Opinión

Hablemos de reglas básicas

Si la cabina del avión sufre una despresurización, es de vital importancia colocarse la mascarilla en primer lugar a uno mismo, para a continuación, poder ayudar al que tenemos al lado. Esta regla se recalca una y otra vez en todos los vuelos, puesto que mucha gente correría a auxiliar a su acompañante. Sin embargo, no son conscientes que mientras ayudan al de al lado, corren el riesgo de marearse, desmayarse y, al final, acabar ambos sin mascarilla, con el fatal desenlace que esto pudiera ocasionar.

Preocuparse en primer lugar por uno mismo no es egoísmo, ni mucho menos narcisismo. Es supervivencia. El problema es que cuidarse a uno mismo se percibe como falta de empatía, de generosidad e incluso de respeto. Se percibe como dos caminos que divergen cuando en realidad van de la mano. Porque sin mí, no podría existir un nosotros.

Preocuparse por los demás nunca puede ser sinónimo de abandonarse a uno mismo por el camino. A veces nos olvidamos de nosotros mientras prestamos demasiada atención a los que nos rodean, preocupándonos más del bienestar ajeno que del propio.

¡Cuán importante es querer! En primer lugar, a uno mismo; en segundo, a quien quieras. Debe ser en este orden y no al contrario. Es requisito básico, porque se puede querer mucho, pero no bien.

De lo contrario, cualquier cosa nos parecerá suficiente. Seremos cómplices del daño que nos hagan. Creeremos merecer lo poco y mal que nos quieran. Nos convenceremos de ese trato a medias, de ese trato incompleto. Porque nos lo merecemos, porque no podemos aspirar a mas. Ya que no somos lo que damos, sino lo que nos damos.

Pero la realidad es que solo somos poderosos si sabemos lo que valemos. El oro no deja se ser un elemento químico, al igual que el bronce. Sin embargo, el valor del primero es mucho mayor que el del segundo. Siguen siendo metales, pero su diferencia es que nos han hecho saber cuanto valen.

Que nadie te engañe, conocer nuestro valor cuesta tiempo. Porque cualquier piedra solo es preciosa después de ser pulida. Y eso es un trabajo puramente individual. Conocer nuestro valor es un arduo camino, y mientras intentamos avanzar a veces se retrocede. Otras te empujan o te tropiezas contigo mismo hacia delante. Porque muchas veces es una batalla con uno mismo que nada tiene que ver con el resto.

En definitiva, nadie nos enseña a querernos. Por favor, que Hollywood pare de hacer comedias románticas que nos hablen sobre que en el amor hay que sufrir, que hay que sacrificar parte de quienes somos para conseguir encajar. Y es que quizás el error está en buscar nuestras medias naranjas, sin darnos cuenta de que cada uno somos un melón completo, en busca de nuestro jamón ibérico que nos complemente y nunca nos opaque.

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