La cultura ‘ballroom’ y la reivindicación de la disidencia

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La escena ballroom | Fuente: Anja Matthes

La cultura ballroom creaba un espacio de aceptación y expresión para la comunidad afroamericana, queer y LGBTI+ neoyorquina

En 2018 se comenzó a emitir Pose, una serie que narra la vida de la comunidad afroamericana LGBTI+ neoyorquina entre los años 80 y 90. Los personajes de Pose representan parte de la icónica subcultura del ballroom.

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Ballroom NYC | Fuente: BCNMÉS

¿Cómo surge el ballroom?

Fue una subcultura que despegó en los años 60, pero cuyo origen se encuentra en los felices años 20. Fue un movimiento que se organizó sobre todo en el barrio de Harlem, al norte de Nueva York. Se trataba de encontrar un espacio de seguridad y de libre expresión para la discriminada comunidad LGBTI+. Además, el ball cumplía con la función de acogida de muchas personas que eran repudiadas por sus propios familiares, encontrándose así durmiendo en la calle y recurriendo a la prostitución. En este espacio se les proporcionaba lo que se denominaban familias: un colectivo de apoyo mutuo, techo, reconocimiento y acogida.

Desfile, Vogue y reivindicación

En el ballroom, se organizaban diferentes categorías en las que miembros de estas familias desfilaban, bailaban y competían. Aún caracterizada por su estética llamativa, se trataba de una subcultura subversiva, crítica y reivindicativa; ya que, en este espacio, los miembros excluidos de la sociedad encontraban acogida y la celebración de su diversidad. Uno de los bailes que caracterizó los balls fue el Vogue, un estilo que surgió dentro de esta subcultura. Años más tarde, este baile fue popularizado por Madonna a través de su single Vogue.

Las expresiones culturales clandestinas son esenciales para combatir la represión y lo hegemónico

El arte como resistencia a la dominación

Muchas veces, la organización social de los oprimidos se da a través de las expresiones artísticas. La cultura es profundamente operativa, puesto que se trata de la reafirmación de la historia colectiva que está siendo oprimida. La cultura del oprimido es la expresión de su escape de lo normativo, de su resistencia a lo impuesto. Las expresiones subalternas de los colectivos oprimidos son esenciales, ya que la dominación y la hegemonía empapan todas las partes de la vida. 

Miembros del Ball posando | Fuente: Magnet

La cultura ball sigue viva

Muchos jóvenes LGBTI+ siguen necesitando la protección que estas familias proporcionaban a lo largo del siglo XX, y es por eso que la escena ball sigue activa. A día de hoy, se pueden encontrar más de 20 casas y familias activas que siguen celebrando balls y manteniendo viva la comunidad. Además, se promueve la sensibilización sobre las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), ya que fue una cultura fuertemente golpeada por la epidemia del VIH.

Ty Young bailando en el muelle de Cristopher Street (2019) | Fuente: Anja Matthes (The Atlantic)

Resistencia y organización

La creación de espacios autogestionados para los colectivos discriminados es esencial, puesto que se trata de su forma de resistir y de organizarse. A través de estos espacios de creación y reivindicación del arte subalterno, se tejen redes disidentes que posan una alternativa a lo normativo y hegemónico. En el ball, la comunidad LGBTI+ se relaciona alejada de la mirada del poderoso, que, como explicaría el antropólogo James Scott, se trata de una forma de colectivizar la lucha y de resistir a la opresión.

 

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