‘Jóvenes altezas’ , la serie más real de la juventud

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Wilhelm (Edvin Ryding) y Simon (Omar Rudberg) en Jóvenes altezas de Netflix.
Wilhelm (Edvin Ryding) y Simon (Omar Rudberg) en Jóvenes altezas de Netflix.

La alta sociedad y los problemas adolescentes se fusionan con autenticidad convirtiendo Jóvenes altezas en obligación para este verano

La serie sueca original de Netflix, Jóvenes altezas juega majestuosamente con el doble sentido de la palabra «real». Ambientada en un internado y comparada por muchos con la española Élite, se desmarca de lo que hasta ahora conocíamos como serie juvenil. Sin obviar que, efectivamente, Netflix ha aprovechado el éxito tanto de Élite como de The Crown para crear unos episodios con los que la juventud se pueda sentir identificada.

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En Jóvenes altezas se produce una abrumadora ruptura con lo normativo y un enfrentamiento de manera impecable de la dualidad realeza/realidad o, lo que puede ser lo mismo, apariencia/realidad. Uno de sus rasgos diferenciadores, por tanto, es la sensibilidad con la que trata temas importantes a los que se les da oportuna y necesaria visibilidad. Entre ellos, la belleza no normativa, la homosexualidad, las enfermedades psicológicas o las diferencias de clase social.

Jóvenes altezas, desde su estreno el 1 de julio de 2021, se mantiene en el top10 de series más vistas de Netflix (España). Con una potente banda sonora y protagonizados por Edvin Ryding y Omar Rudberg, los seis episodios de esta primera temporada desarrollan un amor difícil entre un noble (Wilhelm) y un plebeyo (Simon) cuando el primero se convierte repentinamente en el sucesor de la corona de Suecia.

Hacer una maratón de esta serie conlleva reflexionar sobre todo lo anteriormente pincelado. Además, nos recuerda que proteger la realeza, o cualquier cosa más grande que nosotros, significa, a veces, olvidarse de uno mismo y negarse su esencia. La soledad se ceba con los que, aparentemente, más acompañados están y esto lo vemos con ese futuro rey de Suecia y sus amistades.

Empatizamos con un príncipe que no puede decidir sobre su vida, que la vive angustiado y que, quizá, desearía no tener esa posición. A pesar de que su madre le repita en varias ocasiones «ser principe no es un castigo, sino un privilegio», él no lo cree así porque no es libre para sentir. Es crucial mantener las apariencias pero ya sabemos que las apariencias engañan, y por eso esta no es la típica serie, aunque lo parezca. Ojalá sirva para que nunca más un amor tan real como este sea imposible.

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