Un bote, dos botes, ¿tonto el que no vote?

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En los últimos años España se ha convertido en “la fiesta de la democracia” constante, con elecciones cada año. Tras las elecciones de Catalunya que se produjeron en febrero, le toca a Madrid. El 4 de mayo se votará por la presidencia de la capital tras un episodio dantesco que llevó a Ayuso a convocar elecciones de forma anticipada. Cada proceso electoral aparece un debate recurrente entre la ciudadanía, que es el de votar o abstenerse.

Desde siempre se nos ha convencido de que la única opción que tenemos los ciudadanos de participar en la vida política es a través del voto, anulando así nuestra capacidad de hacer política por otras vías. Esto ha provocado que se piense que la única política posible es la institucional.

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Existe entre la mayor parte de la sociedad una sensación de falta de alternativas a los partidos. Esto nos lleva a delegar todas las decisiones que afectan a nuestro día a día en personas que creemos que nos pueden representar en las instituciones. Cuando llega el momento en el que estos representantes nos decepcionan, no conocemos las opciones que tenemos para buscar otras vías para cambiar las cosas que no se han podido cambiar a través de las instituciones.

Últimamente estamos viendo en nuestro país que hay una derecha cada vez más agresiva y una izquierda más blanda. La izquierda, a pesar de estar en el gobierno, resulta inoperante para las preocupaciones de las clases más bajas y que, en muchas cuestiones, cuesta ver las diferencias con otros gobiernos de derechas. Por ello existe la sensación de que las cosas no cambian y de que el voto realmente no contribuye a ese cambio.

Esta situación ha provocado que se produzca una nueva visión del voto. Ya no se ve el voto como una forma de buscar el cambio, si no que se vota para evitar algo peor, siendo esta la gran baza de los partidos de izquierdas que abogan por el voto para evitar que la derecha gobierne. Esta nueva visión del voto provoca una percepción de debilidad de la izquierda institucional, puesto que su gran argumento para atraer votos es el miedo a la derecha. Además de propuestas que, en su mayoría, no se acaban realizando.

¿La socialdemocracia realmente lleva al cambio?

Aunque determinadas decisiones de los gobiernos de izquierdas han podido cambiar cosas y mejorar las condiciones de las personas, quizá deberíamos plantear si esos cambios son suficientes o solo son meras superficialidades en una realidad que hay que pulir mucho más para llegar cambiarla.

Dentro de este debate entra directamente la cuestión de si la socialdemocracia realmente sirve para cambiar las condiciones de los ciudadanos o, simplemente se trata de parches en una rueda que cada vez gira más rápido. Esta cuestión lleva a mucha gente a plantearse que votar resulta una acción inservible y que lo que realmente puede llevar a mejorar nuestra realidad es la de pasar a la acción directa y hacer política a través de otras vías.

Por ello la reflexión a la que llegamos es que si realmente con nuestro voto estamos cambiando algo y si es suficiente. Esta claro que en el contexto en el que vivimos el voto puede ser importante, pero tenemos que replantearnos si quedarse únicamente en eso sirve de algo. Como actores políticos podemos participar en la política de mas formas que no sean meter una papeleta en una urna cada cuatro años.

El debate de si votar o no votar puede estar vacío si no vemos que podemos hacer a parte de ello. Formarse, organizarse, militar o participar en asociaciones son alternativas para poder empezar a cambiar nuestra realidad y la de la gente que nos rodea.

En definitiva, el voto y la abstención son dos alternativas totalmente respetables, pero ambas deben ir acompañadas de una participación mas activa en la vida política de nuestros barrios y lugares cercanos. Así pasaremos de ser meros espectadores, a ser los protagonistas de nuestras propias luchas.

 

 

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