¿Qué supone el término violencia obstétrica para las ginecólogas españolas?

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Una ginecóloga agarra a la madre durante el parto.

Las ginecólogas están totalmente disconformes ante la inclusión del término violencia obstétrica en la Ley de salud sexual y reproductiva, y más aún, con su calificación como un tipo de violencia de género. Consideran que es un término jurídicamente doloso, que no se ajusta a la realidad y que, desde el punto de vista médico, puede tener consecuencias psicológicas en los profesionales.

Eran las nueve de la mañana de un día soleado, pero frío de noviembre. Hora punta para entrar a trabajar. La calle Doctor Esquerdo parecía una autopista por la velocidad de los viandantes, a excepción de una pareja de jubilados dados de la mano. El hombre con la mano izquierda sujetaba el periódico y la mujer con la derecha el pan del día. Ya en la calle de uno de los hospitales públicos más importantes de España, según el monitor de reputación sanitaria, todo con el que te cruzabas llevaba los típicos documentos para acudir al médico: volantes, hojas de citación, peticiones de análisis. Una vez dentro del hospital, en la sala de espera de Ginecología, había cuatro pacientes, tres de ellas acompañadas de sus maridos. Salió la enfermera y empezó a recitar por orden los nombres de los citados. La primera de las mencionadas, se levantó con la ayuda de su marido y entraron en la consulta seguidos de la enfermera.

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A su salida, después de la consulta y con varias hojas en la mano (un folio de programación de citas de gestación de bajo riesgo, cinco páginas grapadas del documento de consentimiento informado del parto y, por último, otro taco de 13 páginas sobre las dudas frecuentes acerca del control del embarazo de bajo riesgo); la paciente, Marivi Gutiérrez (nombre ficticio) comentó que había recibido un trato magnífico por parte de su ginecóloga durante el transcurso del proceso. Además, confesó que no entendía a aquellas mujeres que utilizaban el término de violencia obstétrica. «Es intolerable que tengan que aguantar semejantes términos en su puesto de trabajo. ¡Yo no aguantaría, vaya!», añadía su marido abandonando la sala de espera cogiendo de la mano a su pareja.

«La violencia obstétrica es un término jurídicamente doloso para las profesionales»

El término de violencia obstétrica, según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (S.E.G.O.), es utilizado para hacer referencia a aquellas intervenciones médicas innecesarias durante el parto, a menudo rutinarias, que en muchas ocasiones se realizan sin proporcionar información a la mujer ni solicitarles el consentimiento. La S.E.G.O. plantea que no se puede confundir la mala praxis puntual con un término cuyo significado es jurídicamente doloso para los profesionales.

La Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Madrid afirma que el término violencia obstétrica hace alusión, fundamentalmente, al trato contrario a las normas éticas y legales en la asistencia al embarazo, parto y posparto. Por su parte, la Asociación de Ginecología del Principado de Asturias añade que es un concepto que perjudica gravemente e injustamente a su profesión, desencadenando en un estado de alarma y múltiples emociones negativas a la rama de la medicina que se encarga del cuidado de la madre y su hijo durante ese periodo fundamental de sus vidas. También aseguran que no es un término nuevo, ya que se utilizaba para describir la mala praxis en los paritorios ingleses hace 200 años. Por lo que su uso no es adecuado, puesto que no se ajusta a la realidad de la asistencia al embarazo, parto y posparto en España.

«La violencia obstétrica existe»

Por otro lado, asociaciones como El Parto es Nuestro, consolidada con los testimonios de madres, aseguran que la violencia obstétrica constituye una violación a los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres. Para evitar esta supuesta violencia, crearon el Observatorio de la violencia obstétrica para evitar que se dé este supuesto tipo de violencia de género sobre las madres. Sus afirmaciones se centran en el artículo 51 de la Ley orgánica venezolana de 2007 sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia y en la resolución del año pasado de el Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer (CEDAW), organismo de las Naciones Unidas, donde la jurista Francisca Fernández Guillén consiguió que España fuese condenada a indemnizar a una madre que sufrió violencia obstétrica.

Por ello, desde el Ministerio de Igualdad y el Instituto de las Mujeres, han considerado necesario incluir el término dentro de la Ley de salud sexual y reproductiva. Irene Montero, ministra de Igualdad, señala que constituye un asunto complejo, con diferentes procesos y que van a tratarlo con el máximo rigor y respeto a los distintos puntos de vista, con el objetivo fundamental de garantizar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. «Esta garantía de derechos pasa por preservar y asegurar la calidad y las garantías del trabajo de las profesionales de la salud, cuidando el sistema público», aclaraba la ministra afirmando que era un debate abierto, donde debían trabajar conjuntamente para llevar a cabo un proceso coordinado durante los próximos meses.

