El ajedrez y el arte de la guerra

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Fuente: Felix Mittermeier, Pexels

Su paso de un arma de guerra a un deporte

El tiempo es la voz del mundo. Es el que marca la diferencia entre algo trascendental y algo efímero, algo relevante y algo trivial. Prueba de ello son todas las historias del pasado que todavía siguen resonando en la actualidad. También son prueba de ello las otras tantas que han caído en el olvido. Sin embargo, hay cosas que sencillamente permanecen perennes, como si el tiempo no pasara para ellas, como si siempre hubieran estado ahí. De hecho, son tan perennes que trascienden al tiempo y se convierten en un puro misterio. Una de ellas es el ajedrez y la pregunta que siempre lo estará persiguiendo: ¿dónde y cuándo apareció?

La pregunta no tiene una respuesta definida, aunque al igual que muchos de los misterios de la humanidad, se cree que el ajedrez apareció en Oriente, más concretamente en la India hacia el siglo V a.C. Contaba con un tablero de 64 casillas y cuatro piezas que representaban al ejército indio, de modo que no se trataba del ajedrez convencional al que estamos acostumbrados. Tampoco lo era su propósito, que era fiel al nombre por el que lo bautizaron: chaturanga o juego de ejército. Servía para reconstruir batallas, aunque a veces también las creaba. Sus normas eran simples: acabar con el ejército de los oponentes —antiguamente estaba pensado para cuatro jugadores—.

Chaturanga| Fuente: RG Singh (Blogspot)

Había nacido el arte bélico, el arte por representar la guerra, posiblemente uno de los más profundos vicios del hombre. Y sin saberlo se había convertido en algo tan genuino como un juego de mesa.

La evolución de este juego fue distinguiendo más y más sus rasgos bélicos, y también fue obligando a sus jugadores a ser más estrategas y retorcidos. Fueron principalmente los árabes quienes, tras la conquista del imperio Persa, actualizaron y formalizaron el chaturanga, rebautizándolo con el nombre por el que lo conocemos: axedrez, cuya evolución fonética deriva en ajedrez. También fueron los árabes quienes integraron este juego en la cultura de occidente mediante su invasión a la Península Ibérica en el siglo VIII d.C.

Paradójicamente, su amado juego se volvió en su contra cuando los Reyes Católicos  utilizaron el ajedrez para vencerlos. Fernando e Isabel lo utilizaron para la formación de sus ejércitos y la simulación de batallas contra los árabes en su cometido de reconquistar la península, resultando vencedores a finales del siglo XV. De hecho, fue tal la influencia que los Reyes Católicos tuvieron sobre el ajedrez, que se creó una nueva pieza inspirada ni nada más ni nada menos que en Isabel la Católica: la dama, una pieza que hasta este entonces no había existido, algo impensable para los jugadores de hoy en día.

Durante los siglos venideros el ajedrez se convirtió en el juego predilecto de los aristócratas europeos, así como el mayor entretenimiento de los intelectuales e ilustrados, quienes empezaron a dedicarse al estudio de variantes y aperturas. El arte de la guerra se siguió frivolizando hasta la aparición de numerosos torneos en el siglo XIX, cuando pasó a ser considerado un deporte que requiere de una destreza y un ingenio propios de un verdadero estratega. No por nada se dice que es uno de los juegos más competitivos que existen. Al fin y al cabo, sus jugadores están jugando a la guerra.

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