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It’s so good to be bad: en defensa de ‘Élite’

Por: Jorge Egea Hervás

Antes de todo he de avisar que este análisis/ review/ comentario está lleno de spoilers claves que destripan la trama principal de la serie. Mi recomendación: hazte un favor, pégate un maratón de hormonas, clichés, actuaciones mediocres (en algunos casos), salseo, pijerío, intensidad adolescente, todo mezclado con una dosis de secretos, mentiras y traiciones y, una vez acabado, vuelve aquí para leer por qué lo que acabas de ver no es tan malo como piensas.

Si has pasado del primer párrafo voy a asumir que has visto las tres temporadas de Élite o que al menos sabes de qué va. Si no, al menos espero que disfrutes de lo que vas a leer.

Desde que anunciaron que Netflix había dado luz a una serie cuyo reclamo era Gossip Girl meets Pretty Little Liars mi yo interno estuvo gritando de emoción hasta octubre de 2018. Como individuo que ha visto esas dos series hasta el punto de poder hacer una tesis sobre ellas mis expectativas eran altas…y bajas, ¿cómo podía ser esto? Pues yo solo esperaba lo que ofrecían: uniformes que redujeran la esencia de la serie a un solo outfit, una estética elegante, una diva pija (si varias, mejor), y una red de mentiras y secretos que acabaran en asesinato. Y así, el viernes 5 de octubre de 2018 me puse el despertador a las nueve, me hice el desayuno y pulsé play. Podría decir que no me tiré ocho horas delante de la pantalla, pero para qué vamos a mentir. Me ofrecieron todo lo que pedía y más. En ocho horas podía tener lo que Gossip Girl, Pretty Little Liars, The Lying Game, 90210, etc. me daban en varias temporadas de veintitantos capítulos.

Menos de un año más tarde, la segunda temporada llegó. Igual, pero esta vez con mis amigas, el maratón cayó. Así pasó aquel fatídico 15 de marzo de 2020, junto antes del confinamiento. La tercera, y supuesta última temporada con el elenco original, salió a la luz y otro maratón volvió a caer. Al final, los que dejaban la serie eran aquellos personajes que hacían la serie lo buena que era. Partiendo de lo mala que es la serie a conciencia.

La crítica coincidía en eso mismo. Peré Sola Gimferrer para la Vanguardia escribía un artículo en 2018 tras la salida y éxito de la primera temporada titulado: Por qué ‘Élite’ de Netflix es mierda de la buena. Más críticas a este estilo le siguieron. Pero claro, para gustos colores y críticas negativas siempre ahí. En Filmaffinity tenemos ejemplos de críticas con títulos como «Horrible» (Daniel Rodríguez), «Decepción» (Alfie Vega), «El motor que no termina de arrancar» (Felipe). Sin embargo, la media comparte una opinión que resumiré en el título de las críticas de Flavio, «Intrigante. Pseudo sexo para adolescentes. Nada nuevo», y de fotoclick, «Aceptable si la ves solo una vez». En definitiva, una serie disfrutable si sabes a lo que vas: a ser espectador de un salseo máximo entre ricos y pobres adolescentes con un toque de melodrama hormonal que puedes ver en suspiro y volver a la vida real.

Sin embargo, en este escrito quiero ir más allá y quiero profundizar en lo que hace que, al menos para mí, Élite merezca la pena en sus tres primeras temporadas. Actuaciones que dejan que desear; tramas secundarias, muchas veces románticas que se han salido por la tangente y que no hay por donde cogerlas, ya sin fuerza ni ganas de, como fan, luchar por ellas o intentar defenderlas; y demás actos y puestas en escena que chirrían a lo largo de la serie no deberían eclipsar algo realmente bueno en la serie: su trama principal.

La columna vertebral de la serie es Gossip Girl en su estado más básico y puro: un colegio elitista donde los hijos de las personas más pudientes de España van a formarse para ser los próximos líderes del mundo abre sus puertas por primera vez a tres «plebeyos», cuya introducción a ese, como diría Lucrecia Montesinos, ecosistema, causa una cadena de acontecimientos que desembocan en un asesinato.

