaba a mis personas más cercanas.

A su vez, a nivel de posicionamiento no es lo ideal. Si buscas “Nutria” en YouTube te salen vídeos de nutrias, lo cual es normal porque son unos animales muy adorables. Un punto gracioso es que a mi no me interesaban tanto hasta que empezamos con las bromas y ahora me encantan. Sin embargo, necesitaba un nombre que fuera más fácil de localizar. Con Sélpide, al ser una palabra inventada, si la introduces en el buscador solo te puedo salir yo.

P: ¿De dónde nace tu historia con la música?

R: Desde siempre he cantado mucho. Por algún motivo, cuando tenía tres años o así, estaba obsesionada con Chenoa y tengo vídeos de pequeña cantando sus canciones. Con todo, llegada una edad empecé a pensar que lo hacía muy mal. Tenemos la concepción de que si no eres capaz de llegar a las notas altas no vales, por lo que me convencí a mí misma de que no era lo suficientemente buena y de que no iba a gustar a nadie. Siendo un poco más mayor, mientras estudiaba en un colegio de mojas, formé parte del típico coro religioso que sale en las películas. Fue ahí cuando comencé a cantar más seriamente, pero seguía pensando que nunca podría dedicarme a ello.

Al mismo tiempo, soy una enamorada de la literatura y escribo pequeñas historias desde hace mucho tiempo. Había veces en las que escribía cosas menores que no podían llegar a ser cuentos, pero que al mismo tiempo me daba pavor llamar poemas porque en el instituto siempre nos han enseñado que para calificar a algo poesía debe ser realmente bueno. Con el paso del tiempo, me di cuenta de que aunque no era poesía, sí podían ser canciones. Desde ese momento empecé a escribir letras de canciones como si no hubiera un mañana. Sin embargo, aunque siempre me ha apasionado la música, no era capaz de ponerle música porque entendía muy poco de ese mundo.

P: ¿Cómo surgió “epitaph”?

R: La canción nació de una época muy mala. En abril, durante el confinamiento, pasé momentos genuinamente horribles en los que tenía muchos pensamientos intrusivos y en los que aún no me habían diagnosticado que era lo que podía tener. Aunque llevo años yendo a terapia, estaba muy perdida porque no sabía cómo enfrentarme al problema. Básicamente, no discernía cómo iba a ser capaz de salir. Estaba tan agobiada que pensé que necesitaba tener algo a lo que aferrarme y hacerme una promesa a mí misma.

Hablé con una amiga que me recomendó que si a corto plazo no era capaz de ver nada, debía centrarme en un periodo de tiempo más largo. Así que eso fue lo que hice, pensé “vale, quiero imaginarme en un futuro en el que gane mi propio dinero, en una casa con los suelos de madera donde tenga un tocadiscos para poder reproducir al fin mi vinilo de Lorde e invitar a mis amigos y, sobre todo, en el que sea capaz de seguir adelante. Voy a luchar por eso. Voy a dejarlo escrito”. Ese fue el punto de inflexión del que nació “epitaph”. Ahora que me escucho todo esto suena súper intenso dicho en voz alta, pero no pasa nada, porque es la realidad.

P: ¿Cómo describirías el proceso de producción?

R: Pues fue muy gracioso. Una de mis amigas más enteradas en el tema encontró una aplicación que tenía pregrabados diversos acordes con varios instrumentos y me dijo “te va a venir bien porque no vas a necesitar saber mucho sobre música”. Yo siempre había tenido en mente las melodías, pero no era capaz de trasladarlas a notas. Entonces, empezó un divertido proceso en el que comencé a probar acorde tras acorde hasta que fui capaz de encontrar una combinación que recreara los sonidos que se reproducían en mi cabeza. Una vez conseguido esto, trasladé dichos acordes al teclado de mi amiga hasta que, una cantidad vergonzosa de tiempo después teniendo en cuenta que la canción se basa en cuatro notas en bucle, conseguí aprender a tocarla y cantarla a la vez. Por lo demás, fue bastante fácil porque se trata de una canción sencilla con solo un instrumento y sin segundas voces que casi no tiene producción. No obstante, para un principio, considero que no está mal del todo.

P: ¿Cuál fue el proceso de creación de la portada?

R: Para empezar, quiero reiterar que estaba muy mal el día que surgió todo. Antes incluso de conocer la futura existencia de la canción, escribí en un cuaderno lo que posteriormente se convertiría en parte de la letra de “epitaph” (aunque yo por aquel entonces no sabía que lo sería). En la otra página hice el típico juego de niños de dibujar el contorno de mi mano para reiterar mi compromiso. A continuación, con mi cámara analógica hice una fotografía para que quedase un registro físico de la promesa que yo me estaba haciendo a mi misma. Luego pensé que no había nada mejor como portada del single.

P: Últimamente ha habido muchas controversias con las etiquetas musicales y lo complicado que es la mayoría de las veces encajar una obra musical en ellas ¿Te atreves a ponerle una etiqueta de estilo a tu composición?

R: La verdad es que no sabría que poner. Al final, supongo que todo el mundo crea cosas en base a sus influencias y, teniendo en cuenta que yo consumo pop por encima de todas las cosas, alguna clase de pop debe ser. Dentro de eso, al ser más tranquila y parada, podríamos decir que es pop alternativo, aunque actualmente la etiqueta de alternativo se usa para cosas a las que no estaba destinada en un principio. De todas formas, aunque a nivel comercial entiendo la necesidad de etiquetarlo todo, a nivel artístico no me parece verdaderamente importante.

P: ¿Cuáles dirías que son tus principales influencias?

