Rocío Acebal: «La poesía joven es diversa y está muy viva»

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La poeta Rocío Acebal | Fuente: Cedida por la autora

Hijos de la bonanza, la incertidumbre generacional

Hace dos años la autora Rocío Acebal (Oviedo, 1997) se alzaba con uno de los premios más prestigiosos del panorama poético, el Premio Hiperión por su obra Hijos de la bonanza. Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III también es autora del libro Memorias del mar (Valparaíso, 2016).

Pregunta: ¿Cuándo sacará Rocío Acebal su próximo libro?

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Respuesta: No lo sé. Ni lo tengo preparado ni suficientes poemas para montar un libro completo, la verdad. Tardé un tiempo en escribir Hijos de la bonanza. En mi caso, escribo despacio, pensando, escribiendo y reescribiendo. No me interesa cerrar algo de lo que no estoy convencida. Hasta que no encuentre un hilo conductor, nivel de calidad en los poemas no haré nada con ellos. De momento, no hay mucha necesidad.

P: ¿Optarás por la vía de los premios o alguna editorial?

R: Dependerá del libro. Siempre he sido partidaria de que los premios son estupendos, pero creo que hay que respetarlos. Es decir, cuando tenga un libro veré si encaja en la línea de alguno y puede que me presente. Sin embargo, si no encaja veré cómo lo publico por mi cuenta. La verdad es que no tengo ninguna prisa.

P: Graduada en Derecho y en Ciencias políticas. ¿Cómo nace esa necesidad de acercarte a la poesía?

R: Empecé a escribir poesía antes de ir a la universidad. Nunca tuve la tentación de estudiar nada con las letras porque me resultaría agobiante. Para mí la poesía es un espacio de libertad y seguridad. Si tuviera que leer libros por obligación me dejaría de gustar. En ningún momento me planteé hacer filología o literatura comparada. Eran ramas de estudios y del mundo laboral que no me llamaban nada en absoluto.

P: Tu conocimiento literario es autodidacta.

R: Fundamentalmente, sí. He hecho algún curso por gusto [sonríe]. El interés literario personal y académico creo que son bastantes diferentes. Los considero intereses y formas de acercarse a la literatura muy distintas. Conocer la obra de otros autores por medio de la comunidad de amigos que te recomiendan libros para mí eso es fundamental en la poesía.

P: Has afirmado en otras ocasiones que  “La poesía exige verdad”. Pessoa decía que El poeta es un fingidor. ¿Por qué la poesía tiene que exigir verdad?

R: No es tan opuesta a mi idea. Quizá alguien que conozca la cita en profundidad lo explique mejor. Cuando digo que la poesía tiene que ser honesta y verdadera no me refiero a que tenga que ser hiperrealista. La poesía es un género de ficción y estoy convencida. Puede tener toque autobiográfico, pero es ficción. Sin embargo, dentro de la ficción hay que ser honestos con las realidades que se crean.

P: Han transcurrido dos años desde la publicación de Hijos de la bonanza. ¿Qué significó ganar el Hiperión?

R: En lo personal fue un cambio absoluto. El premio supuso un espaldarazo muy importante y, desde un punto de vista literario, te da como un estatus —quizá no es la palabra adecuada—, pero sí cambia la forma en que te ve la gente dentro del panorama poético.

P: ¿Es un premio literario un punto de inflexión?

R: Sí, diría que sí es un punto de inflexión. Para mí fue un evento muy importante que cambió mi relación con el mundo literario.

P: ¿Cuáles han sido las mejores vivencias que te ha traído ganar el Hiperión?

R: Han sido muchas y muy variadas. La más bonita fue en un instituto. Hay un programa en el Ministerio en el que llaman a escritores para dar charlas. Había un montón de alumnos y era última hora, sonó el timbre y claro todos hemos pasado por esa situación de querer irnos, ¿no? Al final, un grupo se quedó y estaban interesados por la literatura y la poesía. Incluso hubo un chico que me envió luego algunos de sus textos. Me pareció muy bonito.

P: ¿Cómo afrontaste las opiniones de la crítica literaria sobre Hijos de la bonanza?

R: Lo llevo bastante bien. Por una parte, porque no tiene solución. Si no te ha gustado el libro no pasa nada. La crítica es legítima y no solo la académica. A la gente puede no gustarle el libro, tiene derecho a que no le guste. Con la crítica hay que hacer un ejercicio de relativizar y separarse. Ver de quién viene, si te importa o no. Nunca me tomo la crítica como algo personal. No puedes obsesionarte con lo que han dicho.

P: Hijos de la bonanza es un altavoz a la incertidumbre, a una precariedad que se va alargando en un sistema prácticamente insostenible. ¿Sientes miedo cuando piensas en el futuro?

R: Este libro lo escribí en mi etapa universitaria y el premio me llegó en el último año de carrera. Allí tenía mucho miedo al futuro. Ahora lo tengo, pero no es solo laboral. En ese momento, tenía incertidumbre respecto al mundo laboral que me iba a encontrar. Me llegué a plantear hacer un poco carrera de investigación universitaria y tenía miedo sobre la precariedad en el mundo universitario. Siento y sigo sintiendo incertidumbre habitacional: los precios suben, pisos imposibles. También un miedo a largo plazo compartido, saber que nuestro modelo de vida no es sostenible. Allí hay algo latente con el “qué pasará”.

