Actualidad Memoria Histórica

El grito silenciado I: Francisco Largo Caballero (Parte I)

Infancia y primeros pasos de un falso villano.

Recientemente volvimos a escuchar el nombre de Francisco Largo Caballero resonar, primero, en el salón del plenos del Ayuntamiento de Madrid; para luego hacerse eco y llegar hasta el Congreso de los Diputados. No mucho más tarde, el pasado jueves 15 de octubre fue retirada la placa en recuerdo a su persona de la plaza de Chamberí. Durante el (casualmente) 151 aniversario del nacimiento del que fue presidente del Gobierno de la II República Española, un martillo arrancó de cuajo su placa, dejando de nuevo la pared desnuda. Esta iniciativa, como no podía ser de otra manera, nacía del grupo de extrema derecha de Vox, en su respuesta revanchista frente a la Ley de Memoria. Su discurso, criticado por 250 profesores de Historia Contemporánea del mundo entero, pretende poco más que darle una vuelta a la dicha Ley, basándose en postulados de pseudo-historiadores (que entre otras cosas, niegan el holocausto), y que toda la comunidad científica historiadora rechaza. El único objetivo de la extrema derecha se centra en la reescritura de la Historia republicana, para salvar los muebles de quienes preceden la ideología de Vox. Para ello, la forma más fácil de destruir la reputación de la democracia republicana es atacar directamente a sus demócratas y tergiversar los acontecimientos para culparlos, en definitiva, de la cruel y sanguinaria Guerra Civil y la posterior dictadura militar franquista.

Pero ¿quién es Largo Caballero?

El proletariado español ha perdido al hombre más representativo de su clase

Rodolfo Llopis en El Socialista (1946). Fragmento recogido en Largo Caballero: el tesón y la quimera (2013) de Julio Aróstegui.

Nacido en una buhardilla en el Madrid de 1969, la infancia de Largo Caballero fue de todo menos infantil. Vivió entre Madrid y Granada con su madre, después de que gracias a una denuncia por malos tratos le diera el divorcio a Antonia Caballero. A los siete años se vería forzado a empezar a trabajar por la precaria situación, pero sería a los nueve cuando se convertiría en aprendiz de estuquista; un trabajo que mantuvo durante los siguientes 32 años de su vida.

El 1 de Mayo de 1890, Largo Caballero escucharía un discurso de Pablo Iglesias que le impulsaría a formar parte activa del movimiento obrero. Según el propio Largo, las palabras del líder histórico del PSOE y la UGT “produjeron en mi inteligencia el mismo efecto que la luz en las tinieblas”. Ese mismo año se afiliaría a UGT, y tres años más tarde entraría formar parte de las filas de un todavía joven Partido Socialista.

Largo Caballero (abajo, izquierda) junto a Pablo Iglesias (centro),

Largo comenzó dando guerra dentro del sindicato. No tardó en crear su Sociedad de Estuquistas (La Solidaridad), e incluso se mantuvo trabajando como tal cuando obtuvo sus primeros encargos importantes en el socialismo español. Largo Caballero fue vicetesorero en 1899 y en 1905 se convertiría en concejal del distrito de Chamberí en Madrid. No sería hasta entonces que dejaría su empleo como estuquista para comenzar a dedicarse por completo a la política en favor del movimiento obrero. Aún así, personajes como Federico Jiménez Losantos dicen de Largo Caballero que “siempre vivió de la política”. En 1907 se convertiría en el presidente de la Agrupación Madrileña Socialista; y también de la Casa del Pueblo de Madrid. Desde allí, Largo Caballero impulsó numerosas obras sociales, que proveían de ayuda y servicios a los obreros de la ciudad, como los médico-farmaceúticos o funerarios, entre otros. De repente, aquel joven estuquista que se unía entusiasmado al movimiento obrero español, alentado por las palabras de Pablo Iglesias el 1 de Mayo de 1890, se sentaba, en 1908, junto a dicho dirigente como su vicepresidente en la UGT, elegido por sus hermanos de clase.

Fue a partir de este momento que Largo Caballero empezaría a entender lo que significaba ser un gran dirigente obrero en un mundo que era de todo, menos obrero. Al año siguiente, fue condenado a seis años de prisión por revolucionario y contrario a la guerra de Marruecos, aunque pronto se anularía la sentencia. Sería uno de los principales motivadores de la gran huelga de 1911 de la UGT, que terminaría por desencadenar una represión monumental del gobierno de Canalejas, y más tarde también incitaría al obrerismo en la huelga de 1917, que le recompensaría con el puesto de secretario general de la UGT. Largo Caballero se jugó el tipo y, como tal, se convirtió en uno de los principales objetivos del régimen. Poco después de la huelga, fue detenido y juzgado por sedición en sendos consejos de guerra, encontrado culpable y sentenciado a cadena perpetua. No obstante, la rapidez del movimiento obrero en solidaridad con uno de sus líderes más queridos, terminó por hacer que el PSOE los incluyera en sus listas para las elecciones y saliesen elegidos por el pueblo como diputados del Congreso. Obligado por la decisión popular, el gobierno accedió a concederle la amnistía.

La vejez y enfermedad del líder Pablo Iglesias se entendió como una necesidad en la renovación de las cúpulas del obrerismo; y Largo Caballero empezó a sobresalir por encima del resto. Los obreros decidieron que Largo Caballero fuera diputado, pero también le eligieron como vocal en la Comisión Ejecutiva del partido y como representante del obrero en el Ministerio de Trabajo en 1920. Como secretario general de la UGT, duplicó el número de afiliados en apenas dos años e intentó conseguir la unidad de acción como frente popular con la CNT, pero que no dio frutos debido a los principios de la organización anarquista. Por otro lado, su oposición a la integración de los órganos obreros españoles en la Internacional Comunista de los bolcheviques terminaría produciendo, en última instancia, la ruptura de parte del partido y la creación del PCE. No obstante, participaría de forma activa en la creación de organismos internacionales del movimiento obrero, hasta acabar siendo miembro del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo.

Las dos décadas siguientes serían los momentos más sonados del histórico dirigente socialista, pero antes de entrar a ellos todos deberíamos entender quién fue, en sus inicios, el hombre del que nos hablan las televisiones y las malas lenguas. Debemos comprender, saber y armarnos mediante el conocimiento de quién fue este hombre que logro ser depositario de confianza de tantos otros. Largo Caballero nunca fue un obrero ilustrado. Su instrucción educativa terminó el día que empezó a trabajar con 7 años. Pero, a partir de entonces, en su cerebro y su corazón comenzó a forjarse el alma de un hombre que trató de hacer de la vida de otros algo mejor y más justo. Lo intentó por más de 20 años antes de la llegada de Primo de Rivera. Lo intentó con él, y lo intentaría más tarde, hasta que una guerra lo echaría del país en el que había luchado por los derechos de los demás, algo que, desgraciadamente, terminaría por encerrarlo en un campo de concentración nazi. Pero eso, me temo, es otra historia. Eso, me temo, es otro silencio.

Lugarteniente de la movida en general en El Generacional, Discordia Magazine y La Ciclotimia.

1 comment on “El grito silenciado I: Francisco Largo Caballero (Parte I)

  1. Pingback: El grito silenciado II: Largo Caballero (Parte II) – El Generacional

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