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El poder de las primeras damas en Estados Unidos

De Jackie Kennedy a Jill Biden pasando por Michelle Obama y Melania Trump, las First Ladies de la Casa Blanca han jugado en numerosas ocasiones un papel preponderante en la vida política y social estadounidense

Hace poco más de una semana conocíamos que el demócrata Joe Biden será el nuevo presidente de Estados Unidos. Esto también significa que el país ya tiene nueva primera dama a partir de enero: Jill Biden. De ella sabemos que será la primera mujer de un presidente norteamericano en contar con un trabajo remunerado fuera de la Casa Blanca. La doctora Biden es profesora de Lengua y Literatura y ha trabajado más de una década en la Northern Virginia Community College hasta el pasado mes de enero. La futura primera dama ya ha declarado su intención de volver a las aulas mientras cumpla su función de First Lady. Y es que, no hay ningún manual de instrucciones para ser primera dama, es un cargo que ha ido evolucionando a lo largo de la historia y cada mujer ha elegido su función acorde a su carácter y personalidad.

Y sí, hablamos de mujeres, porque por desgracia aún no hemos presenciado la elección de ninguna mujer como presidenta de Estados Unidos, ni ha habido ningún presidente homosexual. Lo que nos hace preguntarnos: ¿tendrían los maridos los mismos roles que han cumplido las mujeres estos años? ¿Estaremos pronto ante la figura del primer caballero? Lo más cercano que tendremos es a Doug Emhoff, esposo de la futura vicepresidenta Kamala Harris, al que algunos ya denominan el segundo primer caballero.

Sin embargo, en un mundo aún dominado por los hombres, las primeras damas no solo han logrado ejercer una gran influencia sobre la política y la sociedad, si no que la gran mayoría de ellas han hecho historia convirtiéndose en fenómenos mediáticos de fama mundial. Lo de ser una mera anfitriona de la Casa Blanca quedaba atrás a principios del siglo XX y podríamos decir que fue Eleanor Roosevelt (primera dama de 1933 a 1945) la mujer que redefinió este importante rol para los norteamericanos. En el imaginario colectivo, ser primera dama significaba dar una idea de elegancia y atractivo donde, sin duda, reinaba la desigualdad. Por no hablar de la exposición a las críticas y a la presión mediática a la que están expuestas. Todos sus movimientos son observados y juzgados al milímetro y no todas hacen frente a esto de la misma manera.

Cabe destacar que la gran mayoría de ellas, con dignidad y presencia, han sabido brillar por ellas mismas y se han alzado como abanderadas de numerosas causas sociales. Algunas creando sus propias fundaciones apartadas del gobierno y otras llevando a cabo campañas que defendían el feminismo, la educación para todos, la reforma sanitaria o la pobreza; aprovechando el tirón mediático y la capacidad de influencia que tienen entre los ciudadanos estadounidenses para promover estas iniciativas. Hablamos desde la lucha contra el sobrepeso de Michelle Obama, la campaña contra la droga de Nancy Reagan hasta la polémica defensa de Melania Trump contra el cyberbullying.

Ellas tienen una popularidad e influencia difícil de entender en otros países como España, donde la tradición es algo diferente. En Estados Unidos es tal el poder que han obtenido con el paso de los años que han adoptado una agenda política propia. Tenemos el ejemplo más claro en Hillary Clinton, la única primera dama casi presidenta en 2016 y que anteriormente, cuando gobernaba su marido Bill Clinton, asumió el cargo simbólico en numerosas ocasiones, ya fuese en representación oficial de su marido o participando en campañas políticas y causas sociales.

“Porque cualquier primera dama, por derecho, tiene la opción de definir su rol” decía Michelle Obama en una entrevista para Vogue en 2016. Cada una de las cuarenta y siete primeras damas que ha habido en la historia de Estados Unidos perfilaron su papel de forma diferente. Pero no cabe duda de que, la mayoría, intentaron mejorar diferentes ámbitos sociales del país, convirtiéndose en protagonistas y pilares fundamentales de su historia política. A pesar de no ser un trabajo oficial, su figura ha servido de influencia en numerosos sectores, desde el dominio de la opinión pública hasta la industria de la moda. Pero ¿cómo se ha ido redefiniendo su figura desde que Martha Washington se convirtiese en 1789 en primera dama? ¿Cuáles han sido las claves del poder de cada mujer? Hacemos un repaso por los perfiles más influyentes del último siglo.

