La minería espacial pretende ser una realidad a partir de 2030

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Orion capta una vista única de la Luna y la Tierra | Fuente: NASA
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El pasado 16 de noviembre, la NASA realizó el primer vuelo del Artemisa I para dar inicio al programa que haga realidad el concepto de minería espacial en la Luna a partir de 2030. La minería espacial supondría un hito para la humanidad a nivel científico, pero podría agrandar todavía más la brecha entre ricos y pobres si no se llevara a cabo un modelo equitativo.

«Parece salido de una película de ciencia ficción», comentaba mi padre mientras veíamos en directo el lanzamiento al espacio del Artemisa I, el primer vuelo del programa de minería espacial liderado por la NASA. Ver su despegue producía necesariamente una comparación con largometrajes donde se expusiera el mismo fin. Sin dejar de ser ficción, claro. Escenas de películas como No mires arriba (2021) de Adam McKay, donde se menciona la posibilidad de que se busquen materiales que escasean en la Tierra en otros asteroides; o en la saga Alien, donde la minería lleva a los humanos a colonizar otras galaxias.

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Pero lo cierto es que, como comenta F. Javier de Cos, ingeniero de minas y catedrático de la Universidad de Oviedo, cada día que pasa «la minería espacial es una realidad cada vez más palpable». Pero, en primer lugar, ¿a qué hace referencia esta minería espacial? La definición del término minería espacial, según de Cos, es que abarca todas las actividades de sondeo y prospección, extracción y futura concentración de menas tanto en la Luna como asteroides, cercanos o del cinturón de asteroides, y otros cuerpos menores o mayores del sistema solar.

«Hoy en día, no tiene mucho sentido hablar de asteroides que no sean cercanos o de la Luna porque ni siquiera tenemos los recursos tecnológicos para hacerlo en esos dos espacios tan cercanos«, añade de Cos. Aunque, una vez que existan esos avances tecnológicos, se piensa explotar asteroides, cinturones de planetas o satélites mucho más lejanos como el Psyche 16.

«Si no se consigue en 2030, pero se realiza en 2033, considero que será un logro igualmente», F. Javier de Cos

La minería espacial es una alternativa que ha causado una gran expectación entre los científicos y los empresarios. Los investigadores consideran que es un nuevo gran reto para la humanidad ya que podría aportar grandes ventajas como «la posibilidad de no volver a realizar más afecciones a nuestro ecosistema», tal y como comparte Francisco Javier de Cos durante su entrevista con El Generacional. Mientras, los inversores ven la minería espacial como una nueva forma de lucrarse al ver que asteroides como el Psyche 16, ubicado en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, contienen minerales por un valor aproximado de 10 y 27 quintillones de dólares, según Forbes y Business Insider.

El asteroide Psyche 16 localizado en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter | Fuente: Nasa

¿Cuáles son los plazos del programa Artemisa?

El pasado 16 de noviembre, tras aplazar en varias ocasiones su lanzamiento en los primeros meses de 2022, la NASA lanzó el Artemisa I para dar inicio al programa de minería espacial. Un retraso inicial que hace pensar que sea probable que no se cumplan los plazos debido a la magnitud del programa en inversión y en investigación.

«Las agencias implicadas tienen muchísima experiencia y personal involucrado en el programa, pero digamos que siempre hay un retraso menor o mayor al planteamiento inicial», asegura de Cos. Lo que sí que está claro es que en esta década van a comenzar las primeras apuestas importantes por explotar estos asteroides e incluso los recursos de la Luna.

La extracción de minerales en la Luna, según el programa Artemisa, está previsto para 2030 tras el envío de rovers, instrumentos científicos y equipos de extracción de recursos en el Artemisa IX que permitan construir un asentamiento en la Luna. «Si no se consigue en 2030, pero se realiza en 2033, considero que será un logro igualmente», apunta de Cos.

La Luna contiene recursos clave para la transición energética

La minería espacial no se lleva a cabo por una cuestión de escasez de los recursos ya que, según de Cos, tenemos recursos hídricos, minerales e hidrocarburos para muchos años, incluso con la enorme demanda que existe. «Es una cuestión política», añadía. Se trata de una vía no solo para obtener recursos que lucren a nuestro planeta permitiendo que se lleven a cabo avances tecnológicos sin precedentes en un futuro, sino también para desarrollar la transición energética hacia energías verdes y sostenibles.

