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El grito silenciado

“Nos han negado el derecho a la justicia”.

José María “Chato” Galante en la película El silencio de otros.

En 1977, España decidió olvidar qué fue.

Hace más de 40 años, España decidió borrar de su memoria el periodo más negro de su historia, no por vergüenza, sino por miedo a tener que arrepentirse ante aquellos que le reclamaban justicia. La Ley de Amnistía de 1977 se aseguro de perdonar todo lo pasado, sin preguntar, sin tener en cuenta que, quizá, existían españoles que simplemente no pueden olvidar. En la piel de muchos de ellos quedó grabada con fuego y sangre las heridas; pero también en sus mentes se mantuvieron encerrados los traumas del horror que vivieron en la Dirección General de Seguridad, que quizá ahora conocemos mejor como la Puerta del Sol. Aquel edificio alrededor del que cada fin de año miles de personas se congregan a tomar las uvas, antaño fue la iglesia de torturas cuyos feligreses, como Antonio González Pacheco, alias ‘Billy el Niño’, acudía para escuchar los gritos de personas como Chato, cuyo crimen era básicamente el de pensar diferente.

Desde hace un tiempo a esta parte, mi cabeza anda dándole vueltas a una idea. Cada día que pasa, veo como una ultraderecha desbocada intenta convencer al pueblo de que lo que pasó, ya pasó. Veo como vociferan con su odio y amargura, y como se esfuerzan en cambiar la realidad, mientras precisamente se quejan de que sean sus contrarios los que lo hacen. Su problema es el miedo; el miedo ante las consecuencias de que, de una vez por todas, se escuche el grito que han silenciado. No son lo primeros, desde luego. Una larga tradición de olvidadizos llevan pululando los escaños del Congreso, olvidándose de la obligación que la historia les ha encomendado. Algunos incluso llegaron a presidentes de gobierno, pero demostraron en distintas oportunidades que, pese a que todo el mundo busque paz, ellos están dispuestos a entrar en guerras injustas solo por sus intereses. Ellos de lo único que entienden es de sangre, y martillos. Esos martillos con los que arrancan sin pudor monumentos de verdaderos hombres del pasado, mientras alaban sin descanso los nombres de asesinos y genocidas, que, para ellos, son ejemplos a seguir.

Fotograma de El silencio de otros (Almudena Carracedo y Robert Bahar, 2018).

El documental El silencio de otros (Almudena Carracedo y Robert Bahar, 2018) es una cura de humildad para todos estos males. Sus protagonistas no son personajes, sino personas rotas. Hombres y mujeres a los que, como dice el bueno de Chato (la mejor persona que no he conocido, seguro), se les ha arrebatado el derecho a recibir justicia. Gente a cuyas plegarias solo han sido contestadas con un “no moleste”; porque para algunos es mejor la paz del olvido que una conciencia en paz. Una obra que todos deberían ver para entender qué sigue ocurriendo en España a día de hoy. Porque la España de 2020 no es muy distinta, por desgracia, de la de 1977. No lo será hasta que se plante y decida recordad que un día el horror la destrozo y la enterró, olvidada, en una cuneta junto a todos los que murieron por ella.

Existen hombres y mujeres cuyos sueños han arrebatado. Hombres y mujeres que buscan sin descanso la forma de recuperar los restos de sus familiares perdidos en la guerra y la represión de la dictadura franquista; pero también mujeres cuyos bebés fueron arrancados de sus manos al nacer, a las que les vendieron la moto, diciendo que estaban muertos, pero que en realidad simplemente fueron robados.

Nadie, ni un solo español, debería descansar hasta que la justicia se hiciese para con quienes todavía están perdidos. Si decidimos callar, si nos quedamos callados y contribuimos a que esos gritos sigan silenciados, no seremos más que cómplices del horror, de la muerte y, en definitiva, del fascismo que un día asoló este país.

Es por todo eso que esta idea que ronda mi cabeza debe hacerse realidad. No por mí, sino por todos esos a los que no les llega la voz, porque se la han arrancado. Que este pequeño manifiesto sirva de promesa, y que la sección que abrirá, El silencio a gritos, hará memoria con ellos. Porque los acontecimientos fueron pasado, pero la memoria es y será, y todos debemos ser justos con los que merecen justicia.

Lugarteniente de la movida en general en El Generacional, Discordia Magazine y La Ciclotimia.

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