Joan Margarit, el arquitecto de la palabra

0
399

El poeta bilingüe que demostró que no existen fronteras en las lenguas cuando se trata de poesía y de venerar al verso

El pasado 16 de febrero de 2021 murió Joan Margarit, aunque he de decir que los poetas nunca mueren. Margarit seguirá vivo: su poesía, sus versos, su arquitectura poética seguirán constituyendo una de las obras más pulcras de la literatura española. Margarit no está muerto, porque su legado poético seguirá con nosotros. Porque la libertad es un rey saliendo en tren hacia el exilio. Margarit nos demostró que no hay nada más universal que utilizar el verso en cualquier lengua. La belleza del poema, ya sea en catalán o en castellano, seguirá siendo eso: belleza. Un hombre apegado a la cultura, porque lo demás no le interesaba. Que hizo que el verso personificase en la palabra libertad. Gran conocedor del vocablo, de la brevedad, de la arquitectura poética y su capacidad de caber en lo breve.

Hasta entonces era el poeta vivo más leído de la literatura catalana. Permítanme decirles, que lo seguirá siendo, pues los poetas nunca mueren. Su defensa hacia la intemperie moral marcó su legado poético, utilizaba la poesía como recurso para hacerle frente. Decidme, cuántos, cuántos valerosos autores se han atrevido a hacer lo que hizo el gran Joan. ¡Cuántos! Su obra no entendía de lenguas, de código de signos. Era libre. Libre como las golondrinas de Bécquer. Tan libre que lo llegaron a premiar en varias ocasiones: Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2019) y Premio Cervantes (2019), entre otros. José Carlos Mainer, catedrático de la Universidad de Zaragoza, expresa que poetas como Joan Margarit no buscan la humedad del sentimiento y escriben para dominar y entender sus vivencias. Por supuesto, apoyándose en la destemplada lucidez.

A continuación, 5 poemas de Joan Margarit que nunca morirán en el lacrimoso corazón de sus lectores:

No tires las cartas de amor

Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

 

La libertad

Es la razón de nuestra vida,
dijimos, estudiantes soñadores.
La razón de los viejos, matizamos ahora,
su única y escéptica esperanza.
La libertad es un extraño viaje.
Son las plazas de toros con las sillas
sobre la arena en las primeras elecciones.
Es el peligro que, de madrugada,
nos acecha en el metro,
son los periódicos al fin de la jornada.
La libertad es hacer el amor en los parques.
Es el alba de un día de huelga general.
Es morir libre. Son las guerras médicas.
Las palabras República y Civil.
Un rey saliendo en tren hacia el exilio.
La libertad es una librería.
Ir indocumentado.
Las canciones prohibidas.
Una forma de amor, la libertad.

 

De la soledad

Me doy cuenta, al cruzar un mercadillo,
que, poniendo mi frío entre los versos,
el arqueólogo que soy intenta
salvar, como trofeos, vestigios del pasado.
Que, por ejemplo, busco rescatar
aquel día de otoño cuando te conocí
o mi primera cúpula de hierro
o el instante en que vimos morir a nuestra hija.
Cerca del mercadillo, en un solar,
entre los plásticos que arrastra el viento,
un trapero vacía su vieja camioneta
cargada de trofeos desgastados:
copas, bandejas con una inscripción,
figuras detenidas en actitud retórica.
Me detengo ante tanta sordidez.
El hombre los extiende en torno suyo.
La vida está forjada con metales innobles
que han perdido su brillo,
pero ninguno de ellos envejece
de forma más indigna que un trofeo.

 

Inmigrantes

Siento la Rambla hostil: están ahí,
en el hedor de restos de la Boquería,
un rebaño que marca la pobreza,
un ganado cubierto por las moscas,
el barro, pavorosas religiones.
Todo es de oro sucio: el suelo de la Rambla,
como una tumba de la multitud,
fachadas con estuco y luz de mar.
No se echarán atrás.
Me sumerjo en contagios por las calles
con muros abombados que se agrietan,
humos de frituras, olor de aguas sucias,
preciosos mohos esmeralda
recubriendo la base de la fuente,
los coches aparcados
con matrículas de hace muchos años,
los brillantes helechos colgando en los balcones
con la melancolía de los óxidos.

¿Hubiera convenido no moverse
del paraje natal, de su floklore
de niños muertos y de cucarachas
en las vasijas, siempre vacías, de la harina?
¿O buscar un lugar en donde la pobreza
se parezca a un futuro, y realizar su sueño
para ser un nosotros más extraño?
En sus ojos he visto un brillo oscuro:
es tan difícil, de una vez por siempre,
decidir dónde se halla nuestra casa.

Heredarán la Rambla con los quioscos de flores,
las Universidades y sus algarabías,
el marítimo olor del aire en las terrazas
de los cafés. Y también los cafés,
los bancos y hospitales,
y los lujosos pisos de los barrios altos.
Heredarán las plazas y las calles,
las playas, los juzgados,
las lluvias del otoño, donde recordarán
unos pequeños frutos estropeados
de árboles grises,
las animosas albas del trabajo,
los desolados metros al crepúsculo.
Aún son como estelas de lenguas enemigas
en territorio extraño, todavía más cruel,
que sueñan en un mapa atravesado
por trenes sin retorno.
Montañas del pasado, los ancestros
que un día con orgullo mostrarán
en las conversaciones, igual que negras gemas,
en algún lugar fácil que se siga llamando,
o al cual ya nunca nadie llame patria.

 

Mañanas

Hay muertes que tan sólo
han sucedido dentro de nosotros:
tú jamás presentiste
esa sombra de verdes arboledas
y fanales futuros.
En Joana hay noticias imprecisas
de una ternura que no sabrás nunca.
Por la mañana, tu sonrisa
surge cuando te abraza bajo un rayo de sol.
Su escuela es una antigua casa
rodeada de un jardín con pocas flores.
Os despedís junto a la verja,
pero tú esperas a que llegue
con su marcha de pájaro herido.
Desde allí, con la mano
vas diciéndole adiós, cierras los ojos
mientras piensas en vuestra soledad.

Publicidad

Deja un comentario