Star Wars: las claves de una comunidad dividida

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Las nueve películas que componen la Saga Skywalker, en orden | Europosters
Las nueve películas que componen la Saga Skywalker, en orden | Europosters

Existen nueve películas de la Saga Skywalker y la comunidad de fans de Star Wars está cada vez más dividida. ¿Por qué?

La comunidad de adoradores de La Guerra de las Galaxias ha ido creciendo desde aquel 25 de mayo del año 1977, día que se estrenó mundialmente la película Star Wars. Con el paso de los años, aquel filme sufrió mutaciones, mejoras de calidad e incluso un nuevo bautizo en el año 1997, en el que se le denominó Star Wars: Episode IV – A New Hope, debido a la irrupción de la nueva trilogía (las precuelas) de la mano de George Lucas.

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Actualmente, existen nueve episodios que comprendan la recientemente acuñada «Saga Skywalker» y el fandom, aunque parecía imposible, ha quedado más dividido que nunca después de la trilogía de Disney. ¿A qué se debe esto? Existen una serie de factores que permiten una mejor comprensión de la situación en la que se encuentran los aficionados a esta épica espacial.

El culto a la «Santa Trilogía»

Las primeras tres películas de Star Wars (A New HopeEmpire Strikes Back Return of the Jedi) se convirtieron en un auténtico fenómeno generacional. El episodio IV llegó a convertirse en la película más taquillera de todos los tiempos, recaudando unos 775 millones de dólares estadounidenses, hasta que en año 1982 fue superada por E.T. the Extra-Terrestrial, que recaudó 792 millones, aproximadamente.

El impacto de las películas fue tal que terminó perjudicando a sus sucesoras. Las precuelas, que comprenden los episodios I, II y III (The Phantom Menace, del 1999, Attack of the Clones, 2002, y Revenge of the Sith, del 2005), se vieron gravemente afectadas por ello. El recibimiento por parte de los espectadores fue muy negativo: el público esperaba repetir el viaje fantástico que había vivido 20 años atrás, sin éxito. Al final, aunque rindieran bien en taquilla, las precuelas fueron atacadas y señaladas como malas películas, llegando incluso a ridiculizar a Hayden Christensen, el actor que cargaba con el peso de dar vida al joven Anakin Skywalker en su caída al lado oscuro.

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El ancla del pasado contratacó, pero de una manera totalmente distinta, con la trilogía que se encuentra envuelta en la mayor controversia. Las secuelas, los tres episodios producidos en la Era Disney, comenzó con The Force Awakens (2015), una historia marcada por su vaga creatividad que le hacía parecerse más a un «remake» del episodio IV que a un relato por sí solo. La comunidad fan quedó ligeramente dividida en cuanto a su opinión sobre el filme, pero la gran mayoría aceptó con los brazos abiertos esta nueva trilogía. Hasta que, dos años después, The Last Jedi separara al público en dos bloques totalmente opuestos.

Y es que el episodio VIII destrozó cualquier rastro de melancolía hacia la trilogía original. Hubo a quienes emocionó, llegando a considerarla la mejor película del universo Star Wars, o la que mejor entendió el concepto, mientras que una mayoría la odiaron, llegando a transmitir ese odio de manera muy detallada en las redes sociales. La última entrega, The Rise of Skywalker (2019), se convirtió en el último meollo para los fans, ya que volvió a acoger la morriña a unas películas estrenadas 40 años antes como parte de su ADN.

Con el paso de los años, la generación de las precuelas también ha creado un culto alrededor de varios personajes de las películas y series, destacando Obi-Wan Kenobi, Anakin Skywalker, Rex, Ahsoka Tano o Palpatine. Todavía está por ver cómo crecen los niños criados con las secuelas, y si esos recuerdos de infancia avivan un aprecio renovado hacia la última trilogía.

La cultura transmedia

¿Cómo es posible que las precuelas, que tanto disgustaron a los espectadores en su estreno, sean ahora tan populares? Además del factor de la edad, que influye enormemente en la creación de recuerdos y en la idealización de los mismos, esto ha ocurrido debido a la creación de una narrativa que nació con la idea de ir más allá de la gran pantalla.

George Lucas estrenó el año 2003 la serie de animación 2D The Clone Wars para añadir profundidad al relato bélico que comienza en el episodio II y termina en el III. Esta producción televisiva no tuvo éxito en su momento, pero se pudo dibujar el camino que quería seguir Lucasfilm con Star Wars: la transmedialidad, o contar un relato en varios medios para conocer su verdadera integridad.

