Actualidad Política

“Hoy presentamos una moción de censura”

Ignacio Garriga, diputado de Vox, abría esta mañana la primera de las dos jornadas en las que el Congreso debatirá y votará la moción de censura que el partido de ultraderecha ha presentado contra el gobierno presidido por Pedro Sánchez. Garriga ha sido el encargado de presentar la moción que, pese a saber que no tiene futuro, dará que hablar y será el producto de todo lo que el debate político transmita en las próximas semanas.

Garriga apelaba a un deber nacional, que contrasta con lo que el resto de la derecha española calificaba como un simple instrumento de marketing. Su discurso pretendía explicar qué motivos llevaban a su partido a proponer esta moción de censura; pero, en gran medida, se ha convertido en una ristra de calificativos para los partidos del Gobierno con el objetivo de hacer de Garriga una cara más conocida, como futuro representante del partido verde en las próximas elecciones catalanas.

PRIMERA RONDA: ABASCAL vs SÁNCHEZ.

Después de Garriga, apareció sobre la tribuna el candidato a la presidencia del Gobierno, Santiago Abascal. El discurso del presidente de Vox empezó por descalificar a los grupos políticos que el pasado mes de enero apoyaron el gobierno de coalición en la investidura. No han sobrado evocaciones a ETA, a los partidos nacionalistas y a una necesidad de ilegalizar los partidos que, en sus palabras: “cobran por representar a la nación, pero trabajan para destruirla”. Abascal calificó al Gobierno de aliarse con narcodictaduras y los acusa de promover violencia contra los suyos, glorificar a asesinos y atacar a la policía. En un resumen algo escueto, en las dos horas de intervención del candidato por Vox a la presidencia del gobierno, ha mantenido el discurso que su partido lleva repitiendo durante hace meses. No obstante, lo realmente interesante de la intervención del representante de la ultraderecha española no está en lo que siempre dice, sino en todo aquello nuevo que ha aparecido en su discurso.

El discurso de Abascal cargó contra la Unión Europea que asegura que produce el fin de los pueblos. Se enorgullece de comprobar que surgen numerosos movimientos patrióticos que se erigen como salvadores de naciones frente al globalismo, promovido por lobbies y George Soros. Así mismo, aplaude las acciones de Donald Trump tras salirse de la OMS, a la que acusa de ocultar la pandemia y servir como instrumento de un expansionismo chino. Chino, de entre todos los adjetivos de esta jornada, ha resonado con más significado que ningún otro, puesto que los discursos de Vox se han centrado en dejar claro que la Covid-19 es el virus chino.

De entre todo lo nuevo, el discurso de Abascal ha encontrado un nuevo camino para intentar rascar los apoyos más populares, al criticar con vehemencia que este gobierno vive sometido a las oligarquías y grandes poderes económicos. Sin embargo, esta nueva estrategia discursiva de la ultraderecha está enfrentada con los argumentos que desde su aparición llevan abanderando. Este nuevo discurso social, rescata las críticas a las subvenciones a partidos (de las que el suyo se beneficia, no obstante), ha añadido también al IBEX (pese a que después defiendan a Amancio Ortega) y a las empresas tecnológicas, frente a las que el gobierno no hace nada, aunque sea su partido el que votase en contra de la Tasa Google.

El turno de Pedro Sánchez comenzó con un aviso a Abascal: “no vamos a entrar en ninguna de sus provocaciones”. Cierto es que Sánchez durante su primera intervención se mantuvo, pero perdió en los tiempos de réplica. Sus primeros minutos le sirvieron para defender los acuerdos llegados con Europa y la importancia de la co-gobernanza que brinda el sistema de las autonomías.

El Presidente del Gobierno resaltaba que la intervención del candidato no contase con ningún tipo de programa ni propuesta, algo insólito, según Sánchez, en alguien que se presenta a presidir España mediante una moción de censura. Pedro Sánchez le señaló a Abascal que no parece entender que en la cámara del Congreso esta representada la España real, y que su moción solo promueve enfrentar y no hablar de los problemas de verdad. Criticó su falta de soluciones y su incapacidad de gestión y le afeó su concepción sobre el patriotismo, que solo es patriota para con los que piensan como él, mientras que en realidad “odia a España tal y como es”.

Así mismo, recordó a la cámara que fue el gobierno de Jose Luís Rodríguez Zapatero el que acabó con la banda terrorista de ETA. Así pues, no entiende cómo un partido que se hace llamar constitucional llama a la ilegalización de todo aquel que piensa diferente a él. Por último, el Presidente apela directamente a Casado, y le pide que no permita que Vox le dirija el discurso. Le aseguró que el objetivo real de esta moción es él, no el gobierno, y le pedía no apoyar la moción y buscar juntos un futuro prospero y estable para España.