Comencemos hablando de la nueva primera dama,

¿quién es Jill Biden?

Jill Biden en la campaña electoral de su marido |
Fuente: Shutterstock

La hemos visto en infinidad de ocasiones durante los últimos meses en primera línea de las campañas electorales de su marido. Ha sido un apoyo fundamental para Joe Biden durante toda su carrera, pero Jill Biden nunca ha querido ser la consorte de nadie. De hecho, su carrera y su formación siempre han sido prioritarias para ella.

Cuando su marido llegó a la primera línea política en 2009, se sacó dos másteres (uno en Educación por la Universidad West Chester de Pensilvania y otro en Inglés por Universidad de Villanova) y un doctorado a sus 56 años con una tesis sobre cómo disminuir el abandono escolar y retener a los estudiantes en las aulas, cuando ya era segunda primera dama. En este último se matriculó con su nombre de soltera para evitar tráfico de influencias y ella sigue pidiendo actualmente que se la llame doctora Biden, en vez de miss Biden. Su marido decía al presentarse como candidato demócrata a la presidencia, orgulloso de ella: “Soy el esposo de la doctora Jill Biden.”

Su mujer marcará historia al ser la primera dama de la historia que no interrumpa su propio trabajo remunerado al entrar en la Casa Blanca, ya que tiene intención de seguir dando clase en la universidad durante la presidencia de su marido.

Solo ha visto interrumpida su carrera como profesora desde enero de este año, para acompañar a su marido en su campaña electoral. Una decisión que no fue nada fácil para ella. Pero desde el primer momento confesó que volvería a las aulas. “Si algún día sucede (la victoria de Biden), voy a seguir enseñando. Es importante y quiero que la gente valore a los profesores y su contribución profesional”, afirmó en una entrevista hace unos meses.

Comprometida con sus valores, el tema de su tesis doctoral está profundamente relacionado con su carrera y en los últimos años se ha enfocado en los colegios educativos de formación profesional, alternativa para los estadounidenses que no pueden pagar la universidad.

Ella será quien tome el relevo de Melania Trump en el papel, contando con un perfil totalmente opuesto, esta vez más clásico y moderado. Casada con Biden desde 1977, es la segunda esposa del político, quien perdió a su primera mujer, Neilia Hunter, y a su hija Naomi seis años antes en un accidente de tráfico. Jill Biden tenía 26 años por entonces y aceptó a sus dos hijos, Hunter y Beau, como suyos. Juntos han tenido que afrontar una vida llena de altibajos. En 1981 nació su primera hija en común, Ashley, y en 2015 murió su hijo Beau debido a un tumor cerebral. Además, su familia se ha expandido y son orgullosos abuelos de varios nietos.

Jilll Biden mantiene una estrecha relación con una de sus antecesoras, Michelle Obama, quien dice que será una maravillosa primera dama. Juntas han trabajado en numerosas iniciativas sobre la educación.

En cuanto a las causas sociales que defiende, es una fuerte defensora del movimiento #MeToo, que estuvo a punto de costarle la carrera política a su marido tras algunas acusaciones. Ella defendió a su marido negando los hechos y apoya a las mujeres que han sufrido alguna situación así. También planea seguir abogando por la matrícula gratuita de la universidad, por la financiación para la investigación del cáncer y por el apoyo a las familias militares. A partir de enero de 2021, veremos si Jill Biden conseguirá aprovechar su nuevo rol como primera dama para seguir impulsando iniciativas sociales.

Melania Trump (2016 – presente)

Melania Trump | Fuente: AP

El paso de Melania Trump por la Casa Blanca ha sido tan polémico como el de su marido. Acabó emparejada con el multimillonario Donald Trump tras emigrar a Estados Unidos para ser modelo y, en 2016, se convirtió de manera inesperada en primera dama del país.

Ha destacado por ocupar titulares repletos de polémicas y se define por su mirada seria, rostro inmóvil y un misterioso halo que la envuelve en sus presentaciones. Criticada por la prensa en numerosas ocasiones por retirar la mano de su marido en público y por su extravagante (y en ocasiones desacertado, como la vez que visitó un albergue de niños inmigrantes con una chaqueta que ponía “La verdad es que no me importa, ¿a ti?”) estilismo.

