Carlos Catena: «Mi próximo poemario se llamará ‘Estar con otro’»

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Carlos Catena | Fuente: Instagram (@carloscatenac)

El poeta Carlos Catena nos desvela el título de su próximo poemario y lo que se encontrará el lector entre sus versos

Tras obtener el XXXIV Premio de Poesía Hiperión con su obra Los días hábiles, el joven poeta Carlos Catena Cózar (Jaén, 1995) nos habla de su próximo poemario. «Ha acabado siendo un libro sobre el Estado, las leyes, las normas que nos rigen excusado en el amor», expresa.

P: ¿Estás trabajando en alguna obra?

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R: Sí, tengo un poemario acabado y una novela en proceso que es la de la beca en la Residencia de Estudiantes.

P: ¿Hay algo que nos puedas contar del poemario?

R: Mi próximo poemario se llamará Estar con otro y mi propósito era hacer un recorrido de todas las formas que tenemos de estar con los demás. Sobre todo, esa tensión que hay entre querer huir y no poder vivir sin ellos. Me interesaba mucho cualquier concepto de comunidad o de grupo. Me gusta pensar que ha acabado siendo un libro sobre el Estado, las leyes, las normas que nos rigen excusado un poco en el amor.

P: ¿Está dividido en capítulos o sigues la línea de Los días hábiles?

R: No, no tiene partes. Aquí al menos pongo títulos, comas y mayúsculas, pero no está dividido por partes.

P: En cuanto al proceso creativo entre Estar con otro y Los días hábiles: ¿has notado diferencias?

R: Sí, ha sido muy distinto. Estar con otro es más un libro en el que tengo la voluntad de pensar sobre algo y llegar a un lugar. A diferencia de Los días hábiles, mi segundo poemario ha sido un trabajo más sesudo y concienzudo. Lo considero un libro más medido y cuidado.

P: ¿A nivel de referencias en Estar con otro te has visto influenciado por algún autor?

R: Diría que sí. Ahora mismo, los autores que más me interesan son Juan Andrés García Román y Erika Martínez. Entonces, supongo que de ellos dos habrá cosas. Me han servido como punto de partida. Dicho esto, no creo que haya una intertextualidad muy clara en el libro. El título lo cojo de Idea Vilariño y la cita que abre también es de ella.

P: Graduado en traducción e interpretación. ¿De dónde viene esa necesidad de apegarse al estudio de las lenguas y su aprendizaje?

R: En realidad, siempre me ha gustado escribir y entender cómo funcionan los idiomas. Estudié traducción por el simple hecho de estudiar una carrera con algo de salida [sonríe]. En ese momento, a los adultos que cuidaban de mí les pareció que era algo con lo que podía ganarme la vida y no se equivocaban. Estuve barajando si estudiar Literatura Comparada, Filología y por una mera cuestión utilitaria acabé haciendo traducción.

P: Con Irene Vallejo hablaba del trabajo de los traductores. ¿Deberíamos de valorar más la figura del traductor en España?

R: Se debería valorar más económicamente, pagar mejor y, sobre todo, mejorar sus condiciones de trabajo. En mi caso, no traduzco literatura. Mi trabajo de traducción es más de informes oficiales de ONG y organismos internacionales. La condiciones laborales siempre se pueden mejorar para los que somos los últimos en la cadena. En el trabajo que estoy haciendo tengo buenas condiciones, pero sé que pueden ser mejores. Actualmente, el Estado tiene un cuerpo de traductores —unos 70-80 tirando por lo alto—, pero cada día se traducen documentos que se subcontratan a multinacionales.

P: ¿Y te gustaría traducir literatura?

R: A mí me gustaría. Eso está todavía peor pagado. No tengo tiempo. Traduzco a la vez que escribo. Mi prioridad es traducir lo menos posible para tener más tiempo para escribir. Lo que más rentable me salga.

P: Has vivido en Alemania, Irlanda, Bélgica, Canadá. ¿Hay algo que recuerdes de aquella época?  

R: Lo que menos me gustaba de vivir fuera era como estar desconectado. No vivir con gente que viviera la literatura igual que yo. Incluso cuando encontraba gente con esos mismo intereses, al ser en otro idioma, ponía cierta distancia entre nosotros y me llevaba a sentirme aislado.

P: Han pasado tres años desde la publicación de Los días Hábiles. ¿Qué ha cambiado en ti desde su publicación?

R: Muchas cosas. Tres años son muchos cuando se tienen tan pocos. Cuando echo la vista atrás me veo muy en pañales personal, literaria y profesionalmente. Ahora, sigo un poco en pañales, pero con más seguridad y tengo claro lo que quiero hacer. Supongo, que le doy más vueltas a las cosas.

P: La obra tuvo muy buena acogida entre los lectores. ¿Has sentido impostura al crear tu próximo libro?  

R: No, impostura no. El libro que he escrito es el que puedo escribir y lo que puedo hacer ahora. Es lo que me interesa, me sale y estoy dispuesto a soportar cuando me releo. Es un libro igual que verdadero que Los días hábiles porque responde a mi “yo” en este momento.

P: En Los días hábiles están presente diversos temas: juventud, reminiscencia familiar, la jornada laboral, la inquietud generacional. ¿Por qué decidiste realizar ese proceso retrospectivo?  

R: Era una cuestión de intentar comprender. A mí me parecía que el trabajo era insoportable e intentaba comprenderlo y compararlo con situaciones peores de mi memoria emocional: el trabajo y sufrimiento de mi abuela. Como no entendía el presente, ni tenía nada que me permitiera imaginar el futuro, empecé la casa por los cimientos: comprender el pasado.