Pero realmente, ¿es violencia obstétrica o mala praxis? ¿Cómo se sienten los profesionales al respecto del término? ¿Consideran llevar a cabo este tipo de violencia de género?

«Es denigrante»

La ginecóloga María Domínguez (nombre ficticio) comenta que el término le parece un horror ya que considera que es totalmente contrario a lo que es la actuación médica. «Los obstetras estamos para atender a la mujer, acompañarla y asegurarnos el mejor resultado posible. ¡Es denigrante!», agregaba la doctora Domínguez. Lucía Fernández (nombre ficticio), otra ginecóloga de este hospital de alta complejidad (dan cobertura a toda la población del sistema de salud para ofrecer prestaciones de alta complejidad). comentaba que es un término totalmente falso el cómo está planteado.

La doctora Fernández añadía: «Los ginecólogos no estamos para ejercer violencia sino todo lo contrario, para ayudar a que haya buenos desenlaces en la vida reproductiva de la mujer». Araceli Pérez (nombre ficticio), enfermera del hospital, sigue la misma línea que sus compañeras respecto al término y señala que, en muchos casos, las mujeres vienen predeterminadas por la experiencia de algún caso puntual cercano, que resulta bastante discutible.

Ecografia en el Instituto Palacios. | Fuente: Instituto Palacios

Mar Pardo (nombre ficticio), supervisora de matronas de paritorio, también se posicionaba en contra del término, ya que considera que es agresivo y que tiene muchas connotaciones lesivas para su oficio. «A veces como profesionales estamos acostumbrados a hacer una tarea y no reflexionamos. En esta nueva ley, me replanteo si todo lo que hago lo hago bien», comentaba la doctora Pardo. A esta reflexión, Marta García (nombre ficticio), matrona de este hospital nivel tres, comentaba estar de acuerdo con el término, aunque debería ser matizado debido a que no considera que sea una violencia física sino una violencia en el ejercicio de la autoridad. «A mí no me hace ningún daño el término. Considero que hiere sensibilidades, pero es algo que se tenía que visibilizar de alguna manera», agregaba la matrona.

Las cuatro profesionales coinciden en que, si no fuera por los distintos avances médicos, el intervencionismo durante el parto sería mucho mayor al actual debido al aumento drástico de patologías y de embarazos de alto riesgo provocados por el postergamiento materno en España. Además, concluyen afirmando que su labor nunca va a ir en detrimento del paciente, es más, su labor se centra en buscar el mayor beneficio de la madre y del bebé.

El postergamiento del primer hijo aumenta las patologías

Las profesionales afirman que se ha visto reducido el número episiotomías (incisión que se hace en el perineo durante el parto) a pesar de las complicaciones provocadas por el aumento de la media de edad materna. «Es preferible realizar una episiotomía, que es un corte dirigido, a que se produzca un desgarro», comentaba la doctora Domínguez. «El uso de la episiotomía en 2009 era menor al 50% y este porcentaje se ha ido reduciendo hasta 21,7% en el último año», aseguraba la ginecóloga y miembro de la S.E.G.O. (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia), S.E.C. (Sociedad Española de Contracepción) y S.E.F. (Sociedad Española de Fertilidad) Ana Monzó Miralles.

Episiotomia. | Fuente: Pinterest

Respecto a las cesáreas, las ginecólogas del centro comentan que llegar a tener un 30% de cesáreas (intervención quirúrgica el cual se realiza una incisión quirúrgica en el abdomen y el útero de la madre para extraer uno o más bebés) sería un dato preocupante. La situación real en este hospital es que en 2019 en el 18,98% de los partos se han llevado a cabo cesáreas, un aumento del 1,29% respecto al 2017 (17,68%) por el aumento de la complejidad de los partos por distintas causas. 

«Tenemos una muy buena salud materno infantil que tenemos que valorar y que ha mejorado mucho con el paso de los años», aseguraba la doctora Fernández. Según un estudio llevado a cabo con los datos facilitados por el INE, la tasa de mortalidad infantil neonatal (0-27 días) en la Comunidad de Madrid en 1980 era del 6,97 por 1.000 nacidos vivos. Mientras que en 2020 la Tasa de Mortalidad Infantil Neonatal descendió a 1,64 por 1.000 nacidos vivos. Es decir, se ha producido un descenso del 425% o 5,33 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos en 30 años.

La situación social y económica actual española ha provocado que la edad de procreación de las mujeres primíparas se incremente provocando que haya una mayor posibilidad de patologías durante el parto. España, seguido de Italia e Irlanda, es el país europeo con mayor porcentaje de madres de más de 35 años, y la proporción ha continuado incrementándose en los últimos años. El hecho de postergar la edad de procreación ha conllevado a un incremento en el número de embarazos obtenidos por reproducción asistida, lo que hasta fecha reciente implicaba un aumento de nacimientos múltiples.

