Cultura Opinión

Morder oro y romperse el diente

Una vez me dijeron que ser periodista era “escribir mucho, dormir poco y cobrar menos”. No seré yo quien lo niegue, pero el oficio tiene su encanto. Si bien ya no es el hogar de reporteros trajeados y cronistas bohemios que fue en su día, aún hay cierta estética en la labor: grabar reportajes, escribir para multitudes, colaborar con radios… Suena atractivo, pero ¿Es oro todo lo que reluce?

Para dirimir la cuestión, cuento con la ayuda de Juan Soto Ivars y Mar Abad. Por un lado, Juan es autor de varios libros y ha ejercido en el El País, El Confidencial, RTVE y TV3, entre otros. Mar, por su parte, también ha publicado numerosas obras y ha trabajado en empresas como CNN Atlanta, Telecinco, Agencia EFE y Antena 3.

En la última década, el periodismo convencional ha sufrido un declive estrepitoso. Cada vez se consume menos información en periódicos físicos y cadenas televisivas, mientras que las plataformas digitales experimentan un auge histórico. Puede parecer una oportunidad de transición, pero muchas grandes compañías se han quedado atrás respecto a medios online más frescos e independientes. He aquí el primer motivo de la precariedad: si los peces gordos pierden liquidez, sus trabajadores también.

Analógico vs. Digital | Imagen extraída de elpais.com

“A veces pienso que solo se podrán dedicar a esto quienes se lo puedan permitir” cuenta Mar Abad, que considera necesario tener otras fuentes de ingresos para subsistir en el sector. El Periodismo vive del mecenazgo popular. Sin público no hay anunciantes, y sin anunciantes no hay dinero. Por tanto, la dinámica habitual de muchos medios es un “todo por la audiencia”, sacrificando calidad y rigor con tal de agradar al nicho que los sostiene. A fin de cuentas, el cliente siempre tiene la razón.

Otro balazo para el establishment ha sido el cambio en la forma de consumir información. En palabras de Juan Soto Ivars: “Los últimos quince años han transformado totalmente las cosas. El lector ya no es pasivo, sino que responde, critica y casi controla lo que se escribe”. Comentar un titular en Twitter o dar dislike a un reportaje en YouTube es algo que la prensa física o la televisión no ofrecen, por lo que el consumidor las abandona en favor de medios interactivos. “El cambio de modelo ha sido precarizador” dice Juan, que vive del periodismo, aunque, en puridad, es escritor.

Entonces, ¿Las redes sociales son un obstáculo o un empuje para la profesión? Depende. Internet es un megáfono eficaz, pero, de igual forma que el conocimiento se esparce, el desconocimiento también. Para una población que rara vez lee más allá del titular, las fakes news son trampas eficientes. Según Mar Abad: “Internet nos ha traído más formatos y oportunidades, pero si lo utilizamos para ensuciar la profesión no culpemos a la herramienta, sino a quien la usa”.

Metáfora de la desinformación | Imagen de pinterest.es

En resumen, el Periodismo tiene una fachada más elegante de la cuenta. La búsqueda desesperada de audiencia es el crepúsculo de este oficio; donde la razón termina y el show empieza. No hay cabida para periodistas rigurosos en la cultura del dinero, sino para voceros esclavos del criterio de su público. ¿Consejos para adentrarse en el mundillo? Para Juan Soto Ivars solo hay cuatro claves: suerte, perseverancia, mirada abierta y atención a las oportunidades.

1 comment on “Morder oro y romperse el diente

  1. Maderfáquer

    “Periodismo”, escrito con mayúscula. Ese es el nivel del artículo.

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