P: ¿Lo escribiste en un año, dos, durante meses?

R: Hay poemas de 2014, 2015. La mayoría de ellos son de 2018. Los escribí entre Alemania e Irlanda. Eran notas que tomaba por la tarde-noche sin pretensión alguna de escribir un libro. Al volver a España hice una revisión. Vi que había un tema y una unidad formal.

P: ¿Cambiarías algo del libro?

R: Muchísimas cosas, pero es normal. Mis gustos e intereses han cambiado. Hay cosas que me puedo replantear de Los días hábiles. Encima los poetas tenemos que andar todo el tiempo releyendo los poemas en los recitales y es una tortura. A veces, me sale instinto de tachar y decir: “Esto fuera”. Al final cuando leo los poemas de Los días hábiles es como si los acabara de anotar y siguieran siendo míos.

P: Te concedieron el Premio Hiperión. ¿Son tan importantes los premios literarios?

R: Son importantes para llegar a la gente y tener lectores. Eso es innegable. Más que problema del panorama editorial diría que es de cómo se distribuyen los espacios en los medios de comunicación, festivales, programación. Para llegar allí son importantes los premios.

P: Ya que nos has desvelado que sacarás tu segundo poemario. ¿Te planteaste presentarlo a algún premio?

R: Tuve un momento así como de duda. Es difícil publicar en la editorial que quieres y en los tiempos correctos. Publicar en general es complicado y son muchas decisiones. Sin embargo, cuando mandas un libro a un concurso es como que la decisión ya está tomada y el libro sale rapidísimo, que esa es otra cosa buena de los concursos. Tuve un momento de duda y de pensarlo, pero no creo que sea un libro que le vaya bien en los concursos. Me apetecía confiar en mi instinto y que sería suficiente para que un editor quisiera publicarlo.

P: Por ejemplo, en otros países europeos se premian obras ya publicadas. ¿Cambiarías algo del sistema de premios literarios en España?

R: Estoy de acuerdo con premiar obras ya publicadas. El problema es que tenemos un sistema de premios que es cómodo para mucha gente. Para el legislador que quiere invertir en cultura y no tiene que tomar un decisión de “¿Qué hago con una partida de 100 mil euros? Vale, montamos un premio. Venga, aquí tienes el dinero y ya estamos invirtiendo en cultura”. Es cómodo para el crítico que no tiene que estar al tanto del panorama joven, leyendo a editoriales pequeñas o yendo a recitales. Simplemente se limita a leer a los premiados. Además, gracias a ello, programa la sesión de poesía joven en su festival y ya cumple.

P: ¿Dónde crees que radica la problemática?

R: Sobre todo, el problema es institucional. Hay premios porque se da dinero para que los haya. No se da dinero para que haya otras cosas que serían más útiles y con mucho mejores resultados. Sobre todo, hablo de los que incluyen dinero público.

P: Hiciste una pequeña introducción a Ida Vitale que abría su acto en La Residencia de Estudiantes. ¿Qué significó para ti ese momento?

R: Que me surgiera esa oportunidad fue muy guay. La obra de Ida Vitale es capital en la poesía contemporánea y el hecho de hablar con ella y estar allí fue satisfactorio.

P: ¿Cómo ha sido tu relación con la literatura latinoamericana?

R: Es más bien tardía. Sí que había leído hace mucho a Idea Vilariño, Piedad Bonnett. Me interesa, por ejemplo, Montalbetti. Reconozco que es una asignatura pendiente. Creo que leo más narrativa latinoamericana que poesía.

P: ¿Considerarías que en España se ignora el panorama joven poético latinoamericano o el impulso de la lectura de autores latinoamericanos?

R: Estoy de acuerdo con que no prestamos la atención que deberíamos. Al final, los autores jóvenes que publicamos estamos atentos a lo que se hace en España por contactos casuales en lugares mediáticos. En ese sentido, el contacto con la gente de España es más fácil. Obviamente esto no sucede con la gente que escribe al otro lado del Atlántico. Dicho eso, podríamos ser más activos e intentar llegar a ellos con interés por nuestra parte. Es muy difícil para un autor latinoamericano llegar a España igual que para un libro español tener lectores en Latinoamérica.

P: ¿Hay alguna vía para facilitar el contacto entre poetas jóvenes españoles y los del otro lado del Atlántico?

R: Debería de haber más programas que facilitaran la convivencia entre los autores latinoamericanos y españoles. De verdad, dejad de invertir en premios [sonríe]. No hacen falta más premios subvencionados con dinero público y empezad a hacer cosas que nos permitan conocer aquello que se escribe en otros sitios. Algo que verdaderamente propicie un intercambio.

Manías, influencias literarias, recomendaciones

P: Manía o manías que tengas al escribir.

R: Copio poemas a mano para corregirlos.

P: Autores que más te han influido.

R: Ahora mismo: Juan Andrés García Román, Erika Martínez e Idea Vilariño.

P: Una palabra que odies.

R: Importante.

P: Una que te dé miedo.

R: Libertad.

P: Un verso.

R: Fuiste un revolucionario precavido – ¿puede un / oxímoron / salvar el mundo?

P: Una obra que te hubiera gustado escribir.

R: Tengo miedo torero, de Lemebel.

P: Un autor o autora con el que te irías a tomar algo.

R: Pedro Lemebel.

P: Un premio que te gustaría ganar.

R: El Nacional de Poesía.

P: ¿A quién le darías el Próximo Cervantes?

R: A Mario Montalbetti.

P: Alguna recomendación para aquel que lea esta entrevista.

R: Que se haga con La bestia ideal, de Erika Martínez y que lea más poesía latinoamericana joven.

 

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