‘Luca’, un Pixar que sabe a verano

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Vivir y descubrir, la base de la existencia

El pasado 18 de junio Disney estrenaba en su plataforma Luca, la nueva película de Pixar sobre la amistad, el descubrimiento vital y la aceptación personal.

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Es verano. Pongamos que es junio o, como mucho, principios de julio para eliminar la sensación amarga que aparecía en el estómago cada vez que se recordaba que septiembre estaba a la vuelta de la esquina. Estás haciendo cola, una cola bastante larga para lo que el cine te tiene acostumbrado, pero antes de darte cuenta ya estás debatiendo sobre qué bebida va a acompañar tus palomitas o, en su defecto, tus chucherías.

La puerta que acabas de cruzar separa el calor infernal que te lleva derritiendo un mes, del característico frío del aire acondicionado que te envuelve al entrar y te alegra el corazón. Vas pasando por el pasillo lleno de gente a la sala a la que, si no todo el mundo, la mayoría se dirige. Has visto el tráiler y sus variantes una infinidad de veces por cortesía de Disney Channel. No ha dejado que olvides que va a salir otra película sobre objetos inanimados que hablan y viven aventuras.

Ya estás en tu asiento. Parece ser que esta vez quien se sienta delante de ti no es tan alto como para taparte la parte baja de la pantalla y tu corazón, alegre, se alivia. Estás impaciente porque empiece, y porque acabe, ya que eso significa ir al McDonald’s y esperar conseguir un juguete de la película. Las luces se apagan, la pantalla se enciende, y parece ser que más historias sobre monstruos amigables y coches que hablan se avecinan. La lámpara aplasta con premeditación y alevosía la letra I. Ya está, ya ha empezado. Otro día de verano, otra película, pero una misma sensación: felicidad.

Reflexiones, reflexiones…

Si algo caracteriza a Pixar, sobre todo estos últimos años, es la reflexión filosófica y vital de la mayoría de sus películas. Experiencias vitales, corales, filosóficas, que todos hemos experimentado o sentido, o lo haremos en algún momento de nuestra vida. La relación con nuestros juguetes de la infancia y lo que representan; acostumbrarse a un cambio en tu vida por parte de una persona o situación; la crítica a la sociedad capitalista en la que vivimos; la preocupación de los padres por sus hijos y la rebelión de estos contra los primeros; la dificultad, pero necesaria aceptación de la muerte como parte de la vida; el entendimiento sobre el descontrol que tenemos sobre la vida y la muerte.

Giulia, Luca y Alberto comiendo pasta en una escena de la película | Fuente: Disney Plus

Si bien es cierto que desde Inside Out, pasando por Coco y llegando a Soul, el mensaje ha sido más potente y existencialista, en el caso de Luca, dirigida por Enrico Casarosa (La luna), Pixar vuelve a sus orígenes para acercarse a la realidad a través de la fantasía y crear una metáfora para poder proyectar la película en aquellos países a lo que aún les queda mucho recorrido, y mantenerse Disney como el imperio capitalista que es.

La cinta nos cuenta la historia de Luca (Jacob Tremblay, conocido por Wonder o La habitación), un ser marino que vive con su familia en las no tan profundas aguas del mar. Curioso y obediente, Luca se rebela contra la norma de nunca subir a la superficie gracias a su nuevo amigo, Alberto (Jack Dylan Grazer, visto en It o We Are Who We Are). Junto a él, Luca se verá envuelto en una aventura dónde la diversión y el drama serán parte de su descubrimiento personal a través de prueba y error, en un bucólico pueblo pesquero de Italia.

Un verano más

Con esta premisa es inevitable no pensar en películas como La sirenita, o series como H2O. Un niño peculiar interesado por lo prohibido, la superficie. Aquel lugar encima de ellos al que su madre teme y no le deja ni acercarse, por lo que Luca solo puede contentarse con algún que otro objeto proveniente de allí, hasta que conoce a Alberto y su sueño se hace realidad. Una vez se encuentran, la película deja sus reminiscencias de La sirenita y pasamos a un Call me by your name para todos los públicos y sin melocotones.

Dibujo de una escena de la película | Fuente: Disney Plus 

La culpa de la reminiscencia a la obra de Luca Guadagnino, aparte del nombre del propio director que nos indica que todo está conectado, la tiene sobre todo el lugar en el que se desarrolla la película. A la localización se le une la amistad que hay entre Luca, Alberto y la humana Giulia (Emma Berman, conocida por teatro y publicidad). Cada uno es libre de interpretar las relaciones de la película como crean que son, pero en mi opinión, lo correcto para describir lo que he explicado anteriormente sobre la metáfora para enviar el mensaje y no perder dinero en el intento sería escribir metáfora.

Así pues, en este rincón ficticio de Italia llamado Portorosso, fusión de los nombres de los pueblos reales, Porto Venere y Monterosso, al norte de Italia, Luca descubre lo que se esconde más allá del mar. Su aventura es motivo para presentar al lector un verano de ensueño, bucólico e idílico. Correr por calles de piedra, montar en bicicleta, comer, nadar, jugar, etc. bajo un sol cálido que por la noche da paso a una luna fresca para dormir en una casa árbol y recargar las pilas para otro día de exploración infantil/ juvenil.

El arte de la simplicidad

Esto es lo que hace a Luca tan especial. En su sencillez está la importancia de lo que Pixar ha ido disminuyendo en sus anteriores películas. Al verla, no se reflexiona sobre lo que somos o a dónde vamos, más bien sobre lo que hemos sido y podemos seguir siendo. Seres humanos que crecemos, jugamos, peleamos, erramos, enfadamos, pero que sobre todo amamos. Amamos a nuestros seres queridos, los que están, los que se han ido y los que vendrán. Amamos aprender y curiosear, ver lo que nos puede ofrecer el mundo en el que nos ha tocado vivir. Amamos encajar en nuestra pequeña burbuja. Amamos los pequeños momentos y objetos materiales que nos hacen la vida en un sistema regido por el capitalismo, la injusticia y la crueldad más soportable.

Es por esto que la película es un oasis en mitad de una avalancha de películas, series, etc. que no paran de salir y que necesitan, al parecer, ser consumidas al momento o su tiempo se agota. Luca, incluyéndose en algún lugar llevada por la avalancha, permite desconectar. No es una película de domingo por la tarde, pero tampoco es El club de los poetas muertos. Es Disney Pixar en su estado más básico, y gracias. Ahora más que nunca es lo que se necesita. Un viaje por una villa italiana en la que volver a ser un niño y jugar, hallar y conocerse.

En conclusión, Luca no da más de lo que ofrece, lo que es justo lo que necesita. Es ligera y fresca como el polo de helado necesario en España a las 15:00 de la tarde un dos de julio. Así que, si estás dudando qué ver un día de estos, no lo dudes más y dale al play.

 

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