Esta estructura central no sería nada sin dos personajes clave: Lucrecia Montesinos, más conocida como Lu, y Leopoldo Benvanent, o como se conoce durante toda la serie, Polo. Pues seamos realistas, el mayor plot twist de la serie es ver en la lápida de Polo su verdadero nombre. Alrededor de estos dos personajes se forma una estructura circular narrativa con una alegoría y paralelismos que nada tiene que envidiar a la reina de la serie para adolescentes en cuestiones de escenas paralelas en sus funerales y revelaciones: la ya mencionada Pretty Little Liars.

Para explicarlo mejor, me centraré en el mejor personaje (lo siento esto es un hecho) de Élite: Lu. Después pasaremos a Polo.

¿Por qué Lu es el mejor personaje de Élite y la eleva a su máximo esplendor?

En la primera temporada, partiendo de la base que Lu se presentaba como la Blair Waldorf de la serie, el personaje de Lu no estaba a la altura de lo que se esperaba. Una niña pija, rica, altiva, diva, competitiva y clasista que no le temblaba la mano a la hora de conseguir lo que quería, que en el caso de la primera temporada eran dos cosas: Guzmán y el famoso premio. Todo ello amenazado por Nadia, la nueva alumna, pobre, pero inteligente y con el carisma suficiente para plantarle cara. Al más puro estilo de Crueles Intenciones, como si de un juego se tratase, Lu le dice a Guzmán que le haga creer que le gusta y así desconcentrarla de los estudios. Pero, sorpresa, Guzmán se enamora de Nadia, perdiendo así Lu a su novio y el trofeo, ya que Marina, mágicamente, lo gana.

En esta línea argumentativa Lu se ve mala por el simple hecho de serlo. No es una mala inteligente como lo era Blair Waldorf, no hay complots enrevesados, es solo una niña pija que le sale siempre mal la jugada.

Sin embargo, conforme algunas tramas se deterioraban, Lu renacía de sus cenizas para llegar a su máximo esplendor en la tercera temporada. Tres nuevos personajes llegan a Las Encinas en la segunda temporada: Cayetana, Valerio y Rebeca, siendo esta última uno de los mejores personajes femeninos junto con Lu y Nadia.

La llegada de Cayetana y Valerio humanizan más a Lu. Antes obsesionada con Guzmán, alguien que claramente pasa de ella, ahora ve una amiga en Cayetana y sus sentimientos por Valerio, al que quiere cuidar, hacen que un personaje robótico se vuelva más completo. Ya no es simplemente todo lo que he mencionado al principio, ahora vemos su vulnerabilidad y como empieza a evolucionar a un personaje menos clasista y más abierto de mente. Su inteligencia empieza a aflorar y ella misma empieza a madurar.

Todo esto se puede ver en un solo ejemplo: su relación con Omar. «Nunca ames a nadie que te haga sentir ordinario», en la fiesta de Halloween marca el punto de inflexión en este personaje. Se libra de las cuerdas que le ataban a Guzmán, y sintiéndose una extraña y aislada en su mundo de oro y cristal se resguarda en alguien cuyo perfil jamás encajaría en su lista de amigos: pobre y musulmán. Los dos juntos se ayudan y una amistad inusual nace, echando por tierra los prejuicios de Lu y pudiendo así empatizar más con ella. Un personaje cada vez menos arquetípico, dejando poco a poco de ser la Blair Waldorf de Élite para ser Lucrecia Montesinos.

El momento en el que se convierte en un personaje redondo cuyo nombre resuena es en el momento diva que el personaje se merecía tener y por fin consigue en el séptimo capítulo de la segunda temporada. Después de descubrir que todo el mundo la estaba engañando, sintiéndose pequeña, traicionada y estúpida, por azar le toca dar un discurso y es ahí cuando las dos caras de Lu se juntan: la niña, pija, soberbia, y la amiga, amante apasionada. Lu resplandece en todo su esplendor destapando los trapos sucios de forma elegante y tajante.

Esta es la Lu que se desarrolla y crece aún más en la tercera temporada. Desde la primera temporada, pasando por la segunda, Lu es un personaje algo aislado. Sí, está en ese mundillo, se relaciona con los demás personajes, pero es en la tercera cuando llega un punto que se convierte en punto de conexión y confidente. Conoce la relación de Omar con el novio de Nadia, y por tanto la infidelidad de Omar hacia Ander, sabe que Samu no está realmente enamorado de Rebeca y que a la que quiere es a Carla, que obviamente no está enamorada de su nuevo novio. Esto lleva a otra de sus escenas clave: en la fiesta de San Valentín, el «San Valentín al revés», Lu saca a relucir ese ingenio que en la primera temporada estaba algo oxidado.