P: ¿Cómo ha sido tu entrada en el mundo laboral? ¿Ejerces de lo que has estudiado?

R: Sí, yo he tenido mucha suerte. Ahora mismo estoy trabajando y contenta. Aunque hay un problema laboral muy serio en España con el trabajo joven. Muchos en el paro, en economía sumergida, cobrando poco por un sinnúmero de horas. Eso no es sostenible, sobre todo, porque crea una diferencia de clase tremenda.

P: ¿Sigue siendo La heroicidad patria de los jóvenes, como escribes en “Los revolucionarios”?

R: Ese poema es muy irónico. Es por una parte cierto y, por otra parte, una crítica al adanismo de la juventud y a esa idea de “Lo sé todo. Mis padres no tienen ni idea. Nadie más ha tenido nunca esta idea de cómo arreglar los problemas del universo”. Esta postura es peligrosa. Seguramente, menos peligrosa que la contraria que sería el “Todo me da igual. El mundo no me interesa”. Me gusta caricaturizar ambas posturas y es lo que hago en ese poema.

P: En el conglomerado referencial que se despliega en Hijos de la bonanza encontramos a Emilio Pacheco, Irene Gruss, Pizarnik, Daysi Zamora. ¿Qué lecturas de autores latinoamericanos te han influenciado?

R: Buena medida de lo que me ha llegado es por las antologías. Hace poco leí Poemas de la oficina de Benedetti. He leído a los autores del canon. Me marcó Pizarnik, el Benedetti social, Daisy Zamora la leí por una antología de poetas mujeres de Ana Merino y Raquel Lanseros. Me gustó también Claribel Alegría.

P: ¿Esta generación de jóvenes poetas españoles está obsesionada con los premios?

R: Como generación, no. Los premios literarios funcionan como simplificadores de la realidad. Esto tiene una parte positiva y otra negativa. La positiva es que permite dar a conocer autores que de otra manera no tendrían canales de difusión relevantes. Sobre todo, para la crítica en las revistas, por ejemplo. La parte negativa es que hay una tendencia a cerrarse a esa información simplificada. Es decir, si de poesía joven me leo el Adonáis, Loewe e Hiperión es un error creer que ya te has leído el panorama joven.

P: ¿Te habías presentado a otros concursos literarios?

R: Con Memorias del mar me había presentado al Hiperión. Hubiese presentado a más premios Hijos de la bonanza. Tuve la suerte que fue llegar y besar el santo. No caigamos en la invisibilidad de lo que no tiene premio. Los premios no indican que seas mejor o peor poeta.

P: ¿Es válida esa etiqueta de “joven” para referirnos a esta generación de poetas españoles?

R: La etiqueta de poesía “joven” no tiene nada malo. Hay muchas corrientes dentro de ella. La poesía joven es diversa y está muy viva. Reducirla a la idea de la juventud lo consideraría simplista. Esto no nos puede hacer apartar la vista a la diversidad que hay. La poesía más invisible es la de los jóvenes que están empezando.

P: Has sido jurado del Premio Tino Barriuso. ¿Cómo se vive desde dentro?

R: En el caso del Tino se hace una cosa que está bastante bien. Las obras se reparten entre los miembros del jurado. Te asignan un número concreto que son las que lees con mimo y cariño. Seleccionas las que más significativas consideres para pasárselas a todos.

P: ¿Cuántas seleccionaste?

R: No lo recuerdo muy bien… creo que dos o tres. En un proceso tedioso en el que todos los libros merecen una consideración.

P: ¿Es difícil tomar ese tipo de decisiones?

R: Hay muchos libros ganadores en los premios. En este caso, intervienen los miembros y presentan los que más les han gustado, motivos, plaquetas que tienen. Se hace una primera ronda donde la selección se cierra bastante. Este año fue más rápido, la mayoría mencionaron el poemario de María.

P: ¿Hay premios amañados?

R: Supongo que sí. A mí no me consta ninguno. Mi experiencia ha sido muy positiva. Nadie me ha indicado qué tengo que votar, ningún tipo de acuerdos extraños, defensas raras. Somos humanos y en algún premio habrá algo escondido.

Manías, influencias literarias, recomendaciones

P: Manía o manías que tengas al escribir.

R: Reescribo en exceso.

P: Autoras que más te han influido.

R: María Victoria Atencia, Emily Dickinson, Ángela Figuera y Cristina Peri Rossi.

P: Una palabra que ames.

R: Verso.

P: Una que odies.

R: Simple.

P: Una que te dé miedo.

R: Futuro.

P: Completa la frase: “Escribo poesía porque…”

R: Me nace hacerlo.

P: Un verso.

R: No hay milagro más cruel que este.

P: Una obra que te hubiera gustado escribir.

R: Moralidades, de Jaime Gil de Biedma.

P: Un autor o autora con el que te irías a tomar algo.

R: Lucía Litjmaer.

P: Un premio que te gustaría ganar.

R: El Hiperión nuevamente.

P: ¿A quién le darías el Próximo Cervantes?

R: No me veo cualificada para dar un nombre.

P: Alguna recomendación para aquel que lea esta entrevista.

R: Que se pasen por la Feria del Libro más cercana y le den oportunidades a libros que no hayan visto en la prensa, redes y en ningún sitio.

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