Bosé mata a Miguel

La segunda parte de la entrevista a Miguel Bosé no deja indiferente a nadie

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Miguel contra Bosé

Hace poco más de una semana asistimos a la primera parte de la entrevista de Jordi Évole a Miguel Bosé. En ella, fue el propio cantante el que se encargó de sacar a relucir aquella disputa que viene anunciando desde hace años: Miguel contra Bosé. El primer contendiente es íntimo y prudente, el segundo, extravagante e impulsivo. El primero es la persona privada y el segundo es el personaje público.

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Lo de Évole, el exitoso programa de entrevistas del famoso periodista y presentador, ha sabido nutrirse de las palabras del invitado. La primera parte consistió, entonces, en una charla amistosa con Miguel. Hablaron acerca de las antiguas adicciones del artista, de su desaparición mediática, sus cambios en la voz… En la segunda entrega, como ya adelantaban los teasers, Jordi ha invocado —aunque con mucha amabilidad— al Bosé que ha estado en boca de todos desde que se autoproclamó públicamente como negacionista (sea lo que sea eso).

Este domingo hemos visto al Miguel Bosé del morbo, que es el que realmente nos interesa. “Miguel siempre gana a Bosé”, dijo el cantante en la primera entrega de la entrevista. Sin embargo, en esta segunda parte ha quedado claro que Bosé ha terminado de matar a Miguel. El álter ego ha firmado la sentencia de muerte de la persona. Twitter ha sido el encargado de la ejecución.

La entrevista

Gestos perturbadores, risas agudas, miradas de búho, momentos de sutil tensión y un largo etcétera de elementos del lenguaje no verbal han sido los coprotagonistas de una entrevista muy interesante (o entretenida). El otro protagonista, por supuesto, ha sido el lenguaje propiamente verbal, que tampoco ha tenido desperdicio.

Desde el principio de la entrevista Jordi da a entender que no quiere hablar sobre las ideas que han llevado a Bosé al “ostracismo”, sino que prefiere hablar del propio “ostracismo”. No obstante, las ganas del entrevistador de averiguar lo que pasa por cabeza de Bosé convierten la conversación en un constante “ni para ti ni para mí”.

Cronológicamente: Bosé se jacta de ser negacionista, alardea de estar muy bien informado, se queja de que le hicieron bullying mediático y afirma que nunca habría llegado a nada se haberse preocupado por el “qué dirán”.

Después, Évole introduce en la conversación la estrecha relación que mantuvo el cantante con el PSOE. Bosé se defiende con una inteligente tesis que mantendrá hasta el final de la conversación, a saber: “No me arrepiento, sería de necios. ¿Volvería a hacerlo con la información que tengo hoy? ¡Jamás!”, decía haciendo referencia a su participación en las campañas políticas del PSOE posteriores a Felipe González.

“No hay personas que estén a la altura de llevar una democracia”. Con estas palabras manifestaba Miguel Bosé su enorme desencanto para con la clase política, pues, en su opinión, ya nadie es capaz de preocuparse por el ciudadano. De esto, y de otras muchas cosas culpa al denominado Foro de Davos (Foro Económico Mundial) ya que sus miembros son, según Bosé, soberbios y arrogantes que se creen los dueños del mundo por tener mucho dinero. “Van a caer todos uno detrás de otro. Políticos, médicos, farmacéuticos, cómplices… {…} Vamos a vivir un segundo juicio de Núremberg, tan espectacular —que ya está en marcha—, que se van a cagar”. Con estas inquietantes palabras el invitado introducía algo que no llegaría a desarrollar.

Oscilando entre la megalomanía y el aura de un adelantado a su tiempo, Bosé afirmaba categóricamente estar en posesión de la verdad gracias a su buena costumbre de no conformarse con la información ofrecida. Ante el asombro de Jordi por la soberbia de sus palabras, él repetía que sus fuentes no eran extraoficiales, pero que se molestaba en contrastar informaciones.

¿Dónde está el virus?” “¡A mí me molesta el sistema entero!”. Estas fueron algunas de las frases que el cantante pronunció con más ímpetu. Para contrarrestar dicha vehemencia, Évole apeló con tranquilidad a un vídeo de Miguel en el que, haciendo referencia al sida, decía: “Yo estoy aquí porque busco venganza. Y esa venganza se llama vacuna”. Bosé, consciente de lo divertido de la contradicción, se refugiaría de nuevo en la tesis ya enunciada. También afirmó que él, evidentemente, está a favor de la cura, pero que las vacunas no son más que herramientas creadas por esas esferas del poder ya mencionadas.

Poco después, Jordi Évole le califica de conspiracionista y saca a relucir unas palabras de Karen Douglas, profesora de Piscología Social en la Universidad de Kent y experta en las teorías conspirativas desde el punto de vista psicológico. Dice: “En una época de gran confusión —como esta—, la gente quiere respuestas, y se siente atraída por las conspiraciones porque prometen satisfacer ciertas motivaciones psicológicas, dominar los hechos, tener autonomía sobre el bienestar propio y una sensación de control que, finalmente, te hace sentir el poder de tener cierta información que el resto de gente no tiene”.

Claro que tampoco hacía falta que una experta dijese que las teorías conspirativas sirven para dar respuestas fáciles a situaciones complejas. Es evidente que en estos casos se da una curiosa mezcla entre la imposibilidad de convivir con el desconocimiento, la apatía hacia las respuestas que requieren una serie de conocimientos previos y la tentadora vanidad de auto concebirse como aquel que, frente a una sociedad de analfabetos, conoce y entiende la Verdad. La Razón. Está claro que en estos casos lo más importante es no sentirse vulgar, y la mejor forma de lograrlo, evidentemente, es asumir que la gente no tiene ni idea de nada. Mientras que nosotros sí. Por supuesto.

Al acercarse el fin del programa, Jordi utiliza un método eficaz para lograr su objetivo. Es palpable que lo único que de verdad ha molestado a Évole ha sido la arrogancia con la que su amigo ha asegurado, pese a no ser científico, estar bendecido por un “privilegio epistémico” que le acredita a autoproclamarse líder de opinión fiable. Por ello, el objetivo de Évole, que se ha ido configurando a lo largo de la entrevista, es bajarle de esa nube.

Amaga con llamar a un científico para contrastar informaciones. Bosé, algo atorado, dice no poder debatir sobre ciencia con un científico porque aquel juega en casa. “Yo no soy un profesional. Yo hablo con la ciudadanía. No voy a hablar con un científico, ya sea oficialista o alternativo, porque no tengo conocimientos suficientes”. Jordi, satisfecho, puede dar (y da) la entrevista por concluida.

La reacción

No obstante, es probable que el espectador no quede igual de satisfecho que el presentador. Entre todas las cosas que se le habrán pasado por la cabeza en el devenir de la conversación, quizás destaque una muy concreta.

Quizás, sería esta: Pues, aunque ha dado alguna pincelada, Miguel Bosé no ha llegado a explicar detenidamente por qué defiende lo que defiende. El vaivén de “no vamos a hablar de ello, sí vamos a hablar de ello” ha provocado que se pasen más tiempo discutiendo sobre si van a hablar de ello que discutiendo sobre la cuestión en sí. Las ganas de hacer sentir cómodo a Bosé por parte Évole tampoco han ayudado a generar debate. No lo creo, pero a lo mejor Bosé tiene algo de razón en lo que dice. O no, y escuchando su versión me reafirmo en lo que creo. Sea como sea, me quedaré sin saberlo. Y eso que han tenido casi dos horas en prime time para decir algo interesante.

De todas maneras, el personaje mediático está servido.

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