El grito silenciado III: Largo Caballero (Parte III)

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Al frente de la guerra

Una vez ganadas las elecciones del 36 y estallado el consecuente golpe de Estado militar fallado, se consagró el conflicto que conocemos como la Guerra Civil. Si bien muchos de los detractores de Largo Caballero lo toman como el culpable de la desestabilización del estado republicano durante la guerra y su supuesta «radicalización», el informe técnico detallado y firmado por más de 250 historiadores, que ya hemos mencionado en el resto de entregas, rechaza de forma categórica esta desinformación de la ultraderecha española.

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La cúpula catedrática y la historiografía especializada concuerdan en que fue, de hecho, al revés. Tras la caída de José Giral como líder del gobierno, a raíz de los continuos enfrentamientos entre los diferentes grupos que formaban lo formaban, Largo Caballero se convirtió en el primer obrero en ocupar el puesto de jefe de gobierno en España. Durante gran parte del año que duró su mandato, Largo Caballero consiguió recuperar cierta estabilidad dentro del mando republicano tras contar con un gobierno con verdadera representación obrera. Asimismo, regularizó el sistema de las milicias, integrándolas en el ejército y eliminando su condición de «voluntarias». De esta forma, evitaría los conflictos descontrolados que ya habían sucedido en los primeros meses de la guerra en el mandato de su predecesor.

Largo Caballero en el Frente de Madrid en 1936

En base al sobrenombre de Largo Caballero, a saber, «el Lenin español», personas como Jiménez Losantos o dirigentes de Vox han afirmado, sin prueba alguna, que fue Largo Caballero quien dejó caer al estado republicano en manos de los soviéticos. No obstante, fue precisamente la decisión de Largo Caballero de mantener la disciplina en los mandos y el ejército lo que, eventualmente, provocarían su caída. Sus reticencias con los postulados del PCE y las presiones de los asesores soviéticos se ganaron el descontento de la URSS y, puntualmente, tras negarse a ilegalizar al Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), de carácter antiestalinista, terminaría por sentenciar su caída.

El exilio y el campo de Sachsenhausen

En 1939, Largo Caballero abandonó España junto a aquella diáspora de más de medio millón de personas que huía de la guerra y el fascismo. El dirigente socialista se instalaría en Francia y, pese a que se le trató de convencer de cruzar hasta América, Largo Caballero se negaría, incapaz de abandonar a dos hijos en manos del enemigo y a su España natal. Esta decisión fatal significaría el principio del fin de Largo Caballero.

Campo de concentración se Sachsenhausen

El 1940, empezada la II Guerra Mundial, las tropas alemanas tomarían París y se instauraría un régimen colaboracionista con Berlín en manos de Philippe Pétain. Largo Caballero trataría de escapar, pero sería atrapado por la policía francesa y arrestado. El régimen franquista pediría su extradición, pero los esfuerzos de la resistencia republicana en México terminarían por conseguir que el tribunal francés, sin pruebas evidentes por parte la alegación franquista, que se denegase. Entre 1940 y 1943, Largo Caballero fue trasladado de una prisión a otra hasta que la Gestapo decidiera ocuparse de él. Primero sería interrogado por las SS en París, y más tarde lo trasladarían a Berlín para continuar los interrogatorios hasta que fuese integrado en el campo de concentración de Sachsenhausen. Según el bibliógrafo Julio Aróstegui: «Dada la edad del prisionero, se le tuvo confinado en la enfermería del campo; esto le ahorró algunos sufrimientos adicionales, pero no mejoró su alimentación ni le libró de presenciar los horrores habituales, según él mismo relataría después».

En 1945, el Ejército Rojo liberaría el campo y, por consiguiente, al recluso en cuestión. Una vez libre, Largo Caballero utilizaría sus últimos momentos para debatir la cuestión republicana. Sería testigo, junto a otros dirigentes, del abandono europeo a la cuestión española una vez terminada la II Guerra Mundial. A principios de 1946, la edad y las consecuencias de su estancia en el campo de concentración provocaron que su salud mermase drásticamente y, llegado el 23 de Marzo, que «el proletariado español perdiera al obrero más representativo de su clase».

El proletariado español perdiera al obrero más representativo de su clase.

Rodolfo Llopis a la muerte de Francisco Largo Caballero.

Sus restos fueron trasladados a París, a cuyo entierro acudieron más de 20000 personas para rendir culto al obrero caído. La democracia a España permitió, por suerte para todos, que los restos de este dirigente legítimo de nuestro país volviese a pisar la tierra que lo vio nacer, vivir y llorar.

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