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El grito silenciado II: Largo Caballero (Parte II)

Como ya adelantamos la semana pasada, este es el segundo artículo de la serie sobre Francisco Largo Caballero en la sección de Memoria Histórica de El Generacional.

Dictadura de Primo de Rivera. Objetivo: luchar desde dentro.

La postura de Largo Caballero durante la Dictadura de Primo de Rivera fue una de las de las principales problemáticas del socialismo español durante la década de los 20. Fue durante esta época que su relación con Indalecio Prieto comenzó a resentirse, ya que este siempre se opuso a las medidas de Largo Caballero con respecto a la Dictadura. En 1924, instado por compañeros del partido, el secretario general de UGT entro de lleno a formar parte del Consejo de Estado, como uno de los representantes del mundo obrero español. Aunque algunos se opusieron a esta decisión, la mayor parte de la cúpula y bases del PSOE y su sindicato apoyaron a Largo Caballero. Decepcionado por la decisión del partido, el propio Prieto dimitió a finales de 1924 de la Ejecutiva del PSOE. Poco más tarde moriría Pablo Iglesias y sería sustituido por Julián Besteiro, que se convirtió en uno de los principales apoyos de Largo Caballero y de sus decisiones. No obstante, la postura del PSOE y la UGT, junto a la de su secretario general pronto cambiarían de rumbo una vez quedase demostrada que el nuevo modelo político de Primo de Rivera tan solo tenía como objetivo perpetuar un sistema oligárquico y de dominio autoritario. En 1929, los socialistas dieron un paso hacia delante y exigieron la convocatoria a Cortes. Largo Caballero se unió a sus compañeros junto a Alianza Republicana (Manuel Azaña) en el Pacto de San Sebastián ,que sería el primer apuntalamiento de la futura república, al aceptar que el intervencionismo ya no tenía nada que ganar en esa insostenible dictadura.

Miembros del Pacto de San Sebastián. Largo Caballero, el tercero arriba por la derecha.

Largo Caballero, obrero, republicano (1931-1936).

Una vez instaurada la República, Largo Caballero, como miembro del Gobierno provisional, fue designado Ministro de Trabajo. Hasta el 1933, continuó ocupando el cargo, apadrinado por el Presidente Manuel Azaña, y desde ahí Largo demostró su compromiso con el obrero de a pie. Impulsó numerosas reformas laborales, como la jornada de 40 horas semanales, la creación de jurados mixtos para resolver las discrepancias entre obreros y patronos y, además, propugno los decretos de laboreo forzoso. Dichos decretos forzaban a entregar las tierras que sus dueños mantenían desocupadas a organizaciones de jornaleros para que estos pudiesen trabajarlas; que fueron necesarios después de que muchos patronos decidiesen no cultivarlas para así dañar la imagen de la recién nacida República.

Tras el fin del bienio en el poder de los progresistas, el gobierno cambio a las manos del Partido Radical de Alejandro Lerroux. Pese a que al principio el Partido Radical fue el único en el poder, Lerroux terminaría por ceder ante las presiones de la derecha de la CEDA, e incluyó a 3 ministros del partido. La conflictiva situación española, junto a la derogación de muchas de las leyes progresistas que había logrado traer el gobierno anterior, sumado al Terror que se vivía en Europa con el ascenso de los fascismos (Hitler llega al poder en 1933) provocó una radicalización en la postura del socialismo y, en gran medida, en su dirigente principal: Largo Caballero. En 1934 estallaría una revolución que solo se consolidaría en Asturias, donde hasta 30000 obreros se sublevaron. Esta rebelión es, en lo argumentado por Vox, lo que pretende hacerse pasar como régimen de terror y así mismo como comienzo de la Guerra Civil que comenzaría Franco dos años más tarde. Apoyado en el manifiesto sobre Largo Caballero de los 250 historiadores internacionales mencionados en la primera parte de esta serie de artículos: “Cuando se alude al pretendido “régimen de terror” impulsado en octubre de 1934, Vox se cuida mucho de no explicitar ni los lugares, ni las circunstancias ni los protagonistas que configuraron tal sistema de violencia. De acuerdo con la teoría política, un “régimen de terror” requiere la existencia de un sistema estable de poder, un agente coactivo vinculado a ese sistema, un propósito intimidatorio basado en la eliminación de la oposición real o imaginada y un proceso más o menos dilatado en el tiempo para que el terror surta ese efecto opresor. Desde esta valoración, eminentemente técnica, de lo que es un “régimen de terror”, parece improbable que los distintos comités provinciales revolucionarios de  Asturias  tuvieran,  en menos  de  dos  semanas,  capacidad  para implantarlo.” Asimismo, entender el apoyo de Largo Caballero a una posible insurrección, que pudo darse ciertamente, no le convertiría en responsable de los crímenes que pudieron cometerse, puesto que los obreros revolucionarios trabajaban de forma autónoma y diametralmente opuesta a la estrategia que el PSOE propuso en su Comité.

Largo Caballero fue detenido el 14 de octubre (cinco días antes del fin de la Revolución) y encarcelado. Pese a su condición de diputado, y por tanto de inmunidad, es imputado por los militares como dirigente máximo de la revuelta, pese a que no participase en ella de ninguna forma. No sería hasta 1935 en el que el Tribunal Supremo absolviese de todos los cargos a Largo Caballero por su inocencia, pese a que la misma Fiscalía del Supremo fuese quien pedía treinta años para el dirigente socialista.

Temeroso del ascenso del fascismo, como tantos otros dirigentes socialistas europeos, y consciente de la posición en que eso dejaba al obrerismo, Largo Caballero se mostró partidario de un pacto entre la izquierda que se convertiría en el Frente Popular. Largo Caballero se convirtió en un fundamental como interlocutor con el Partido Comunista y la CNT, que terminó por valerle el nombre de “el Lenin español”. La caída del Partido Radical en el gobierno como resultado del escándalo de estraperlo por el Asunto Nombela provocó la llamada a urnas, y no ningún golpe de las izquierdas como sugiere la ultraderecha actual. Fue la corrupción de Lerroux y la cúpula de su partido la que dinamitó el bienio conservador republicano. Largo Caballero apoyó activamente la candidatura del Frente Popular, si bien se mostraba crítico, en parte, por el carácter burgués que podía perpetuar. En marzo del 36, un mes de las elecciones ganadas por la izquierda, el domicilio de Largo Caballero fue atacado por la Falange.

Largo Caballero, el segundo por la derecha, junto a otros dirigentes del Frente Popular. Artículo de La Voz (1936).

Queda aún mucho por contar de Largo Caballero, ya que de entre todo lo dicho, solo pequeños apuntes rescatan (y contrarrestan) las palabras que la ultraderecha conscientemente ha utilizado como cuchillo arrojadizo. No obstante, la visión histórica de los verdaderos historiadores que son mencionados en este artículo sirven, una vez más, como frente irresoluble de la verdad ante las mentiras que intentan ocultarla. Aun quedan muchos gritos que contar.

Lugarteniente de la movida en general en El Generacional, Discordia Magazine y La Ciclotimia.

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