¿Cuántos años puede vivir un ser humano?

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Fuente: Pixabay

La vida promedio de un antiguo egipcio era de 35 años, mientras que durante la década de los 60 la esperanza de vida mundial ascendía a los 61 años. Y hoy por hoy, un humano muere de media antes de dar 73 vueltas al Sol. Es sabido por todos que los avances en medicina, tecnología e higiene son los responsables de este estrepitoso incremento de años de vida. Pero, ¿hay un tope? ¿Cuánto podríamos llegar a vivir? ¿Podríamos ser inmortales?

Si nuestras células son capaces de dividirse, ¿por qué no lo hacen para siempre? Es una pregunta que como estudiante de las ciencias de la vida me hice siempre. Por qué morir si nuestro cuerpo puede replicar todo su genoma y transferirlo a sus células hijas.

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Tom Hanks en la película Náufrago dijo: «Vivimos o morimos por el reloj, ese es todo el tiempo que tenemos». Y efectivamente esta afirmación no solo tiene sentido a nivel macroscópico, sino también a nivel celular. Nuestras células poseen unos pequeños relojes moleculares llamados telómeros. Estos «relojitos» son los que deciden cuantas veces se divide una célula, y para nuestra desgracia una célula solo se puede dividir un número finito de veces. Cuando ese linaje celular muere no se repone, produciendo aquello que solemos llamar envejecimiento. Queda por tanto una célula que no es capaz de dividirse y que recibe el nombre de célula senescente, o como a mí me gusta llamarlas: «células zombie».

Cromosoma con sus telómeros representados en color rosa | Fuente: Wikimedia Commons

Los telómeros realmente son las terminaciones de nuestros cromosomas. Actúan de una forma parecida a la de los herretes de los cordones de los zapatos, evitan que los cromosomas se «deshilachen». En cada división los telómeros se van acortando sucesivamente hasta que llegan a ser tan cortos que la célula muere. Es decir, que a mayor longitud del telómero más divisiones le quedan a la célula por completar.

Sin embargo, existe una enzima llamada telomerasa que actúa sobre estos «relojitos». Ésta los repara según se van acortando. Podría decirse que la enzima es una caja de herramientas que cuida de esos telómeros y hace que no se acorten de manera superlativa.

¿Y por qué no alargar los telómeros hasta el infinito con ayuda de la telomerasa? De hacer eso las células se seguirían dividiendo siempre y no moriríamos, ¿no? La respuesta a esta pregunta es más compleja de lo que parece. Cuando existe una división celular siempre quedan algunos fallos residuales al copiar tanta información. Esos fallos se van acumulando hija tras hija a través de la línea genealógica de la célula y cuando esta acumulación de fallos es muy grande tendríamos ante nosotros lo que denominamos cáncer. Más específicamente un linaje de células cancerígeno. Esto es: si alargamos hasta el infinito los telómeros el cáncer acabará por terminar con nosotros.

Los telómeros serían algo así como una línea de contención contra tumores. Si no se dividen más, no pueden producirse fallos al copiar y no habrá cáncer. Y por tanto, se producirá el fenómeno de senescencia y envejecimiento a nivel macroscópico.

Esta gran muralla molecular es lo que hace que actualmente los científicos no se centren tanto en alargar la vida, sino en aumentar la calidad de vida hasta la muerte. Es por eso, que mucho me temo que hasta que no solucionemos el gran problema de los telómeros la inmortalidad queda muy lejos de ser una posibilidad para la especie humana.

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