Siempre envuelta en una silenciosa competición con su hijastra Ivanka Trump, su participación en la última campaña electoral ha sido escasa y, durante su estancia en la Casa Blanca, ha abanderado la iniciativa social contra el ciberacoso a menores, conocido como “cyberbulling”. Una polémica iniciativa, criticada al contrastarla con los mensajes desafortunados de su marido en redes sociales.

Tan hierática como excepcional, parece importarle poco lo que diga la opinión pública de ella y siempre hace de su puesta en escena una clase magistral de dominio de la imagen. Siempre se ha mostrado fría y distante con Donald Trump y, tras la derrota de su marido en las elecciones, numerosos medios afirman que le está presionando para aceptar los resultados y algunos incluso hablan de divorcio.

Michelle Obama (2008-2016)

Michelle Obama | Fuente: Getty Images

Que el matrimonio Obama revolucionó no solo la política, sino el mundo mediático durante su legislatura es algo que ya sabemos. Al igual que su marido fue el primer presidente afroamericano del país, ella se convirtió en la primera First Lady de tal origen y llevaban su carisma y su glamour por todo el mundo.

Michelle Obama se convirtió en una leyenda durante los ocho años que mantuvo el rol de primera dama y, hoy en día, sigue siendo una de las personas más influyentes del país americano. Destaca su arrolladora personalidad, compromiso y cercanía con los demás, por no hablar de su implicación en causas sociales como la obesidad infantil y su programa Let’s Move! Michelle Obama trabajó por la implementación de dietas más saludables en los colegios de Estados Unidos y ha luchado en favor de la educación de las niñas por todo el mundo, que promovió en su programa Better Make Room.

Proveniente de la zona sur de Chicago y graduada por las universidades de Princeton y Harvard, conoció a su marido cuando terminó sus estudios y comenzó a trabajar en el despacho de abogados Sidley Austin. Juntos tienen dos hijas, Malia y Sasha, que también ejercen una gran influencia entre las jóvenes norteamericanas.

Abogada, escritora y activista; Michelle Obama no fue una primera dama cualquiera y pronto se convirtió en el espejo donde se reflejaban miles de estadounidenses. Ella reflejaba el sueño americano de que todo lo bueno llega e hizo de su papel, un icono para el mundo. Tras su discreta retirada de la Casa Blanca, el matrimonio tuvo la intención de llevar una humilde vida normal, pero pronto firmaron un acuerdo con Penguin Random House además de un contrato con Netflix por el que la pareja producirá contenido para la plataforma.

Michelle Obama ha publicado hace poco sus memorias, enfocada en contar la historia de “una mujer negra de origen obrero”, como ella misma declara.

La clave de su poder fue mantener el equilibrio perfecto entre el espectáculo y el glamour y su implicación social y la naturalidad.

Laura Bush (2001-2009)

Laura Bush | Fuente: Vogue

La esposa del presidente George W. Bush consiguió destacar en su implicación en causas sociales pese a que su marido fuese considerado uno de los peores presidentes de la historia norteamericana. Su labor se distinguió por realizar iniciativas de lucha contra el sida y la malaria y, por su dedicación a los niños desfavorecidos sin acceso a la educación, consiguió que su marido crease el programa No Child Left Behind. En sus ocho años en la Casa Blanca promovió la alfabetización de los más pequeños y apoyó la innovación en las aulas. Cuando comenzaron las guerras de Irak y Afganistán, expandió su defensa por la educación a escala mundial.

Hillary Clinton (1993-2001)

Hillary Clinton en su campaña presidencial en 2016 | Fuente: REUTERS/Brian Snyder

La más implicada en política, ha sido la única primera dama que casi se convierte en presidenta en 2016, lo que podría haber convertido a Bill Clinton en el primer consorte varón de la historia estadounidense.

Durante sus años como primera dama, Clinton representó a la típica mujer con ambición de los años noventa, con sus trajes de chaqueta y con una diplomacia e intelectualidad propias de las altas esferas. Además de política, abogada, escritora y diplomática; fue y sigue siendo una mujer comprometida con causas sociales como la reforma sanitaria. El objetivo de Hillary Clinton era conseguir una cobertura universal en el sistema sanitario, iniciativa que no tuvo éxito a pesar de su empeño. También se implicó en causas relacionadas con niños y mujeres.