El mayor éxito de la serie fue, tal vez, sentar las bases para la película y posterior serie homónimas (The Clone Wars, película del año 2008 y serie del 2008 hasta el 2014, con una última temporada en 2020). Dirigidas primeramente a un público joven, la producción de George Lucas y Dave Filoni, conocido por codirigir la serie Avatar: The Last Airbender, adquirieron madurez a medida que lo hacía su público y, sobre todo, que el futuro de la serie quedaba en el aire debido a la compra multimillonaria de Lucasfilm por parte de Disney.

Póster publicitario de la película "The Clone Wars", del año 2008 | Flickr
Póster publicitario de la película «The Clone Wars», del año 2008 | Flickr

The Clone Wars se convirtió en un fenómeno generacional, al igual que lo fueron las películas originales en su época. La serie añadió un grado de profundidad a los personajes nunca visto en Star Wars hasta la fecha, únicamente superado después, en varios aspectos, por su serie sucesora, Rebels (2014-2018).

La creación de series de televisión derivó en una efectiva estrategia para aumentar el aprecio del público hacia las precuelas. Sin embargo, no frenaron con las series, y tampoco con esta trilogía. La anteriormente mencionada Rebels o las películas Rogue One (2016) y Solo (2018) abrieron el camino a la nueva estrategia de los spin-off de Disney.

Y es que, tras el mal recibimiento de las secuelas, se han presentado multitud de producciones audiovisuales que, a fin de cuentas, traten de responder a las preguntas no respondidas en las películas o, incluso, arreglar parte de estas. El pasado 10 de diciembre de 2020 salieron a la luz los próximos proyectos de Lucasfilm, como AhsokaRangers of the New Repulic.

Los juguetes siempre han estado presentes en la estrategia de marketing de Star Wars | Flickr
Los juguetes siempre han estado presentes en la estrategia de marketing de Star Wars | Flickr

Asimismo, no todo el público está dispuesto a disfrutar de tantos relatos para conseguir una narrativa completa, o no se lo puede permitir. Buena parte del éxito generacional de las precuelas (1999-2005) se debe al gran uso que dan sus fans a las redes sociales, donde los fallos de las películas se han convertido en memes. También, muchas historias se desarrollaron en los videojuegos de LucasArts, que consiguieron muy buenas cifras con el Battlefront II (2005) o The Force Unleashed (2008).

El dinero como hoja de ruta

Disney lo aprendió. Comprendió que la idea de producir una trilogía sin planear cómo continuarla no es lo correcto. Cuando salió The Force Awakens, planteó un relato que, aunque bastante pobre, ofrecía un final abierto para continuar con la historia de J. J. Abrams. Ahora bien, por alguna extraña razón, se decidió que cada película de la trilogía tendría una dirección diferente, lo que provocó el cambio brusco entre los personajes y la trama del episodio VII y del VIII. Y esto no está bien.

Las películas pueden gustar más o menos, pero la producción de relatos al tuntún sin ninguna finalidad dramática es absurda e incluso irrespetuosa con la saga y con la comunidad. Y mejor no hablamos del retorno de Abrams en el episodio IX, con datos sacados bajo la manga justificados por haber salido en el Fortnite o en cajas de cereales y enciclopedias ilustrativas. En realidad, estas películas sirven como ejemplo de cómo no crear una historia con continuidad narrativa, y espero que todos hayamos aprendido de ello.

Mas me gustaría criticar el odio que nació contra varios actores de las secuelas. Se debe de separar al actor del personaje. El odio no puede ir dedicado hacia un actor por su papel, sino al trabajo del creador o creadores de ese relato. Pero siempre saliendo del respeto. Tú puedes detestar un trabajo, o incluso a una persona, pero no se puede insultar o amenazar de muerte. Es imperdonable. Y no es la primera vez que ocurre con Star Wars: también sufrieron la ira de los fans más tóxicos Hayden Christensen, el actor de Anakin Skywalker, y Ahmed Best, quien interpretó a Jar Jar Binks.

La comunidad de Star Wars todavía tiene mucho que aprender de amor y respeto de los unos a los otros, a conversar como personas civilizadas y no haters tras una pantalla en las redes sociales. Quién sabe, tal vez un día los fans vivan en harmonía los unos con los otros. Pero todavía nos queda un largo recorrido.

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