R: Podríamos decir que mis dos grandes influencias son Lorde y Halsey, a las que les tengo dedicado un altar en mi habitación. A Lorde la descubrí aproximadamente en 2013 cuando salió Pure Heroine y, aunque en su momento solamente me gustaba sin más, acabó siendo mi artista favorita. Por su parte, en 2016 encontré “Colors” de Halsey un día paseando por Tumblr, me fascinó y, ya después, descubrí el disco entero.

Asimismo, también están The Luminers, quienes me han influenciado especialmente a nivel lírico. Por último, como kpoper que soy, no puedo olvidarme de Red Velvet, una girlband que me encanta y de las que más serotonina me producen. A nivel musical, como cada una de sus canciones las crean productores diferentes, me han ayudado mucho a abrirme a nuevos horizontes.

P: ¿Tienes algún amigo o amiga que cante y al que le gustaría dedicarse también a la música?

R: Mi famosa amiga Sara (@sararubicubi) que me ayudó con la composición de la canción a nivel musical. Lleva bastante tiempo estudiando música y sabe tocar el piano. De hecho, estuvimos en un grupo juntas durante una época cortita porque el proyecto no salió bien. Por otro lado, también está mi amiga Marta (@martitara) que canta como los ángeles, lleva muchísimo tiempo subiendo covers y también compone sus cosillas. Ella también estuvo con Sara y conmigo en el grupo porque como veis somos monotemáticas (risas).

P: También me gustaría preguntarte un poco sobre Una canción que nunca acaba, el libro que autopublicaste en cuarentena.

R: Una canción que nunca acaba fue una novela que escribí sobre 2017 porque durante aquella época estaba obsesionada con terminar un libro antes de los 18 porque quería poder decir que había terminado una novela antes de ser mayor de edad, sí, por ningún otro motivo ni razón coherente. Por entonces, la mandé al premio literario Jordi Sierra i Fabra de la editorial SM para menores de 18 y a varias editoriales sin conseguir ningún tipo de respuesta positiva. Por todo esto, me desencanté un poco con ella y me dije “no voy a hablar de ella nunca más”.

Con todo, aunque sé que hay artistas que crean por distintos motivos, mi razón para escribir mis libros y canciones es compartirlos con los demás. Me di cuenta de que, al final, lo que realmente quería era que alguien la leyera, más allá de obtener algún tipo de reconocimiento por parte de la crítica. También reflexioné que si no la sacaba ya, no la sacaría nunca, porque llegaría un momento en el que estaría demasiado avergonzada para compartirla con el mundo. En cuarentena pensé: “¿qué mejor momento que ahora que está todo el mundo aburrido en su casa?”. Al final, resultó en una experiencia maravillosa porque la gente se interesó, comentó, hizo fanarts sobre la historia… Es muy bonito porque a partir de ahora cuando me siento triste puedo volver a Wattpad (que es donde está publicada) y ver todo su apoyo.

P: ¿Nos podrías hacer una recomendación de algún libro?

R: Voy permitirme la concesión de que si estáis aquí es porque os gusta el rollo de “epitaph”, así que os voy a sugerir algo parecido. Os recomiendo Desayuno en Júpiter de Andrea Tomé, una novela sobre dos historias entrelazadas que transcurren en diferentes momentos sobre los últimos meses de vida de una escritora famosa. La leí también durante la cuarentena y tiene de todo: historias sobrenaturales, fantasmas, representación LGTB…

P: ¿Tienes algún otro proyecto en marcha?

R: Este verano he escrito una novela muy larga y muy compleja de la cual mi persona interna y lógica me dice que si en su momento ninguna editorial se interesó por Una canción que nunca acaba esta no va a conseguir casa jamás. Sin embargo, la he estado corrigiendo, se la he dado a leer a mis betas y voy a intentar moverla todo lo posible porque a diferencia de la anterior esta sí me convence.

Por el lado de la música, tengo muchas letras escritas. Aunque al principio decidí que iba a tomármelo con calma, el apoyo que ha tenido “epitaph” me ha ayudado mucho a seguir adelante. Mis expectativas eran inexistentes, de forma que todo lo que he recibido me ha sorprendido. Estoy con una prima mía que toca la guitarra intentando ponerle música y sacar otra canción, esta vez en español. Además, también estoy trabajando en el lyric video de “epitaph”.

P: Por último, nos surgen muchas dudas sobre tus historias destacadas sobre los “36 plátanos” ¿Cuál es la aventura que se encuentra detrás?

R: Es una historia muy patética, pero entiendo que es precisamente por eso por lo que a la gente le gusta tanto. El día que declararon el estado de alarma, mi compañera de piso y yo deducimos que la gente se iba a poner loquísima, irían al supermercado y acabarían con todo. Lo que efectivamente ocurrió con el papel higiénico. Por si acaso, hicimos un pedido online al supermercado para tener los mínimos por si se desataba la locura.

Pues bien, mi intención era comprar seis plátanos para que me duraran dos semanas. Cuando me metí en la web le di a la opción de seleccionar seis veces. A los cuatro o cinco días, nos llegó la compra y encontré una bolsa enorme donde solo había plátanos. Cuando los conté, me di cuenta de que eran 36 y me pregunté “¿pero qué ha pasado?”. Resulta que cada uno de las veces que clicaba para añadir era para elegir caja de plátanos, no un plátano individual.

A partir de ahí, comenzó una maravillosa odisea para intentar gastar los plátanos antes de que se pusieran malos, por lo que estuve dos semanas solo haciendo recetas que los llevasen. Gracias a esto, descubrí que se pueden hacer muchísimas cosas con ellos. Me lo tomo a broma, pero genuinamente aprendí muchísimo y ahora soy una apologista de los plátanos.

Proyecto de periodista y comunicadora. Amante del arte y la cultura. Intentando definirme a mí misma

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