La ginecóloga Lucía Fernández decía que los profesionales hoy en día se preparan, aún más si cabe, para evitar este tipo de complicaciones a través de cursos y talleres. «No queremos que ocurran hemorragias posparto, embolias de liquido amniótico o desgarros, pero la realidad es que ocurren, y más, con el aumento de embarazos de alto riesgo», agregaba la ginecóloga.

Cesarea. | Fuente: Enciclopedia Salud

También está incrementando la obesidad materna que acarrea un mayor riesgo significando la intervención médica en múltiples ocasiones. España es el segundo país europeo con mayor número de nacimientos múltiples (gemelos y trillizos), solo por detrás de Chipre. «Ahora mismo con el avance de la medicina, estamos viendo que mujeres que no podían quedarse embarazadas lo están consiguiendo. Pero claro, dificulta mucho la gestación por complicaciones maternas o por complicaciones fetales», aseguraba la doctora Fernández.

España, seguido de Italia e Irlanda, es el país europeo con mayor porcentaje de madres de más de 35 años

«Son casos muy puntuales»

En este hospital de alta complejidad encontramos que el porcentaje de satisfacción con los médicos es del 95,12%. Es decir, 19 de cada 20 personas se encuentran satisfechas con la actuación médica. Además, podríamos establecer una comparación entre las reclamaciones de paritario recibidas y el número de partos anuales en este hospital. Estos datos han sido facilitados por el Jefe de servicios de Ginecología y Obstetricia de este centro hospitalario nivel tres. En 2019, recibió un total de seis quejas de los 5091 partos que se llevaron a cabo. Un 0,11% de las madres realizaron algún tipo de queja tras el parto. Mientras que en 2020 únicamente se notificaron cuatro reclamaciones de los 4850 partos realizados. Es decir, un 0,08% de las mujeres comunicó su desagrado ante los servicios llevados a cabo por el hospital.

«Son casos muy puntuales en los que la mujer ha venido, después del parto, a transmitir una queja al ginecólogo por la falta de información o porque supuestamente no le han dicho el motivo por el cual le han hecho la cesárea», comentaba Araceli Pérez. Su compañera, también enfermera, Francisca Rodríguez (nombre ficticio) subrayaba: «Las pacientes consideran que no se les ha informado de nada, cuando realmente sí que se les ha informado, pero al ser un momento de tanto estrés y malestar, es normal no enterarse de todo lo que te están diciendo». 

Ginecólogo da la mano al paciente

Natalia Valdés (nombre ficticio), supervisora de enfermería de planta de puerperio (período que inmediatamente sigue al parto), aseguraba que, tras el parto, el médico pasa visita todos los días y al recibir el alta se les transmite la información acerca de los cuidados que tienen que tener las madres en casa, los cuidados para el recién nacido y todas las citas a las que tendrán que acudir próximamente.

Araceli Pérez: «SOn casos muy puntuales en los que la mujer ha venido a poner una queja»

El término como violencia de género

La violencia obstétrica se engloba dentro de la violencia de género. Según la Asociación El Parto es Nuestro, este tipo de violencia de género puede definirse como la apropiación del cuerpo y de los procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales.

Por otro lado, el ministerio de Igualdad define la violencia de género como aquella que, “como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”, y “comprende todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad.”

Por tanto, los profesionales de este hospital se niegan en rotundo a afirmar que este término sea un tipo de violencia de género debido a que 41 de 56 profesionales de esta rama son mujeres, es decir, un 73,2%.«Yo no puedo ejercer violencia de género si ni soy hombre ni soy su pareja ni conozco a la señora de nada», comentaba la doctora Fernández. 

Repercusiones psicológicas en las ginecólogas

Pero ¿qué puede suponer a nivel psicológico este término para las profesionales? La psicóloga clínica del programa de Salud Mental Perinatal del hospital, Eva Díaz (nombre ficticio) considera que, si bien sería importante y necesario para los profesionales de obstetricia poder revisar algunas de las conductas, actitudes, maneras de comunicar y escuchar a sus pacientes, el término en sí mismo, puede resultar impactante para la mayor parte de los profesionales presentando una baja autoestima a nivel profesional.

La profesional del centro continuaba afirmando que en algunos casos puede llevar a presentar una actitud defensiva frente a las pacientes, así como, a nivel identitario, puede tener un impacto negativo en su imagen y en la concepción de las prácticas realizadas por las profesionales en este hospital.

«Sería necesario encontrar puentes de comunicación entre las mujeres y sus obstetras, para poder escucharse mutuamente, permitiendo a los obstetras el poder revisar ciertas prácticas, actitudes y estilos que, seguramente ellos tampoco querrían mantener sabiendo las consecuencias negativas en la mujer a nivel físico/psíquico/emocional», concluía la psicóloga.

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