Si todo va según lo previsto y se van completando los pasos establecidos por el Programa Artemisa, la Luna será el primer cuerpo extraterrestre explotado. Un hito para la humanidad que significaría tener acceso a una serie de recursos que son escasos en nuestro planeta como el helio-3. La explotación de este isótopo del helio podría llegar a ser crucial para convertirse en una de las principales fuentes de energía verde gracias a la fusión nuclear.

«No se trata solo de que la minería espacial te permita obtener materiales que escasean en la Tierra, sino que hay muchos cuya extracción es realmente impactante para nuestro ecosistema. Entonces, de un plumazo, te encuentras con una fuente en la que el recurso es abundante y en la que, si lo explotas adecuadamente, no hay ningún daño ecológico para el planeta. Son dos ventajas muy grandes que nos hacen a todos estar convencidos de que, tarde o temprano, esto va a ir para adelante», relata de Cos.

¿La minería espacial tendrá repercusiones en la Tierra?

Otras de las cuestiones que puede provocar esta perforación de la Luna para la obtención de materiales es que existen creencias de que esta minería espacial podría llegar a tener consecuencias en el medio ambiente, alterando las corrientes marinas o desestabilizando el eje de rotación terrestre. Unos rumores que F. Javier de Cos niega con rotundidad debido a que, cuando estas explotaciones terminen, se recuperará el terreno y lo dejará incluso mejor que cuando se empezó la extracción.

«Tenemos cierta capacidad de influencia sobre la capa superficial de 100 kilómetros y también tenemos capacidad de contaminar aguas superficiales o en subsuelo. Lo que podamos hacer no va a afectar sensiblemente a su relación gravitatoria con la Tierra o a las corrientes marinas. La Tierra está cambiando su masa en toneladas al año por efecto de micrometeoritos y la Luna se está alejando por centímetros al año», asegura F. Javier de Cos.

La aeronave Orion llegando a la luna en su sexto día de la misión Artemisa I | Fuente: NASA

¿La minería espacial aumentará la brecha entre ricos y pobres?

Sin duda, si la minería espacial llegara a ser real, la Tierra se volvería aún más rica. Pero ¿se repartirían los beneficios obtenidos de una manera equitativa? «La brecha entre ricos y pobres no la abren las actuaciones, la abrimos las personas y lo consienten los gobiernos con nuestra indiferencia. Países africanos ricos en minerales tienen una brecha de riqueza y pobreza abismal provocada por una mala gestión de los recursos», comenta de Cos.

Según un estudio publicado por la Universidad Noreste de Qinhuangdao en China, los países desarrollados ocuparían un posición dominante en la competición por la obtención de esos recursos a través de la minería espacial, consiguiendo prácticamente el 93%  creando así un monopolio de la situación. Los países desarrollados picarían continuamente los materiales, capitalizándolos en dividendos tecnológicos y generando enormes beneficios de la venta de la extracción de estos materiales. «Tendrá que haber unos derechos de explotación que sean razonables en relación a los beneficios que se obtengan. Por ejemplo, que una parte vaya destinada a mejorar la sanidad de los países, la educación, la seguridad», opina de Cos.

Para evitar que la brecha se agrande, la Universidad Hunan Normal de China ha realizado un modelo de evaluación de equidad para favorecer la cooperación de la minería espacial. Dicho modelo se divide en seis indicadores [economía, tecnología, investigación científica, sociedad, historia (desde el punto de vista de la experiencia) e industria] y contiene los 20 países con el mayor Producto Interior Bruto (PIB) que haya lanzado satélites, sondas, naves aeroespaciales, etc.

El tratado recoge que cuando se explore y se use el espacio, sin importar el nivel económico y tecnológico del país, el espacio explorado deberá estar bajo la jurisdicción de toda la humanidad. Esto proporcionará una equidad global y reducirá las desigualdades entre países. Un modelo que no gustaría a los inversores del programa, pues buscan sacar la mayor tajada posible tras la ingente inversión realizada par el Programa Artemisa.

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