En esta fiesta se ve a Lu con un traje, elegante y regia como es ella, mirando la pista de baile y como cada uno de sus amigos, bailando con sus respectivas parejas, está mirando a la persona con la que realmente le gustaría estar bailando. Al saber todo, cuando Guzmán llega y le pregunta: «¿Bailamos?» ella le contesta: «No, estoy mejor así». Un diálogo de cinco palabras dice mucho. Toda nuestra trayectoria como espectadores se centra en Lu en ese momento. Hemos visto como el mundillo de Élite se nutre de los dramas personales y románticos. Ejemplo de ello es el juego manipulativo por parte de Lu hacia Nadia usando a Guzmán que le acabó pasando factura, pero que sirvió para llegar a ese momento, esa sensación de libertad y tranquilidad al estar a gusto consigo misma. La hemos visto crecer, madurar y llegar a lo más alto, a ser una persona con unos valores respetables, elegante, suntuosa, sin miedo a la soledad, pues se ha dado cuenta de que no está sola. Al abrir su mente a base de palos ha encontrado refugio en la gente que menos se esperaba, que a la hora de la verdad no le han dado la espalda por ser como era en un pasado bastante reciente, pues ellos mismos están cometiendo errores de los que avergonzarse, pero a la vez aprender. Todo esto consigue su clímax en el final de temporada. Pero para seguir por aquí es ahora cuando he de hablar de Polo.

Polo, el mejor amigo de Guzmán, novio de Carla, cuya idea de expandir su relación y hacerla algo morbosa lleva al despertar sexual y descubrir quién es realmente Polo. Aparentemente, un personaje cuya importancia en la trama es mantener el salseo del trío que deja de ser trío, y su lucha y confusión por sus sentimientos y hormonas. Sin embargo, al final se presenta como personaje clave: el asesino de Marina.

He leído a gente que supone y afirma que Polo mata a Marina para recuperar a Carla, por el reloj, etc. En mi opinión, y como fundamento de lo que estoy intentando explicar consideraría esto falso. Sí, es cierto que Polo llega a la piscina para recuperar el reloj y así, según él, ganar puntos para recuperar a Carla. Pero no usa el trofeo para quitarle el reloj, usa el trofeo por la rabia y la impotencia al oír lo que Marina tiene que decir de él. Marina, cansada del mundo al que pertenece y hastiada de gente como Polo, le dice que él no es nadie, solo una sombra de Guzmán, una marioneta en manos de todos, y es ahí, al no querer y odiar lo que está oyendo pues en el fondo sabe que algo de razón lleva, la mata para callarla, ya que no puede callar sus propios pensamientos.

Es la forma, el por qué y con el qué por lo que los personajes de Polo y Lu se complementan tan bien dando lugar a una estructura narrativa completa, dejando al espectador una sensación de cierre y tranquilidad al acabar el arco narrativo del asesinato de Marina y sus consecuencias.

Básicamente, como su propio nombre indica, una estructura narrativa circular es aquella que empieza donde termina, o en su forma más básica, el esquema de planteamiento, nudo y desenlace donde se le da una resolución al planteamiento inicial. En el caso de Élite, desde el asesinato de Marina hasta el asesinato de Polo se da el caso de la primera, con un paralelismo entre las dos escenas de homicidio.

A raíz de la muerte de Marina, Polo se retrae y como un cobarde incapaz de manejar la situación lo deja todo en manos de Carla, luego Cayetana, y en parte a Ander. Únicamente dice la verdad de lo que hizo cuando necesita ayuda, ya sea para una coartada, esconder el arma homicida, o desahogarse por no poder soportar la culpa. Es al final, cuando todo su mundo se desmorona y la verdad sale más allá de su círculo más cercano, cuando decide contar la verdad. Pero todo el daño y el caos que ha dejado a su paso le llevan a la muerte.