2ª Ronda: Intervención de los partidos minoritarios.

Los partidos minoritarios que forman parte del grupo mixto utilizaron su turno para decirle “no” a Abascal, aunque cada uno con sus propias particularidades. En caso de Martínez Oblanca (Foro Asturias) y de García Adanero (Navarra Suma), ambos diputados defendieron su postura en los acuerdos que ya tienen con el Partido Popular y su candidato, Pablo Casado. No obstante, aseguraron a Santiago Abascal que comparten los motivos que producen la moción, pese a que disienten en el pensamiento anti-autonómico de Vox.

El resto de partidos del grupo mixto, independientemente de ideologías, señalaron “el peligro que supone Vox a la democracia española”, pero sobre todo “sienten que el Congreso pierda el tiempo en estos circos” en vez de en lo que realmente preocupa a los españoles. En palabras de Ana Oramas a Santiago Abascal: “Ha montado usted un teatro”.

Después del turno del grupo mixto, llegó la hora de EH Bildu, cuya portavoza en el congreso, Mertxe Aizpurua, recordó, como ya hizo el Presidente, que ETA ya acabó y que la sociedad vasca trabaja junta por la paz, pero nadie espera que Vox esté con ellos porque “el fascismo jamás formará parte de la sociedad vasca”. Aizpurua resalta la necesidad de diálogo y respeto entre los partidos, para evitar la escalada de insultos que, para Bildu, Vox propone y asegura que esta moción “es una moción contra los avances en libertades”.

Abascal utilizó su tiempo de réplica para recitar los nombres de todas las víctimas de ETA, mientras que su grupo parlamentario se mantenía de pie.

Oskar Matute, también por parte de Bildu, aprovechó esta puesta en escena para recordar a Abascal que no es original. Además, hizo algo insólito: pidió que tanto PP como Ciudadanos votasen a favor de la moción de investidura, para así “mostrar que en realidad son como Vox”.

Después de una breve intervención (un minuto) del portavoz del PNV, Aitor Esteban, llegó el turno de Inés Arrimadas por el grupo de Ciudadanos. Su discurso se centró en recordar, de nuevo, que esta moción está desconectada de la realidad española. Afeó a Abascal su posición con respecto a la Unión Europea, aunque aseguró que compartía algunas de sus críticas sobre la gestión del gobierno de la pandemia. Por último, reiteró lo que este articulo decía al principio sobre la verdadera intención mediática de esta moción, que carece de medidas y que, en el fondo, solo beneficia a los partidos del Ejecutivo. La réplica de Abascal y, a su vez, la réplica de Arrimadas a esta, tan solo recuerda a una discusión banal y sin mucho contenido.

De la misma forma, el Grupo Parlamentario Plural, con partidos nacionalistas (JuntsXCat) y regionalistas (BNG), junto a Más País y Compromís tuvieron algún rifirafe con el candidato, en especial Iñigo Errejón (Más País), que se refirió a Abascal como “matón” y, más tarde, añadió “bufón”.

La última palabra en este debate la tuvo Esquerra Republicana de Catalunya, con la intervención de Gabriel Rufián. El portavoz de ERC recordó a la cámara la importancia de que un Estado democrático debe hacer frente siempre al fascismo, deseando tener una derecha como la de la canciller alemana Angela Merkel. Rufián, con tono enfadado, aseguró que Vox no es sino un instrumento de los grandes poderes, y que nunca velaría por los intereses de las clases obreras. Alarmó de la posibilidad de que un día Vox pudiera llegar al poder y lo que eso significaría y se esforzó por dejar claro que “no todos los políticos son iguales“. Por último, leyó a Abascal un tweet escrito por la hija de una de las víctimas de ETA (previamente mencionadas). En el tweet, María Jaúregi decía que, para ella, era una falta de respeto a la memoria de su aita que utilizara su nombre, porque él siempre fue un demócrata que lucho contra el franquismo. Al hilo de esto último, Rufían le aseguró que “si nos pusiésemos a recitar los nombres de las 200 mil personas enterradas en cunetas, no terminaríamos antes de que pagase su hipoteca”, en alusión a la reciente casa que Abascal ha adquirido. Estas palabras levantaron los aplausos de la bancada del PSOE.

Una vez terminada la intervención, la Presidenta del Congreso Meritxell Batet dio por concluida la jornada, que terminará mañana con la votación a favor o en contra de esta moción de censura.

Lugarteniente de la movida en general en El Generacional, Discordia Magazine y La Ciclotimia.

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