Opinión

Historia de un declive: de la consecución de libertades al feminismo por puntos

En ocasiones, los discursos amparados por aquellos movimientos que pudieran parecer más revolucionarios y vanguardistas, paradójicamente, son los primeros en comenzar a sonar trasnochados, antediluvianos. Esto es, precisamente, lo que está sucediendo con la prédica del movimiento feminista.

La exitosa historia del feminismo, anclada principalmente en la consecución de derechos y libertades tan significativos en ámbitos como el laboral o el sufragista, está quedando empañada por los errores de aquellas que se erigen como representantes o adalides de una especie de ‘’colectivo’’ artificial y desnaturalizado.

Así, pues, en opinión de gran parte de la ciudadanía, el feminismo ha terminado por eludir los problemas de fondo que sufren realmente las mujeres en nuestro país, para dirigir su combustible hacia la criminalización incansable de la figura masculina. Tenemos un movimiento feminista, a mi entender, consumido, agotado y, sobre todo, deslegitimado.

De esta manera, como ya expresaba la reputada escritora y periodista Kathy Young en el año 2016: ‘’Decir que las feministas fustigan a los hombres parece un cliché, una caricatura misógina. El motivo central del feminismo, aseguran sus defensoras, es la lucha por la igualdad. La etiqueta del odio a los hombres es producto de la difamación o de un malentendido. Sin embargo, gran parte de la retórica feminista actual ha cruzado la línea que separa las críticas al sexismo de las críticas a los hombres.’’ 

Manifestación del movimiento feminista | Fuente: La Tribuna del País Vasco

La desvirtuación del discurso feminista ha alcanzado tal punto que, en los últimos meses, incluso hemos podido oír como líderes de ciertas grandes formaciones decían que la manera en la que los hombres afianzan su postura dentro del transporte público puede considerarse, también, violencia machista. De este modo, parece que aún, a día de hoy, no nos hemos percatado de que, precisamente, este tipo de alegatos son los que menos contribuyen a promover la supuesta igualdad deseada, pues más bien la obcecación con el varón únicamente ayuda a desviar la atención de aquellas contrariedades que realmente afectan a la figura femenina.

Así, el movimiento, falto de ideas y profundamente politizado, ha tocado fondo. Ha dejado de representar a gran parte de las mujeres, no solo en nuestro país, sino todo en el mundo. En palabras de Cuca Casado, experta en estudios de violencia más allá del género y diplomada en enfermería: ‘’Estamos viendo a mujeres diciéndoles a otras mujeres cómo deben llevar sus vidas. Es el nuevo machismo imperante. Es muy peligroso porque viene disfrazado.’’

Con esto, si lo que pretendíamos era construir un colectivo abierto e inclusivo, hemos logrado todo lo contrario: la edificación de un movimiento sectario, sin rumbo y, en ocasiones, discriminatorio. De este modo, pareciera como si la no aceptación de todos los preceptos amparados socialmente por la cúpula del movimiento feminista (y reiterados por sus discípulos), te hiciera, directamente, dejar de formar parte del mismo, como si de la posesión de un ‘’carnet por puntos’’ se tratase.

Asimismo, la ya mencionada politización del movimiento, se ha convertido en la gran lacra en términos de igualdad de la historia reciente. Los partidos no sienten un interés real en la igualdad, ven en el feminismo una manera sencilla para captar el voto y obtener, así, un importante rédito electoral a expensas del mismo. El movimiento se ha convertido en la populista y exitosa estrategia sobre la que amparar sus campañas electorales. Desde ciertos sectores sociales, a su vez, se presenta a la mujer, solo por el hecho de serlo, como víctima de un sistema opresor, postergando todo lo que hemos ido consiguiendo,  todo lo que hemos logrado, despreciando lo que hemos avanzado. Así, categorizar a alguien como ‘’víctima sistemática’’ de la patriarcalización, únicamente contribuye a debilitarlo, si cabe, aún más.

Utilización con fines electorales y propagandísticos | Fuente: Diario Expansión

Reorganización, igualdad real, establecimiento de nuevos y coherentes objetivos, inclusión, reivindicación desde el respeto y la preparación. Estos debieran ser, de cara al futuro, los pilares sobre los que el movimiento feminista se asentara, pues, de no abandonar el entramado de ingeniería social que subyace tras él, el feminismo acabará siendo, a no más tardar, inmolado por el propio feminismo.

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