John Lennon: 40 años del asesinato de un icono

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Se cumplen 40 años desde que Mark Chapman disparó cinco veces a John Lennon

El 8 de diciembre de 1980 John Lennon resultaba herido de muerte tras recibir 5 disparos en la entrada de su residencia de Manhattan. A las 11:15 p.m. fue declarado muerto después de haber perdido el 80% de su volumen sanguíneo. Mark David Chapman, el perpetrador del crimen, esperó a ser arrestado en el lugar de los acontecimientos.

John Winston Lennon fue, indiscutiblemente, uno de los mayores genios musicales del siglo pasado. Su influencia, tanto en la música como en todo el ámbito cultural, sigue siendo perfectamente tangible a día de hoy. El liverpuliano fue símbolo de la paz en el marco de un siglo XX aún enloquecido por el ímpetu belicoso propio del neoimperialismo. Dicho fanatismo significó la muerte de cientos de miles durante las décadas de los sesenta y los setenta. Lennon, con un discurso sólido, lleno de valentía e inteligencia (que no siempre van de la mano), fue el sucesor simbólico de otras grandes figuras previamente asesinadas como pudieron ser Gandhi o Martin Luther King.

Su empeño por la paz no vino dado solo por himnos como Imagine (1971) o Give Peace A Chance (1975); el artista también se sirvió de elementos factuales. Un ejemplo sería la famosa performance “encamada por la paz” junto a Yoko Ono, su esposa. También se enfrentó al sistema de un modo más grave cuando las autoridades norteamericanas, bajo el mandato de Richard Nixon, lucharon por deportarle bajo el pretexto de un lejano delito por posesión de cannabis. Cuatro años tuvieron que pasar hasta que Lennon ganó el caso. Gracias a su victoria “patentó” el ya legendario símbolo de la V con los dedos índice y corazón.

Crónica de un asesinato

La mañana del 8 de diciembre de 1980 fue ajetreada para el matrimonio Lennon-Ono. Primero posaron para la revista Rolling Stone y después Lennon dio una entrevista para un programa musical de la radio. A las cinco de la tarde, John y Yoko abandonaron su casa del edificio Dakota para dirigirse a los estudios neoyorquinos de Record Plant, donde grabarían Walking on Thin Ice, una canción de Yoko Ono con su marido a la guitarra. En el breve camino que separaba la puerta del edificio de la limusina, un grupo de fans se dirigió a ellos en busca de autógrafos. En ese momento Lennon firmaría su último disco al que sería su ejecutor.

A las 10:50 p.m. la pareja estaba de vuelta. Es conocido el tierno detalle que tuvo John al querer llegar antes de las 11 a su casa para darle un beso de buenas noches a su hijo, Sean, antes de que este se durmiese. Cuando se bajaron de la limusina, Mark Chapman les estaba esperando con un revólver 38 cargado con balas huecas, que son especialmente mortíferas. Al pasar Lennon por delante de él, Chapman disparó cinco veces su arma contra el músico. El primero de los tiros falló, pero dos acertaron en la parte izquierda de su espalda y los otros dos en su hombro izquierdo. Una de las balas penetró su arteria aorta. John Lennon, consumido, dio unos pasos y se desplomó sobre el suelo del vestíbulo. Yoko fue corriendo a atender a su pareja mientras el conserje llamaba a la policía. Sin tiempo para esperar a la llegada de la ambulancia, fue el mismo coche patrulla el que llevó a Lennon, seminconsciente, al St. Luke’s-Roosevelt Hospital, donde sería declarado muerto a las 11:15 p.m., 20 minutos después de llegar a la sala de emergencias.

Mientras tanto, Mark Chapman se había quedado tranquilo esperando a que llegase la policía. Con el revólver en el suelo, a varios metros de él, y descubriéndose para demostrar que no llevaba más armas, lo único que portaba en la mano cuando fue arrestado era un ejemplar de la conocida novela El guardián entre el centeno (1951), de J. D. Salinger. En este libro, Mark había escrito: “Para Holden Caulfield. De Holden Caulfield. Esta es mi declaración”.

