Opinión

Crítica a la crítica

Solemos poner en el punto de mira de nuestro criterio a todo aquello que nos entra por los ojos, ya sea un libro, una película o una persona. Nos apropiamos de todo aquello que percibimos, pues necesitamos comprender el mundo que nos rodea. Esto, en cierto modo, nos convierte en dueños de la realidad, cuando es la realidad la que nos posee a nosotros, cuando es la realidad la que nos trasciende. Ahora, por el mero hecho de estar escribiendo esto, me estoy convirtiendo en dueño del acto de juzgar, como si existiera algún tipo de poder en mí para hacerlo. Sin embargo, no lo hay. Si acaso, el de la razón, aquella que conduce mi seso,  obligándolo a describir la realidad a  cada paso que doy. Esto no es malo ni bueno. Simplemente,  es humano. Aunque esto sea irrefutable, así como inherente a nuestra condición de sujetos pensantes, cabe preguntarse si existe algún límite, o, si al menos, debería existir. Y, en efecto, lo hace: el arte.

El arte es un punto de vista; una forma de entender el mundo y analizarlo. Este punto de vista  surge de la interpretación libre y personal que cada individuo tenga del mundo, por lo que podría decirse que todos somos artistas, siempre y cuando nuestro punto de vista no haya sido influenciado por inferencias externas.

 El arte es, por tanto, algo puro y único que nace de la originalidad que cada uno tenemos. Algunos se lanzan a expresar dicho arte, y lo hacen mediante canciones, cuadros, poemas… Esto último hace que el arte se comercialice, momento en el que nuestro criterio personal entra en funcionamiento. Es aquí, cuando el arte pierde su pureza y unicidad. En otras palabras, nos convertimos en jueces del punto de vista de una persona, nos apropiamos de él y, encima, luchamos por cambiarlo.

Al hacer esto, estamos, no solo atentando contra las piezas originales de un artista, sino contra su propia personalidad, ya que, ¿qué es la personalidad sino un interpretar el mundo?

Sin embargo, esto no nos importa. Simplemente, queremos entender mejor el arte del artista en cuestión y, para ello, lo interpretamos y criticamos con el fin de cambiarlo, con el fin de convertirlo en nuestro.

Habrá algún día en el que el arte dejará de ser arte, pues no quedará más originalidad y personalidad en él, y, por el contrario, será un arte homogéneo que nos sumirá en la despersonalización de nuestra individualidad.

Después de haber leído esto, yo te pregunto: ¿cuándo nos daremos cuenta de que no somos jueces del arte, sino meros espectadores?

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