Cafeína o teína, ¿cuál es mejor?

0
482
Fuente: Wikimedia Commons

El café y el té son dos de las bebidas más consumidas en todo el mundo, tanto que hay países que lo toman como emblema, así ocurre con el té en Inglaterra. Sin embargo, los amantes de estas infusiones no se ponen de acuerdo sobre cuál resulta más beneficiosa para la salud.

¿En qué se diferencian cafeína y teína?

Lo cierto es que cafeína y teína químicamente son la misma molécula: un alcaloide del grupo de las xantinas, de aspecto cristalino, blanco, sabor amargo y estimulante del sistema nervioso. Pero, evidentemente el café y el té no son lo mismo, debido a diversos factores de las bebidas que hacen que nos afecten de forma diferente.

Publicidad
Estructura de la cafeína

El primero de ellos es la concentración. La cantidad de cafeína en un café expreso puede ser hasta 10 veces mayor que la que encontramos en una taza de té. Esto es así porque provienen de diferentes plantas, y a que se llevan a cabo distintas formas de preparación.

Otro factor fundamental es la diferente composición de estas infusiones, pues además de la cafeína/teína, poseen otras sustancias que les confieren distintas propiedades. Por ejemplo, en el café también podemos encontrar ácido cafeico (potente antioxidante). Por el contrario, en el té hay teofilina y taninos. Precisamente, los taninos son los responsables de que la cafeína del té se absorba en el intestino mucho más despacio que la del café, pues en este hay menor cantidad de taninos (además de que tiene más dosis de cafeína, por supuesto). De ahí que la acción estimuladora del café sea mucho más potente e inmediata, mientras que la del té es más progresiva.

¿Qué efectos tienen sobre nosotros?

La principal acción de la cafeína es su papel como antagonista de los receptores de adenosina (en concreto, los receptores A1 y A2) de las células del cerebro. Es decir, bloquea a estos receptores, inhibiendo la acción de la adenosina. La adenosina es un neurotransmisor de nuestro sistema nervioso central que posee efectos inhibitorios sobre la actividad de las neuronas, induciendo así el sueño (efecto sedante). Por eso la cafeína hace que estemos más despiertos y energéticos.

Otras consecuencias beneficiosas de esta molécula son: mejoras cognitivas y de la memoria, reduce el riesgo de desarrollar diabetes tipo II y provoca un aumento del rendimiento deportivo. También se sabe que ayuda a movilizar la grasa corporal y previene la osteoporosis.

Sin embargo, no deja de ser una molécula que afecta a nivel del sistema nervioso central, y por tanto presenta otras repercusiones no tan favorables. La más destacable es la tolerancia y dependencia a la cafeína. Esto ocurre porque al estar bloqueando continuamente los receptores de adenosina, el organismo trata de crear más, para que así la adenosina pueda ejercer su acción. Resultado: necesitaremos más cantidad de cafeína para sentir su efecto, pues ahora tiene que “apagar” más receptores.

Por tanto, esta tolerancia generada por el organismo desemboca en el consumo de grandes cantidades de cafeína, originando una intoxicación que cursa con insomnio, nerviosismo, arritmia cardiaca y un incremento de la diuresis, es decir, aumenta la eliminación de agua al orinar; por lo que puede dar pie a una deshidratación.

Todos estos efectos negativos, resultado del abuso, son notablemente más intensos y se manifiestan más rápido en el café que en el té, debido a la diferencia de velocidad de absorción, como ya hemos comentado previamente.

Como conclusión, lo más recomendable entre café y té es tomar aquel que nos guste más y con el que nos sintamos más reconfortados, evitando siempre un consumo excesivo, pues eso puede impedir que se desarrollen todos los beneficios que nos aporta.

Publicidad | Advertisement

Deja un comentario