Mark David Chapman: el perfil de un obseso

El siniestro personaje que asesinó a la leyenda del pop ha terminado por conseguir algo similar a lo que parecía buscar. «Fue por gloria personal», afirmó este mismo 2020 durante la audiencia para su petición de libertad condicional. Según explicó, no mató al cantante por nada relacionado con el odio hacia su persona o hacia lo que representaba. De hecho, John Lennon y los Beatles siempre estuvieron entre sus grandes obsesiones. «Era extremadamente famoso. No lo maté por su personalidad o la clase de hombre que era. Era un hombre de familia. Era un icono. Era alguien que hablaba de cosas de las que ahora podemos hablar y eso es excelente. Lo asesiné porque era muy, muy, muy famoso y esa es la única razón. Yo estaba muy, muy, muy concentrado en buscar la gloria personal. Fue muy egoísta», continuó explicando durante la audiencia en un tono de notable arrepentimiento.


      Mark Chapman con 25 años en su primera fotografía de la ficha policial | Fuente: El País
 

Mark David Chapman nació en el 1955 en Texas. Se crio en un ambiente poco estable puesto que su padre, un ex militar, abusaba físicamente de su madre y de él. Con 14 y 15 años, Mark ya hacía uso de todo tipo de drogas para evadirse de sus problemas; marihuana, cocaína, heroína… A los 16 dejó estas sustancias para convertirse al cristianismo. Cambió radicalmente sus hábitos de vida y comenzó a trabajar en campamentos cristianos para niños. Todos sus allegados siempre le describieron como una persona aplicada y popular entre los niños. Poco después de graduarse del instituto leyó El guardián entre el centeno, un libro con el que se obsesionaría hasta tal punto de querer imitar en todo lo posible a Holden Caulfield, su protagonista. Se matriculó en la Universidad Covenant, pero pronto abandonó sus estudios. Poco después su novia rompió con él. Tras probar en diferentes puestos de trabajo, y no encontrar ninguna motivación, intentó suicidarse con monóxido de carbono en 1977. Cuando el hospital en el que le internaron por depresión le dio el alta, trabajó para ellos a tiempo parcial. Su función ahí era tocar la guitarra y dar apoyo al resto de internos.

En 1978 se casó con Gloria Abe, su agente de viajes. Con el tiempo fue ganando un puesto fijo en el hospital, pero después de ser despedido y readmitido, una fuerte discusión con una enfermera le obligó a dimitir. Encontró trabajo como guardia de seguridad por las noches y, aparte, se dio a la bebida como consecuencia de sus problemas de depresión.

En 1980 ya había manifestado su intención de asesinar a alguien muy famoso. Terminó por escoger a John Lennon de entre el resto de sus opciones, así que en noviembre del 80 voló desde Hawái hasta Nueva York para llevar a cabo el crimen. Sin embargo, después de ver en el cine Gente Corriente (1980), se dio cuenta de que era una idea estúpida, por lo que decidió desistir y volver a Hawái junto a su mujer.  

En diciembre del mismo año volvía a estar obsesionado con el asesinato de John Lennon. Llegó a Nueva York a principios de mes y estuvo tanteando el terreno durante unos días. Se compró un ejemplar de El guardián entre el centeno, a cuyo protagonista (y al Diablo) echó la culpa del asesinato en unas declaraciones. El 7 de diciembre contrató a una prostituta para que pasase la noche con él, y por la mañana se fue al Dakota para “ganar gloria eterna”.

Mark Chapman recibió por condena una pena de veinte años de prisión a cadena perpetua. Este 2020 ha realizado su undécima petición de libertad condicional, que ha vuelto a ser denegada. Con un estremecedor cinismo, el asesino ha reconocido durante todos estos años que ha elegido mal camino para alcanzar la fama, y que se arrepiente de haberle arrebatado la vida a John Lennon.

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