En la política no todo vale

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Coronavirus | Pixabay

No todo vale. Ni en el amor, ni en la guerra, ni en la política. Esta idea debe quedarnos muy clara a todos; grabada a fuego en nuestra mente. Las mentiras, la manipulación, el odio, el engaño y la crispación no son tolerables en ningún ámbito, y esto incluye la política. Desde Occidente debemos mostrar al resto del mundo que somos una sociedad diversa, tolerante y democrática. No obstante, si existen actores políticos que se valen de las anteriores cuestiones para hacer su trabajo, estos tres últimos valores mencionados no pueden ser respetados y, por consiguiente, su existencia será únicamente algo etéreo y abstracto, banalizado por unos y por los otros, tal y como se ha hecho con la Libertad.

Es de rigurosa importancia que nadie olvide que el Partido Popular votó en contra del Estado de Alarma en más de una ocasión, y que se abstuvo en Octubre de 2020, cuando se decretó que éste duraría hasta el 9 de Mayo. Por si fuera poco, Casado, ese mismo mes de 2020, anunció que denunciaría la decisión tomada por la mayoría de la Cámara de los diputados ante Europa, dando a entender que era un ataque contra las libertades fundamentales de los ciudadanos. Tampoco podemos olvidar que Vox se ha mostrado en contra de esta medida en todas las ocasiones y que además, ha sido la entidad política convocante de varias manifestaciones multitudinarias en plena desescalada, en contra del Estado de Alarma – por ejemplo, Núñez de Balboa y el barrio Salamanca -.

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Eran estas fuerzas políticas quienes exigían con fervor la dimisión del presidente Sánchez por su mala gestión «criminal», abanderándose así de la «libertad», frente a un Gobierno que ellos mismos califican como «golpista, traidor, criminal, socialcomunista, bolivariano, chavista, narcocomunista, etarra» y un largo etcétera. Ha sido Isabel Díaz Ayuso, la Presidenta de Madrid, quien ha basado toda su campaña en la reclamación de la ‘libertad’. Muchos nos preguntamos a qué libertad se refiere la señora Ayuso y los «muy patriotas y mucho patriotas» de Vox con ‘Libertad’. Los segundos no saben ni ellos mismos qué es la libertad, porque son precisamente los herederos y descendientes de los que acabaron con la democracia en España hace ya más de ochenta años. Los segundos, aunque también son herederos directos del franquismo – y no lo digo yo; es un hecho. Sólo hay que ver quién fundó su partido -, han decidido ponerse una máscara para hacer creer que son un partido democrático que realmente se preocupa por el pueblo español y no por sus bolsillos y los de los socios que los han financiado ilegalmente durante dos décadas. Sin embargo, su concepción de libertad es «ir a tomar una cerveza después de trabajar».

Después de seis meses de Estado de Alarma, el Gobierno ha decidido ponerle fin y dar paso a una nueva etapa. Ya no hay restricciones de ningún tipo, excepto en las Islas Baleares. El Gobierno ha seguido las pautas de las autoridades sanitarias y, lo más importante, de Europa, quienes exigían que se acabase con estas medidas. Lo que ha ocurrido después del fin del Estado de Alarma, más que sorprendente y triste – que también lo es -, es indignante. Un servidor no ha podido evitar que le hirviera la sangre viendo las imágenes y vídeos de miles de personas aglomeradas en puntos concretos de las grandes ciudades españolas, en macrobotellones, sin respetar las medidas sanitarias pertinentes, borrachos perdidos, cantando y exclamando, en muchas ocasiones, la palabra estrella que ha suplantado el programa político del PP de Madrid: «¡Libertad!».

Libres para contagiarse y, en definitiva, contagiar a los demás. Esta sociedad individualista y mezquina ya no da más de sí, y los partidos políticos no están a la altura de llevar a cabo un cambio para construir un Occidente que debiera ser, como he mencionado anteriormente, diverso, tolerante y democrático. Porque, ciertamente, salir a emborracharse a las doce de la noche junto a otras miles de personas en tiempos de pandemia, no es libertad, y sin libertad, no puede haber una sociedad asentada en esos tres valores fundamentales.

Y ligado a este individualismo fétido, está el partidismo que ejercen algunos, aprovechando la inconsciencia y egoísmo de algunos para atacar, una vez más, al Gobierno. El PP ha vuelto a atacar a Sánchez, aparentemente indignado por el final del Estado de Alarma. Lo hemos podido ver en el Twitter de las nuevas generaciones del PP, en el que dicen, y cito textualmente, «Fin del Estado de Alarma. Bienvenidos al caos de Sánchez». También lo hemos podido escuchar de Boca de la vicealcaldesa de Madrid. El discurso del PP cambia según el Gobierno lleve a cabo una u otra política. Su misión no es construir una España mejor, diversa y Democrática, cuya ciudadanía respete unos valores cívicos – que, como hemos visto el 9 de Mayo a las 00:01 horas, parece que nadie respeta -, sino el ataque al Gobierno, mediante mentiras, crispación y manipulación, para que así, con un poco de suerte, su partido gane las próximas elecciones generales y vuelvan a gobernar para las élites económicas, y no para el pueblo.

Tuit de Nuevas Generaciones | Fuente: Twitter

Pero no nos podemos sorprender. La bajeza moral de estos dos partidos políticos es un mal al que nos hemos acostumbrado, pero al que hay que seguir combatiendo, mediante la palabra, por supuesto, aunque en ocasiones, a uno se le convierta la sangre en lava, sobretodo al escuchar a Rodríguez Almeida decir que «el botellón no es Libertad» después de dedicar toda una campaña electoral a utilizar la idea de Libertad como sinónimo de poder ir a tomar alcohol después de trabajar.

Erik Moreno Bonilla

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