La película llegará a Filmin este 6 de septiembre
Patricia López Arnaiz (20.000 especies de abejas) protagoniza Nina, un intenso thriller rural donde seguimos la historia de venganza de su protagonista. La directora Andrea Jaurrieta aborda la psíque de su protagonista de una manera visceral e incómoda con una obra sobresaliente.
Con títulos como As bestas o Suro, en los últimos años se ha popularizado el subgénero del thriller rural. Es decir, se mantienen los clásicos elementos de suspense creando tensión en relación a lo que pueda ocurrirle al personaje solo que aplicado a la vida rural española. Dentro de esta categoría entra Nina, la segunda cinta de la directora navarra Andrea Jaurrieta (Ana de día).
Nina sigue a su protagonista homónima en su regreso al pueblo costero donde creció. La mujer vuelve al que era su hogar con un único objetivo: vengarse de Pedro, un popular escritor al que el pueblo homenajea durante sus fiestas populares. Sin embargo, reencontrarse con su amigo de la infancia y lugar de origen, hará que se replantee si la venganza es su único camino. La película es una adaptación libre de la novela Nina de José Ramón Fernández.
Desconcertante y tensa
La película arranca con Nina en medio de una situación de catársis donde quizás es una de las escenas más poderosas de toda la película. En ese sentido, admiro la manera que Jaurrieta se centra principalmente en la psíque de su protagonista. La violencia no es interesante y la furia de venganza tampoco. Esto no es Kill Bill o Revenge, es una obra que invita más a la reflexión tanto de su protagonista como del espectador.
Nina no pretende romantizar la venganza pero tampoco de blanquear los pecados de Pedro. Focaliza su atención en representar los hechos e incomodar al espectador con diferentes escenas un tanto desagradables. Hacer que poco a poco se replantee de que quizás sí es necesaria la venganza. De que quizás Nina si debe apretar el gatillo.

No obstante, a su vez da una tercera dimensión a su protagonista, limpiándola de todo espíritu de venganza y manteniéndola como una humana. Sí, cree que el hombre que la dañó años atrás debe pagar, pero aún así mantiene su humanidad y precisamente quitar una vida no es nada fácil.
La película es todo un tira y afloja, un estrangula y respira dentro de la cabeza de Nina. Una exploración del dilema moral de Nina a la vez que afronta al pasado y rememora a través de flashbacks los momentos que tanto daño la hicieron. Estos flashbacks se compaginan con momentos clave de la historia, donde el pasado juega un papel clave a la hora de revelar detalles y aspectos del trauma de Nina.
Es un thriller que se cuece a fuego lento y donde posiblemente en gran parte juegue un mayor rol el drama. Seguimos a nuestra protagonista enfrentarse a su pasado y a darse cuenta de si la venganza es eso que lleva buscando toda su vida. Todo mientras el verdadero suspense se refleja en los momentos de estrés, pánico y miedo de Nina.
De hecho, quiero hacer especial mención cómo durante gran parte del film no sabemos por qué pero ver al personaje de Darío Grandinetti se hace realmente incómodo hasta asfixiante. Su presencia incomoda y más precisamente conforme se van soltando las capas de su papel dentro del pasado de Nina.
Un reparto y una producción a la altura
Una de las grandes artífices de esa presencia del miedo, de la desesperación y el trauma de Nina a la hora de llevarlo a escena es su actriz protagonista, Patricia López Arnaiz. Es a través de sus silencios, sus manierismos, gestos y miradas que construye un personaje dolido por dentro y perdido. Un personaje en busca de justicia pero que no es ninguna femme fatale o heroína de acción. No, es una superviviente que desea encontrar una paz interior y dejar su pasado atrás.

Además de López Arnaiz, quiero destacar también la actuación de Darío Grandinetti a la hora de representar a Pedro. No es precisamente un personaje construido sobre la sobreactuación o intenciones villanescas. No tiene una voz potente, unos gestos incómodos o una mirada aterradora, pero aún así logra que su presencia en pantalla no sea precisamente cómoda de ver. Grandinetti construye un personaje tranquilo, quieto y que llegado el momento solo puede provocar asco y repulsión verlo.
Además de su reparto y la magnífica dirección de Jaurrieta, quiero destacar el gran trabajo de fotografía y música de Juli Carné y Zeltia Montes respectivamente. La película visualmente es un portento, con unos planos y encuadres que huelen a wéstern y que recuerdan a clásicos como Fargo. Por su parte Montes no decepciona y da una banda sonora que es uno de los pilares para crear esa sensación de incomodidad y tensión en las escenas. Puro cine.
Nina es una de las grandes obras del cine español de 2024. Un thriller lento y escaso de acción donde pesan más las emociones, el sentimiento, el suspense y la incomodidad. Juegan un papel clave la dirección de Andrea Jaurrieta, la actuación de su protagonista y la espectacular banda sonora. Todo creando un thriller rural que se quedará atrapado en tus retinas.