En contraste con Polo, quien ha ido evolucionando hasta empequeñecerse en base a lo que hizo, Lu tiene esa evolución donde se agranda hasta robar el protagonismo de todo aquel personaje que se le pone al lado. Así, cuando el mundo de Polo se desmorona, y como unas fichas en un juego de dominó tambalean el mundo de Lu, los dos chocan provocando la muerte de Polo. Todas las personas que han ido dándole cariño, amor y por las que Lu ha podido experimentar unas experiencias vitales que la han llevado a la mujer que es están en peligro por culpa de Polo y esta, ya totalmente humana, defiende a los suyos.

Polo, metido en su vorágine de culpa y remordimiento no se ha dado cuenta de la evolución de Lu. Para Polo, Lu sigue siendo la chica pija robótica de la primera temporada y, al igual que Marina con él, harto de que todo el mundo le odie, explota.

Es en ese momento cuando vemos como Polo y Lu reaccionan de la misma manera. Polo mata a Marina por una verdad a medias pues, aunque Polo tenía amigos y una familia que quería, sí estaba a la sombra de Guzmán y la gente le mangoneaba. Sin embargo, Lu ya no era lo que Polo le decía, pero Lu, como todo ser humano, duda, tiene su momento de debilidad. Se ha mostrado vulnerable antes y no quiere volver a cómo era, no quiere pensar que todo lo que ha conseguido es una mentira, así que, accidentalmente, empuja a Polo y le clava el cuello de la botella de champán. Al darse cuenta de lo que ha pasado, Polo vuelve al momento en el que mató a Marina. Un pensamiento, una acción, un arrebato, un error para toda una vida. Es por eso, cuando Lu se disculpa y le dice que no quería hacerlo Polo lo único que puede responder es: «lo sé». Todo lo que ha hecho, todo lo que ha ocultado, sufrido, destrozado, todo ese odio, rabia y debilidad le han llevado a tener, literalmente, el corazón abierto y acabar desangrado en la planta baja de la discoteca.

Las armas homicidas elegidas para matar muestran que, aunque lo que originó todo fue la entrada de los alumnos pobres a Las Encinas, es el mundo de la opulencia, la perfección y la riqueza lo que mata en este tipo de ficción adolescente. Especialmente curiosa es la muerte de Polo. Toda la puesta en escena es una representación del refrán usado por toda ficción sobre gente humilde que escala de clases hasta llegar a lo más alto: «cuanto más alto subes, más dura es la caída», o la versión que más me gusta a mí que se puede encontrar como eslogan de la trilogía El Piso Mil, novela distópica a lo Gossip Girl: «Cuanto más alto subes, más bajo puedes caer». En este sentido Polo cae literalmente de la zona VIP, donde la élite se codea, a la multitud de gente más económicamente humilde.

El cristal agrietado que se resquebraja haciendo que Polo caiga, la botella de champán hecha añicos oyéndose como se hace mil pedazos, el ruido que hace el pico del cristal al atravesar a Polo, el crujido del cráneo de Marina cuando Polo lo rompe con el trofeo…onomatopeyas que simbolizan y muestran en escena el tópico Omnia Mors Aequat, la muerte igualitaria a todos.

En definitiva, ese crujido es la señal de que la muerte ha llegado. En este caso por dos motivos que se convergen en una razón: una verdad y una mentira que se unen en un miedo a no ser alguien. Polo calló a Marina porque no quería ser lo que era, una persona usada, y Lu calló a Polo porque no quería ser lo que un día fue. Marina decía la verdad (a medias), Polo una verdad que se había convertido en una mentira, pues esa Lu ya no existía. Polo, al matar a Marina se esconde, Lu sale a la luz y dice la verdad, y a diferencia de lo que Polo le había dicho, todos la protegen y ya, cansados de tantos secretos, muertes y mentiras hacen honor al eslogan de la tercera temporada: «Juntos hasta la muerte», y aún más allá pues, aunque cada uno siga con su vida, todos estarán unidos por un secreto y una amistad.

Polo y Lu son dos caras de la misma moneda que ayudan a Élite a crear una trama principal lógica y con sentido, cuyo final es un homenaje así misma, siéndole fiel a la esencia básica de la serie: el secreto de una muerte en la opulencia de ese ambiente no solo define, desarrolla.

Ah, y Carla ya no se está follando a Samuel.

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