‘Sombra y hueso’, la nueva fantasía de Netflix

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A veces, un espectáculo visual está a un botón de distancia

Netflix vuelve a apostar por una saga fantástica y añade en su catálogo Sombra y hueso. Ocho capítulos llenos de emoción y aventuras que adaptan las famosas novelas escritas por Leigh Bardugo.

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El pasado viernes, 23 de abril, Netflix por fin dio a los seguidores del Grishaverse la adaptación que tanto tiempo llevaban esperando. El primer libro, bajo el mismo nombre que la serie, fue publicado en 2012 dando inicio al Grishaverse. En este universo, inventado por Leigh Bardugo, es el lugar en el que ocurren sus libros. Además de las dos novelas que conforman la trilogía de Sombra y hueso, se le añaden dos bilogías. Una de ellas con un primer libro llamado Seis de cuervos (2015). En España todos sus libros se pueden disfrutar de la mano de la editorial Hidra.

La historia base, tanto en la novela como en la adaptación, es la misma. En una tierra formada por varios reinos La Sombra divide en dos una parte de ella. Habitada por criaturas monstruosas, sobrevivir en ella es un milagro. Sin embargo, todo cambiará cuando Alina Starkov se una a una tripulación para cruzarla. Una historia llena de magia, intrigas palaciegas, ambición, poder, amor y amistad.

Leigh Bardugo en una firma de libros | Fuente: Amazon

Sombra y hueso adapta tanto el primer libro de la trilogía como introduce personajes de la bilogía Seis de cuervos, creando un crossover en la pantalla. Ahora bien, ¿hace falta leerse los libros antes de ver la adaptación? Pues, como siempre suele ocurrir en estas situaciones, cada persona es un mundo. Personalmente yo soy de aquellas que no les importa (a veces incluso lo prefiero) ver una adaptación antes de devorar el libro. En este caso decidí leerme solo el primer volumen, Sombra y hueso, antes de introducirme en la serie. ¿El resultado? Una experiencia fascinante.

No obstante, antes de seguir, si la opción es meterte de lleno en la serie viene bien saber unos conceptos para no perderse en el nuevo mundo y que puedes encontrar aquí.

La chispa que marca la diferencia

La serie se arriesga. Si bien las trilogías y bilogías se desarrollan en el mismo universo, la idea de juntar y crear tramas para crear un híbrido en el que personajes tengan un contacto que en los libros, por lo que he investigado, no tienen, podría haber acabado en desastre. Sin embargo, el resultado es una adaptación que va más allá de la novela. No es que sea mejor, si no que la potencia. Lo sencillo que la caracteriza se expande a un ritmo frenético lleno de tramas, argumentos y momentos impactantes. Así pues, como adaptación la serie es pura satisfacción, un homenaje a sus seguidores y un aliciente para introducirse en todas las novelas del Grishaverse, ya que al terminar solo podrás pensar: «necesito más«.

Ben Barnes como el general Kirigan en una escena de la serie | Fuente: narniaweb

Ahora bien, ¿qué ocurre si eliminamos el concepto de adaptación? Los espectadores que no quieran meterse en el mundo de la literatura y solo busquen lo visual se podrían preguntar si la serie merece la pena como producto independiente. ¿Merece la pena el Louvre como museo? Pues la respuesta al valor cómo serie para Sombra y hueso es la misma.

Hay un adjetivo que sirve tanto para el género de la serie, como para la valoración que se le podría dar: fantasía. Eso es la serie, una fantasía de principio a fin. Como se puede ver en la sinopsis al principio de la reseña, la novela parte de un concepto muy recurrente en el boom que hubo en la época en la que fue publicada. Pero al, igual que en el libro, Leigh Bardugo, que también trabaja en a la serie, y el resto del equipo, nos introduce en un ámbito familiar, pero con un toque original donde reside esa pincelada que la hace tan especial. Aprovechan la historia y la convierten en un producto emocionante a la vez que excitante.

Una dinámica arrolladora

La valentía de arriesgarse a mezclar personajes del mismo universo en una red de argumentos y tramas que se van cruzando y separando unas de otras les ha hecho un favor. Gracias a esa decisión la serie no para. No hay un momento en el que no pase algo. En los ocho capítulos no hay segundo donde no haya movimiento, va pasando de un arco a otro, pero con el tiempo justo para detenerse y centrarse en los importantes.

Esta dinámica rápida y coral, ya que son varios personajes los que tienen que llegar a un punto común en la historia, podría ser contraproducente en tan solo ocho capítulos. La historia personal de cada uno de ellos, su trasfondo, sus taras, sus habilidades, características, etc. podrían hacerlos planos, sin alma, si no se profundizan lo suficiente. Sin embargo, la serie aprovecha cada momento que tiene. Enfoca la atención a los pequeños detalles y muestra una construcción personal de cada uno a través de destellos del pasado, comentarios y demás recursos. Cada relación, cada interacción, cada sentimiento… todo está tan bien reflejado de una manera natural gracias también en parte al reparto que hace que la serie vaya a ser el éxito que se merece.

El reparto principal de la serie en una sesión fotográfica | Fuente: seriesonday

Entre los actores y actrices que dan vida a los habitantes del Grishaverse nos encontramos al irresistible Ben Barnes (El retrato de Dorian Grey, Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian) en el papel del enigmático, misterioso y sensual general Kirigan. A este se le unen rostros menos conocidos como es el de Jessie Mei Li (Last Night in Soho) que da vida a la protagonista, Alina Starkov, o Freddy Carter (A rienda suelta, Wonder Woman) como el inteligente Kaz, entre otros.

Cuando Tólstoi se dedicó a la fantasía

Al reparto, la forma de contar la historia y a la ejecución de la misma se le añade un elemento vital: la ambientación. Si en la novela esa chispa que hacía el libro especial era la pluma de Leigh Berdugo, en el caso de la adaptación este premio se reparte entre la osadía de combinar los personajes y la ambientación. Netflix puede hacer muchas cosas mal (Anne With an E saluda desde su cancelación), pero es cierto que la calidad visual nunca ha sido una de ellas. En este caso se plasma una Rusia tolstoiana combinada con un toque oriental dependiendo en el reino en el que suceda la acción. El vestuario, el maquillaje, los efectos especiales, el conjunto de colores fuertes, vivos e intensos, todo hipnotiza desde el primer momento en un mundo donde Anna Karenina pasaría desapercibida.

Así, la primera temporada de Sombra y hueso es un cóctel apoteósico. Una sucesión de acontecimientos que, como mínimo entretienen, y pueden llegar a apasionar. Una serie que parte de un cliché para convertirse en un producto sorprendentemente difícil de olvidar.

Fuente de la imagen destacada: Amazon

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