Reseña de ‘Transcrepuscular’: la joya ‘biopunk’ de la literatura sci-fi española

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Ilustración de Jordi Pastor para la adaptación al cómic de la novela 'Transcrepuscular' de Emilio Bueso. | Fuente: Jordi Pastor

Hoy os traemos una reseña doble, pues el universo de Transcrepuscular creado por el castellonense Emilio Bueso (adaptada a las viñetas por Jordi Pastor) es tan extenso como para colmar novela y cómic

La editorial Gigamesh nos ha dado acceso al extravagante mundo del escritor Emilio Bueso a través de dos canales: la novela tradicional y la novela gráfica. Transcrepuscular (2017) es el inicio de la trilogía de Los ojos bizcos del sol, que nos presenta un relato de ¿fantasía? ¿ciencia ficción? con una ambientación única que el dibujante Jordi Pastor ha conseguido plasmar con una expresividad psicodélica que aporta al cartoné un estilo único.

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Escribiendo estas líneas me siento alegre y a la vez culpable; alegre por poder compartir con el mundo mi devoción hacia Transcrepuscular y culpable porque la obra me ha encandilado de tal manera que poco puedo hacer para que esta reseña que se espera de mí no sea más que un elogioTranscrepuscular es la caña, y es la caña porque nos presenta un universo fascinante en el que los caballos, los dragones, los aerodeslizadores y los implantes cibernéticos son sustituidos por libélulas enormes, serpientes voladoras y caracoles simbióticos que dotan de habilidades especiales a sus portadores.

Lo más interesante del world building de Bueso, una propuesta única, reside en la progresiva ampliación de las fronteras y posibilidades de la realidad que plantea, que además se desarrolla de manera orgánica junto con el argumento, un clásico viaje del héroe que funciona como una introducción perfecta a Los ojos bizcos del sol que, además, nos deja con ganas de más: la Regidora, el Astrólogo y el Alguacil de una pequeña población deben partir hacia los gélidos confines del mundo para recuperar, de manos de un misterioso enemigo, una extraña reliquia que ha sido robada. En su camino, se unirán a ellos otros personajes y se enfrentarán, en primer lugar, a la propia naturaleza del mundo que habitan. 

Ilustración de la portada de ‘Transcrepuscular’ (2020) de Jordi Pastor. | Fuente: Jordi Pastor.

Fantasía de insectos y moluscos

Aunque la travesía es un tropo clásico en el género de la fantasía, en este caso la obra se mantiene fresca gracias a lo grotesco y a lo incómodo (¿podríamos hablar de fantasía sucia?) Lo grotesco del imaginario de Bueso inunda las páginas de la obra, que renuncia a la concepción más ampliamente aceptada de lo sublime para presentarnos santones invadidos por colonias de repugnantes babosas, orugas descomunales que funcionan como máquinas quitanieves e insectos-mutantes que trabajan como sicarios.

Todo esto en un conjunto tan coherente como cautivador, del que surge, claramente, lo incómodo: el mundo de Transcrepuscular no esconde maravillas (más bien, lo contrario), ni tampoco cuenta con héroes ejemplares que forjan honrosas alianzas. Más bien nos encontramos con personajes de origen diversos y características muy distintas conscientes de la naturaleza de su mundo, que se han visto forjados a desarrollar una camaradería inusual en el transcurso del viaje, no exenta de roces y conflictos. 

Los miembros del grupo protagonista presentan una relación compleja, marcada por los prejuicios y por la filosofía que que influye a cada uno de los personajes. El choque de cosmovisiones (que no es más que el choque de distintas culturas presentadas en el libro) no se resuelve en ningún momento. Es decir, el autor no toma partido por ninguna postura y deja que sea el lector el responsable de valorar. Por ejemplo, lo sensato que puede llegar a resultar la alianza con una especie invasora que, en simbiosis, nos ofrece jugosas ventajas durante el combate. 

Transcrepuscular en las viñetas

La novela, que finaliza con un cliffhanger para dar paso a su secuela Antisolar (2018), me parece una obra redonda con un estilo de escritura directo, crudo y ágil que sin florituras bien puede construir momentos genuinamente bellos a la vez que emocionantes escenas de acción. La adaptación al cómic a cargo de Jordi Pastor potencia el lado más estrafalario del relato, con un estilo de dibujo más expresivo que realista que, si bien puede descolocar o desagradar en un principio, dota al tebeo de una identidad única. La composición de las viñetas es irregular y variable, y está al servicio del dinamismo y la acción. Con todo, lo más sobresaliente del trabajo de Pastor es su manejo del color, fauvista y salvaje, surrealista y dramático al mismo tiempo.

Sin embargo, aunque en lo visual la novela gráfica es innovadora y aporta al corpus de Transcrepuscular, por motivos de espacio la obra se queda algo más corta en lo argumental. Y es que, aunque el cómic adapta de manera muy fiel los eventos de la novela, no tiene tiempo de indagar en algunos aspectos, como en el pasado del Alguacil, figura central del relato. Lo justo es decir que ambas obras se retroalimentan, pues la novela gráfica construye visualmente y la novela profundiza, por lo que no puedo hacer más que recomendarte que te sumerjas y disfrutes de los dos formatos, en el orden que prefieras.

Si nunca te ha llamado la atención la ambientación medieval de las novelas de espada y brujería (o si estás saturado de tanto hechicero y dragón), esta es tu oportunidad para sumergirte en los géneros de la fantasía y la ciencia ficción, que como bien demuestra Emilio Bueso, aún tienen mucho que aportar.

 

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