Ángel Antonio Herrera asiste a la presentación del primer estudio dedicado a su obra

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De izda. a dcha. Diego Vadillo, Ángel Antonio Herrera y David Felipe Arranz en Commodore | Fotografía de José Belló

El pasado jueves pudimos disfrutar de la intervención del columnista de ABC en Desayunos Commodore. En esta ocasión el mítico lugar albergó la presentación del libro ‘Ángel Antonio Herrera y la alucinada sínquisis’, análisis de Diego Vadillo.

Es ampliamente conocido por su labor en la prensa escrita y la televisión, pero en realidad Ángel Antonio Herrera se define antes que nada como poeta. Ha publicado cinco poemarios y dos antologías. Además, ha trabajado su famosa prosa poética en títulos como Cuando fui Claudia o Esto no es Hollywood. Gran lector y estudioso de Francisco Umbral, Herrera juega con el lenguaje y hace de la poesía un reconfortante paraje.

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Ángel Antonio Herrera conoce por primera vez a Diego Vadillo, profesor de Lengua y Literatura, en un evento al aire libre organizado por la Cuesta de Moyano el pasado año. Conversan, el periodista le firma varios libros y no se vuelven a ver. Hasta que el compañero de profesión de Herrera, David Felipe Arranz, le avisa, el popular columnista no conoce la noticia de que aquel profesor ha publicado una obra filológica que estudia su trayectoria literaria.

“Escribir sobre lo que uno ha realizado suele hacerse sobre los muertos”, afirmaba Herrera en la presentación del libro Ángel Antonio Herrera y la alucinada sínquisis en el mítico Commodore (Plaza de la República Argentina, Madrid). Así, el poeta transmitía su agradecimiento y admiración hacia Diego Vadillo, quien, decía Herrera, ha elaborado un valioso estudio de su obra lírica, prosaica y columnística “sin ningún auxilio por mi parte”.

"Ángel Antonio Herrera y Diego Vadillo en Desayunos Commodore" | Fotografía propia EG (Val Torres)
«Ángel Antonio Herrera y Diego Vadillo» | Fotografía propia EG (Val Torres)

La poesía de Ángel Antonio Herrera

Vadillo define la obra del autor como “un viaje deslumbrante por los senderos de la metáfora neológica y la sintaxis alterada”. A pesar de la popularidad del trabajo periodístico de Herrera, el estudioso literario admitió haberse sorprendido de que su obra lírica sea menos conocida. “Llegué a la poesía de Herrera por casualidad, mientras estudiaba a Francisco Umbral. Topé con El sur del solitario en una librería y quedé impresionado”. En sus palabras, el estilo poético de Herrera, con su “sintaxis trabajada con la pericia de un orfebre”, puede llegar al nivel de la poesía de Gabriel Miró.

Para el propio Ángel Antonio Herrera, la poesía es su «vocación primera y última» y la definió como su «proyecto espiritual«. En cuanto a esta conexión con la psique humana, Herrera continuó diciendo que los momentos en los que arranca a escribir los poemarios son episodios negativos de su vida. «La poesía nace desde un fracaso», afirmaba. Utiliza la poesía como antídoto para las heridas. Y, cuando los versos atraviesan la pared del lector, el antídoto cambia de dueño.

Presentación del libro ‘Ángel Antonio Herrera y su alucinada sínquisis’ | Fotografía propia EG (Val Torrres)

La metáfora como aliada

Si hay un elemento que atraviesa todo el trabajo de Ángel Antonio Herrera, tanto su prosa como su lírica o sus columnas, es el protagonismo de la metáfora como elemento central. En la presentación del libro, el propio Herrera advirtió de la capacidad y fuerza de esta figura retórica como una riqueza que no se podía lograr de otra manera. Él habla de que la metáfora aporta una luz que trata de incorporar en todas sus obras y que, “si se administra bien, se convierte en un broche de belleza o en un estallido de dinamita”.

Por ello, es característica en sus columnas la prosa lírica y un método comunicativo que llega hasta lo más profundo del hecho y remueve las conciencias lectoras. “Mi oficio no es tanto el periodismo sino el diálogo con la palabra”, aclara Herrera.

La alucinada sínquisis

Al explicar el corazón de su estudio, Diego Vadillo relató que uno de los pilares de la escritura de Herrera era la alteración de la sintaxis y el juego constante con el lenguaje. La sínquisis, que da título al libro, hace referencia a la mixtura verborum de la retórica clásica. Además, el término «alucinada» que acompaña a la sínquisis alude a la intención lírica de Herrera, dice Vadillo, de deslumbrar y provocar al lector.

Ángel Antonio Herrera admitió en la presentación su preferencia, a la hora de leer a otros autores, por escritores que indaguen y se recreen en el lenguaje. Habló de la necesidad de una «afinidad» con su propio estilo en el momento de elegir sus referencias y trasvases literarios y periodísticos. Respondiendo a la pregunta sobre sus influencias, Herrera destacó nombres remotos en el tiempo, como Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna o Quevedo; pero también hizo referencia a nombres que resuenan en la actualidad, como Juan Carlos Mestre, Antonio Lucas, José Peláez o Jesús Nieto.

La importancia del lirismo en prensa

David Felipe Arranz afirmaba en la presentación de Commodore que “en esta vorágine hacer prosa poética de la noticia, de la crónica urgente y reposo de la prisa informativa es algo heroico de lo que todos debemos aprender”. El columnista insistió en la importancia de que las páginas de prensa “sean de escritura y no de redacción”. Además, Herrera considera que, respecto al nivel estilístico del periodismo actual, hay que tener en cuenta que “el que escribe bien siempre tiene razón, porque el columnismo puro y duro es la aristocracia de la prensa”. El género del articulismo, concluye Herrera, es la hibridación acertada del ensayo, la noticia y el soneto, aludiendo a lo que dijo Umbral una vez: “El columnismo es el soneto del periodismo”.

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