Se le considera una de las primeras damas con más poder de Estados Unidos. En el año 2000 fue elegida senadora por Nueva York, con su marido aún en el poder y, más adelante, en 2008 fue secretaria de Estado de Barack Obama. Aunque no consiguió la victoria presidencial en 2016, continúa siendo una persona activa e influyente en política.

Nancy Reagan (1981-1989)

Nancy Reagan | Fuente: Vogue

Criticada en sus comienzos por una costosa renovación de la Casa Blanca, más tarde se convirtió en una de las primeras damas más queridas por los norteamericanos. Su influencia se centró en luchar contra el uso de las drogas, lanzado una campaña llamada Just say no, gracias a lo cual su marido Ronald Reagan aprobó una ley que establecía mínimos penitenciarios por el uso y la posesión de drogas. La actriz de Broadway se ganó el cariño del pueblo por su implicación en la “guerra contra las drogas” y su lucha por la investigación del alzhéimer.

Betty Ford (1974-1977)

Betty Ford | Fuente: Getty Images

Mujer progresista abanderada de la igualdad, se implicó en decenas de campañas sociales durante el mandato de su marido Gerald Ford, considerándose una de las primeras damas más activas de la historia. Defendió abiertamente el feminismo, la homosexualidad, el aborto libre y hasta el consumo de marihuana hablando abiertamente de sus problemas y adicciones para concienciar a la población. Fundó el Centro Betty Ford para tratar los problemas de abuso de sustancias y con su influencia logró reducir el estigma social en torno a las adicciones. Por si fuese poco, también dio voz al cáncer de mama al anunciar su mastectomía.

Una de sus frases más icónicas fue la siguiente: “No creo que ser primera dama deba impedirme expresar mis puntos de vista. ¿Por qué el trabajo de mi esposo, o el del tuyo, podrían impedirnos ser nosotras mismas? Ser una dama no requiere silencio.”

Jackie Kennedy (1961-1963)

Jackie Kennedy | Fuente: Getty Images

Icono de estilo y representante de la elegancia, convirtió al nuevo medio de comunicación de la época en un aliado al realizar el primer tour televisado de la Casa Blanca, acercándola de esta manera a los ciudadanos estadounidenses. Jacqueline Kennedy, graduada en Literatura Francesa, era una mujer culta e inteligente. Interesada por la conservación de los bienes históricos y por las artes, ella misma se encargó de restaurar y redecorar la casa presidencial. Pese a las numerosas críticas que recibía, ligadas a sus asuntos amorosos y su breve estancia por la Casa Blanca, Jackie Kennedy se convirtió en toda una leyenda debido a su entereza y fortaleza tras el asesinato de su marido. Su rastro de elegancia persiste hasta la actualidad perpetuándose como un icono de buen gusto entre los norteamericanos.

Eleanor Roosevelt (1933-1945)

Eleanor Roosevelt en la ONU | Fuente: Getty Images

La primera dama que más tiempo permaneció en la Casa Blanca. En los doce años que asumió el rol logró redefinir completamente el papel de consorte del presidente, de hecho, fue la primera dama que recibió oficialmente tal reconocimiento tras la victoria en las elecciones de su marido Franklin Roosevelt. Dejó huella en materias de igualdad y luchas sociales, además de marcar un preferente al expresar públicamente sus opiniones en una columna que se publicaba en los periódicos llamada My Day. Roosevelt convocaba conferencias de prensa donde solo había mujeres periodistas para reivindicar su papel en las redacciones y recorrió de primera mano de punta a punta el país para conocer el modo de vida de los ciudadanos.

Activista incansable y trabajadora nata, se consideraba feminista y antirracista y tras la muerte de su esposo en 1945, continuó su labor en el mundo llegando a ser presidenta de la comisión que redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por Naciones Unidas tres años después. Por ello la llamaban “primera dama del mundo”. A pesar de vivir crisis históricas como La Gran Depresión de 1929, Eleanor Roosevelt seguía creyendo en el futuro y participó en las propuestas del New Deal, además de impulsar una política intervencionista para apoyar a los más pobres afectados por la situación. Por su lucha por los derechos cívicos y de las mujeres, se considera una de las mujeres más influyentes de la historia norteamericana.

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